Por: Ricardo KirschbaumLos gobernadores quieren volver a tener voz en el poder y en el partido, mientras Scioli ha dado un salto sin red y teme estrellarse contra la rebelión en el PJ. La presión sindical ha comenzado. La oposición también hace su parte y quiere alguna cuota de poder después del domingo. Todos opinan en público sobre lo que Cristina debe hacer. Todos menos uno: Néstor Kirchner.
Su alejamiento de la conducción del PJ ha sido táctico. Trató de evitar así quedarse en un lugar en el que su cabeza podía rodar pronto. Lo dejó a Scioli cubriéndole las espaldas y pidiéndole, otra vez, ir al sacrificio en su nombre. Y el gobernador ha ido al degüello, paradójicamente, para tratar de supervivir en los tiempos más difíciles que ha enfrentado desde que se dedica a la política. Kirchner tiene poco tiempo para rearmar su espacio. No lo hizo en su momento de gloria: prefirió al PJ. Tampoco lo hará ahora. No puede rearmar la "transversalidad": sus antiguos aliados han jugado sus propias cartas con suerte diferente. Por eso, Kirchner necesita producir algo que reordene naturalmente a las fuerzas, dar un golpe que divida de nuevo la política. Por ejemplo la nacionalización de empresas privatizadas: ¿Teléfonos? ¿Gas? En Olivos, hay una calma engañosa que puede ser el prólogo de tormenta.

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