Pablo Bruselario es acusado de abusar sexualmente de tres familiares entre 1992 y 2004, cuando tenían entre 5 y 14 años. En la causa surgen casi 90 violaciones, ocurridas en Diamante
Las principales pruebas de la causa son las declaraciones testimoniales de las víctimas, quienes relataron los años, lugares y formas en que su tío las violaba. Las pericias psicológicas ratificaron la veracidad de sus denuncias, así como las graves secuelas que padecen como consecuencia de los violentos ataques sexuales.
Además, hubo vecinos de los lugares donde se cometían los hechos quienes declararon que veían pasar al acusado en el auto con una o dos de las sobrinas. Los padres de las víctimas contaron el momento en que sus hijas rompieron el silencio, y que cuando fueron a interrogar a Bruselario, este se quebró y les confesó que sí lo había hecho.
Silencio, crisis y denuncia
El imputado cumplía siempre con el mismo procedimiento, y tenía amenazadas a sus sobrinas para que no le cuenten a nadie nada de lo que les hacía, porque de lo contrario las mataría a ellas y a sus padres.
Los abusos finalizaron un día que Bruselario fue a buscar a las víctimas, quienes estaban en una pieza con la puerta cerrada y se negaron a dejarlo entrar. Ante la insistencia agarraron un cuchillo y le dijeron que se fuera porque si no lo iban a matar. Las primas se pusieron de acuerdo en hablar, pero más adelante. Sin embargo, todo se precipitó el día que una de ellas tuvo una crisis en su casa y contó todo a sus padres, y luego le siguieron las otras dos víctimas.
Los padres se reunieron, pero no supieron qué hacer de inmediato ante la situación. Nadie podía creer lo que sucedió sin que se dieran cuenta debido a la confianza depositada en su hermano y cuñado. Poco después hicieron la denuncia y decidieron ir a hablar con Bruselario, quien les reconoció lo que había hecho: “Soy un desgraciado, no sé porqué lo hice”. Por el contrario, un hermano del acusado declaró como testigo, se puso de su lado y afirmó que todo era un invento.
En la causa figura también un hecho que habría ocurrido unos años después, durante la instrucción, cuando salía de la escuela su tío la amenazó con que “ella y toda su familia iban a pagar por haberlo denunciado”.
Informes contundentes
La acusación sostuvo que “la prueba de testigos de los abusos es sumamente difícil, ya que los autores se valen del engaño, abuso coactivo, intimidación, y cometen los mismos lejos de miradas de terceros”. Por esto resultaron fundamentales los informes de los psicólogos y psiquiatras que entrevistaron a las víctimas, quienes en todos los casos certificaron que ninguna de ellas mintió sobre los episodios violentos padecidos.
En los informes los profesionales mencionaron el Síndrome de acomodación al abuso sexual infantil, el cual se observa por “comportamientos típicos que permiten que se pueda sobrellevar situaciones de victimización reiteradas sin que se observen trastornos llamativos en la adaptación social o en el rendimiento escolar”.
Además, entre otras características que confirmaron los delitos, se mencionó: “el secreto mantenido, la desprotección, atrapamiento y acomodación -vínculo de dependencia que continuó hasta que alcanzó una cierta independencia- y la revelación tardía son las etapas que confirman un abuso crónico sostenido en el tiempo”.
En este sentido, se definió “el secreto como una forma de supervivencia psicológica y así ‘olvidarse de lo padecido’ (...) “El abuso en el tiempo se sostuvo gracias al secreto de que algo terrible estaba sucediendo”, y a “la desprotección de un familiar adulto y de una tía que estando en conocimiento no pudo intervenir en su auxilio”.
Extenso debate y alegatos
El juicio se desarrolla en la Sala I de la Cámara del Crimen, integrada por Hugo Perotti –presidente–, Marcela Davite y Daniel Malatesta. Por las partes acusatorias, la fiscal de Cámara es Carolina Castagno, y el abogado querellante en representación de las víctimas, Jorge Sueldo. En tanto que el defensor técnico de Bruselario es Ignacio Díaz.
Hoy se desarrollará la segunda jornada del juicio, con nuevos testimonios, para luego dar paso a la etapa de los alegatos de los abogados de las partes como de la fiscal de Cámara. Se presume que con los elementos existentes habrá pedido de una dura condena efectiva.
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