En un operativo de control de rutas, la Policía detectó dos automóviles que transportaban marihuana desde Corrientes hasta Rosario. El procedimiento se realizó en marzo del año pasado, en San Jaime de la Frontera.
En la apertura del debate dieron testimonio siete personas, entre los policías y civiles que participaron del operativo de control de rutas y personas en el que fueron detenidos Ángel Britos, Carmen Contrera, Fabio Morínigo Escurra y Rumilda Encina Lescano, que también prestaron declaración indagatoria, e inclusive el primero de ellos se careó dos veces con efectivos entrerrianos.
El 4 de marzo del año pasado la Policía de Entre Ríos montó un operativo de control de vehículos y personas sobre la Ruta Nacional 127, en San Jaime de la Frontera. Eran las 23.15 cuando llegaron un Volkswagen Polo y un Peugeot 405. Ángel Britos y Carmen Contrera, con tres de sus hijos, iban a bordo del primero; Fabio Morínigo Escurra y Runilda Encina Lescano, ambos de nacionalidad paraguaya, con el hijo de la mujer, viajaban en el segundo.
Tras revisar los documentos personales y de los automóviles, un can detector de narcóticos caminó alrededor de los autos y luego otro. Morínigo Escurra se inquietó, preguntó para qué eran los perros y se derrumbó con la respuesta. “Lo que buscan está en el baúl”, habría dicho sin más.
En el Volkswagen Polo se encontraron 114 paquetes tipo ladrillos, envueltos en cinta de embalar, escondidos en el compartimiento de la rueda de auxilio y cubiertos con una alfombra; en el Peugeot 405 había otros 120 paquetes alrededor del tubo de GNC, en el baúl, y 9 más debajo de un asiento. En total llevaban 204 kilogramos de marihuana. Revisando un poco más, a Britos le encontraron un croquis de rutas, kilómetros y lugares para ayudar al GPS que llevaba conectado adelante.
Los paquetes eran todos iguales, algunos tenían una cruz pintada en color rojo, e inclusive eran similares a otros incautados en diciembre de 2011, en un operativo similar, en el que cayeron tres hombres y una mujer con 280 kilos de marihuana.
Discusiones
En la primera jornada del juicio, hubo varios puntos que generaron discusiones en la sala, especialmente a partir de las refutaciones que el propio Britos hizo al testimonio de los efectivos policiales.
Según los policías, el Volkswagen Polo iba marcando el camino, delante del Peugeot 405. En el acta dejaron constancia de que ambos conductores dijeron haber dicho que venían de Corrientes y se dirigían a Rosario, e inclusive uno de ellos, ante el tribunal, hizo notar que ese no era el trayecto habitual para volver a su domicilio en Bernal, provincia de Buenos Aires.
Luciano Fernández, el policía que estaba a cargo del operativo, protagonizó un careo con Britos y refutó los dichos del imputado, especialmente respecto de si el Volkswagen Polo había sido interceptado, liberado después de que no se constataran irregularidades y vuelto a detener unos minutos después, una vez que se detectó la droga en el Peugeot 405 que conducía Morínigo Escurra. El policía negó haberle dado la autorización para continuar y lo justificó: los conductores no tenían tarjeta verde que los acreditara como titulares del vehículo que conducían y presentaron un formulario hecho por escribano, con numeración correlativa, que daba cuenta de que la transferencia estaba en trámite. “Yo no puedo autorizarlo a continuar antes de chequear esa situación”, explicó.
Otro de los puntos sobre el que Britos planteó dudas fue el momento en que se requisó el vehículo, después que el perro marcara la presencia de estupefacientes. El hombre dijo que el guía de can, Rafael Peralta, le hizo abrir el baúl, quitó los bolsos, levantó la alfombra y extrajo varios ladrillos al grito de “acá están, acá están”, para luego ordenar que esposaran a los cuatro mayores, aunque más tarde volvió a colocarlos hasta que llegaran los testigos civiles. Peralta lo escuchó extrañado, sin dejar de mirarlo a los ojos, y negó enfáticamente al imputado. Fue un segundo revés para Britos.
Coartadas
Los cuatro imputados prestaron declaración indagatoria en la primera audiencia del debate. Las mujeres dijeron desconocer que se transportara droga en los vehículos. “Si lo hubiera sabido, no iba a llevar a mis hijas”, dijo Carmen Contrera. “Yo nunca había salido de Quilmes, era la primera vez, y si hubiera sabido lo que iba a hacer él (por Britos), no hubiera salido”, acotó. Rumilda Encina Lescano repitió el mismo argumento: “Yo no iba a arriesgar a mi hijo para transportar eso”, afirmó.
Por su parte, Fabio Morínigo Escurra ensayó una defensa explicando que era la primera vez que podía salir de vacaciones con su familia y que estando en Itatí, Corrientes, una persona (que no identificó) le pidió que transportara elementos electrónicos, para lo cual prestó el auto a fin de que cargaran los artículos que debía trasladar.
Más extensa fue la declaración de Ángel Britos. El hombre dijo que conocía a Morínigo Escurra porque ambos trabajaban como choferes en una empresa de remises en Quilmes. Según dijo, lo encontró volviendo de Corrientes, con el auto roto, a la vera de la ruta, así que lo ayudó a reparar el Peugeot 405 y convinieron en volver juntos, por si persistía el problema mecánico. Dijo que el automóvil fue requisado sin la presencia de testigos civiles, que los policías encendieron el vehículo para apartarlo de la ruta y que fue él mismo quien abrió el baúl, por pedido del guía de can. Curiosamente no habló de la droga. Y todos sus dichos fueron desmentidos por los policías.
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