Patricia Rosso administró para la escuela un fondo especial que no rindió en su totalidad. Tampoco cobró su último sueldo depositado, a pesar de tener importantes deudas bancarias con amigos y colegas.
Según pudo saber este diario, Rosso, como directora del CPEM 70, había recibido 40 mil pesos de un fondo de Nación para ser destinado a la ayuda de establecimientos educativos. Casi el total de ese dinero fue rendido, aunque quedó una parte sin saldar, que de acuerdo con el fiscal resulta "mínima", pero cuyo destino no se pudo establecer.
Rosso aún no retiró su sueldo, que fue depositado oportunamente en su cuenta, a pesar de las deudas que posee en entidades financieras como también por préstamos que le hicieran algunas colegas.
Obeid explicó: "Seguimos chequeando el uso de tarjetas de crédito y de la cuenta bancaría de Rosso como también las llamadas telefónicas que hiciera". La última comunicación telefónica efectuada por la docente a su familia fue el viernes por la tarde a su madre, que vive en la localidad de Noetinger, en la provincia de Córdoba. En ese llamado, Rosso le confesó que se encontraba bien pero con mucho miedo.
Según el fiscal, la semana pasada Rosso compró un pasaje en la empresa de colectivos TUS para dirigirse a Río Cuarto, Córdoba. Sin embargo, no descarta que la mujer haya realizado algún trasbordo a otro punto del país.
La situación financiera de Rosso indica que había solicitado préstamos por un monto cercano a los 86 mil pesos; sin embargo, su clasificación ante el Banco Central muestra que estaba cumpliendo normalmente con los créditos adjudicados.
El origen de esas deudas es motivo de investigación por parte de la Justicia, así como también si la venta de su casa se habría concretado de manera voluntaria o bajo amenazas.
Antes de su desaparición, Rosso denunció a mediados de febrero que había sido agredida en la puerta de su casa por un supuesto alumno que solicitaba una vacante en la escuela. Un mes después y al no presentarse en la escuela, el gremio ATEN realizó la denuncia ante la Fiscalía por desaparición de persona.
Se sabe que Rosso practicaba la religión Umbanda desde hacía dos o tres años, y en su casa había albergado al menos a dos grupos de personas.
A una compañera de trabajo le confió que necesitaba dinero "para sacarse de encima" a una familia que también formaba parte de este culto.
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