Los Juliá en Mendoza: los chicos "bien" que sólo buscaban triunfar

Los Juliá en Mendoza: los chicos "bien" que sólo buscaban triunfar
Hace 15 días, Eduardo y Gustavo Juliá fueron detenidos en Barcelona con más de 900 kg de cocaína en su avión. En 1977, su padre, el entonces vicecomodoro José Juliá, fue destinado a la IV Brigada Aérea y se instaló en Mendoza con su mujer. Lejos del escándalo, sus hijos estudiaron en Maristas y se destacaron en esgrima.
El estupor producido por la detención de Gustavo y Eduardo Juliá en España, quienes a principio de año habían introducido camuflada en la bodega de un avión Challenger 604 matrícula N600AM de su empresa Medical Jet, casi una tonelada de cocaína a través del aeropuerto de Barcelona, ha despertado un especial interés en Mendoza.

Es que los hijos del brigadier José Antonio Juliá desarrollaron aquí una intensa vida social, donde vivieron su adolescencia y los inicios de la juventud, motivada por la llegada de su padre en 1977, quien fue destinado con el cargo de vicecomodoro a la IV Brigada Aérea.

Hoy, a más de 30 años de aquel hecho, atentan contra los recuerdos no sólo el paso del tiempo, sino también el pragmatismo de los testigos que prefieren huir de los problemas. La memoria de los protagonistas, algunos compañeros o amigos, se torna frágil y huidiza ante las sospechas que rodean el apellido Juliá: enriquecimiento ilícito y ahora, narcotráfico. Ante eso, en Mendoza el silencio sigue siendo un indicio de prudencia.

Dictadura y aterrizaje

La base aérea de El Plumerillo es una de las nueve unidades con las que cuenta la Fuerza Aérea en todo el país. El entonces vicecomodoro Juliá llegó con 43 años a la provincia en un momento más que especial: a meses de iniciada la sangrienta dictadura militar.

En ese entonces, y rota la institucionalidad, Mendoza ya estaba bajo el mando operativo de la propia Fuerza Aérea, en la figura de quien también ejercía el cargo de la gobernador de la provincia: el brigadier mayor Jorge Sixto Fernández, quien hasta 1980 estuvo a cargo de la primera magistratura.

Incluso su sucesor, Rolando Ghisani, también pertenecía a esa misma fuerza y tenía el grado de brigadier retirado. A Ghisani lo sucedió en 1982 un civil, Bonifacio Cejuela, ya en la agonía del autodenominado proceso militar.

En ese contexto político, y en esa protagónica unidad militar regional, Juliá toma contacto con Mendoza. Aún no era imaginable otro hecho histórico que volvería a poner a la IV Brigada en el centro de la escena nacional: la guerra de Malvinas en 1982.

Aún tampoco Juliá podía predecir, más allá de sus sueños y ambiciones personales, que tras la guerra y con la llegada de la democracia, el destino le iba a deparar (de la mano del menemismo) la máxima conducción de la Fuerza Aérea Argentina, desde el 11 de julio del '89 al 15 de julio del '93, ya con el cargo de brigadier general.

Familia numerosa y activa

En el '77, José Antonio Juliá (nacido el 14 de julio de 1934) estaba casado con Ana María Noceti Garat y tenían cuatro hijos: Guillermo Carlos, Eduardo Antonio, Gustavo Adolfo y Ricardo José. Según testimonios de conocidos de la época, al llegar a la provincia se ubicaron en el edificio Santa Rita de la calle San Martín, entre Pedro Molina y Virgen del Carmen de Cuyo, donde se nutrieron especialmente de la camaradería militar de la que la corporación siempre se ufana.

Entre las metas más inmediatas del matrimonio, figuraban la inserción de sus hijos pre y adolescentes en un ámbito y una ciudad nueva. Sin embargo, y según una ardua tarea de archivo, los Juliá parecen haber sorteado rápidamente las barreras que suelen hacer de Mendoza un lugar hostil para las foráneos.

Los hijos fueron inscriptos en el tradicional colegio San José de los Hermanos Maristas (en cuyo campo de deportes también jugaban al rugby) y además empezaron a practicar deportes en otro típico pero exclusivo club mendocino: Gimnasia y Esgrima.

Eduardo (uno de los ahora implicados en la causa de narcotráfico internacional) participó en torneos regionales en representación de esa institución, en la categoría florete para varones en el año 1977 en Villa Mercedes, San Luis, según consigna una crónica de Los Andes del domingo 17 de julio. El 21 de noviembre de ese mismo año, también en este diario, se registra otra participación del esgrimista -ahora detenido en España- pero esta vez en el Club Mendoza de Regatas.

Evidentemente, Eduardo debe tener gratos recuerdos de esos años en Mendoza, ya que también aquí contrajo matrimonio el 17 de abril del '93 con Evangelina Cutó Dal Beollo. La boda se consagró en la basílica de Nuestra Señora del Rosario, en la calle Salta casi Lavalle. De ese matrimonio concretado en nuestra ciudad, nacieron posteriormente sus tres hijos: Eduardo, Pedro y Helena, todos ellos, nietos del brigadier.

Viajeros antes del Mundial

A poco de radicada en Mendoza, efectivamente la familia Juliá estaba plenamente integrada a la sociedad mendocina. Habían establecido relaciones y se sentían parte de una ciudad que los había aceptado.

Tanto era esto así, que en 1978, en las célebres y muy comentadas "Notas sociales" de Los Andes, se anuncia en el rubro "Viajeros" que el "vicecomodoro José Antonio Juliá, su señora Ana María Nocetti Campos y sus hijos" han partido a Buenos Aires, según aparece en la edición del jueves 2 de marzo del '78, meses antes del inicio del emblemático Mundial de Fútbol. La distinguida cita en la sección social por excelencia de Mendoza, simplemente para anunciar un viaje a Buenos Aires, habla a las claras de la presencia de los Juliá en la provincia.

Es importante decir que José (más allá de su propia familia) tampoco estaba solo en Mendoza. Aquí residía su hermano Aníbal, que como él, había abrazado de muy joven la carrera militar en el arma de la Fuerza Aérea y también estaba destinado en la IV Brigada.

Aníbal, llegó al cargo de mayor, y como muchos camaradas, al consumarse el golpe militar asumió funciones en distintas áreas del gobierno de la Provincia. En 1977, Aníbal estuvo a cargo de Prensa y Difusión de la Comisión Vendimia (¡¿?!).

Algunos camaradas de esa época recuerdan a José como "muy responsable en su trabajo, extremadamente meticuloso, controlaba todo antes de la salida de un avión, chequeaba a fondo hasta los radares".

Le decían "El Gordo", no tanto por su físico, pese a que era más bien bajo; sino especialmente en contraposición con su hermano Aníbal, al que le decían "El Flaco". Todos coincidían -como en la genial saga Laurel y Hardy- que Aníbal no se lucía en su trabajo tanto como su hermano: algo que años más tarde José demostró al llegar a la cúspide del manejo de la fuerza y del poder económico-político del país.

Referente bélico

La guerra de Malvinas, iniciada el 2 de abril del '82, significó otro momento clave para los Juliá en Mendoza. Con el padre de familia ya designado como jefe del Grupo Aéreo Sur de la IV Brigada (que brindó asistencia técnica en las operaciones aéreas de combate), el resto de los hijos -todos- con marcada vocación militar no siempre concretada, no tardaron en hacer suya esa acción de guerra que -en sintonía con el discurso oficial de la dictadura- se denominaba "gesta".

Es precisamente el menor de ellos, Ricardo (quien posteriormente fue agente de la SIDE y además resultó procesado por falso testimonio en la causa que investigaba la muerte de Carlos Menem Junior), quien resume la visión y el espíritu familiar respecto de la guerra de Malvinas.

En una organizada y calculada convocatoria que realizó el gobierno provincial en la Plaza Independencia y a la que asistieron más de 20 mil alumnos de 64 escuelas del Gran Mendoza a 15 días del desembarco, se palpa la euforia juvenil y el ánimo de época que imperaba en la sociedad y del que la dictadura sacó provecho. Así, el objetivo de la masiva reunión era "celebrar y manifestar su adhesión a la recuperación de las Islas Malvinas".

En ese clima de marcado tono nacionalista, Ricardo Juliá, alumno del colegio Maristas, y uno de los miles de jóvenes mendocinos que se acercaron hasta la plaza, declaró a este diario: "El diálogo es siempre positivo para hallar una solución, pero si no es posible llegar a un acuerdo (con Gran Bretaña), el único camino que queda es el enfrentamiento", según publicó Los Andes el 17 de abril del '82.

No a la guerra, sí al amor

Unos meses más tarde, y ya con la guerra concluida, Ricardo, ese joven belicista que se aprestaba a formar parte de los servicios de inteligencia del Estado, posó con sus compañeros del quinto año de Maristas, también para Los Andes. Una particular costumbre de esos años que no sólo dejaba constancia de la terminación del secundario. Allí se lo ve orgulloso y sonriente junto a sus compañeros de división tras haber alcanzado su ansiado título de bachiller en diciembre del '82.

Un síntoma de los vínculos establecidos por los Juliá en Mendoza, lo ofrece de manera contundente otro aviso social. En este caso, justamente, el anuncio del casamiento de Ricardo, sólo que 10 años después de la guerra, en 1992, y ya en plena democracia.

Si bien la boda fue en Buenos Aires, encabeza las menciones de los casamientos publicados por Los Andes el sábado 21 de marzo de 1992.

La ceremonia fue en la porteña iglesia de Nuestra Señora de la Merced y Ricardo se casó con María José Marinelli. El ya brigadier general (y por ese entonces jefe máximo de la fuerza) fue uno de los padrinos junto a su mujer. De esa unión nacieron después tres hijos: Federico, Micaela y Tomás.

El parentesco lo condena

Otro de los hermanos Juliá, Guillermo, quien no está vinculado al caso en España, pero que sin embargo ha recibido los coletazos de la situación, fue pasado a disponibilidad esta semana, ya que tras completar la carrera militar dentro de la Fuerza Aérea (aún está en actividad) y con expectativas de ascender a brigadier, ha quedado salpicado por el escándalo de sus hermanos. Guillermo fue el único de los Juliá que logró desarrollar la profesión militar, según el legado paterno.

Guillermo, tal vez por influencia de sus padres, también dio a conocer a los mendocinos su boda a través de Los Andes. Fue en enero del ’82, y la boda se concretó en Córdoba, con Viviana Rodríguez Casanova. En ese entonces, Guillermo era un simple “alférez aviador militar” que intentaba seguir los pasos de su padre y de su tío desde la Escuela de Aviación Militar de Córdoba.

Esta boda se concretó en la capilla Nuestra Señora de la Merced de Córdoba. El brigadier Juliá y su mujer, volvieron a ser testigos de otro de sus hijos ante el altar. Así lo testifican dos notas sociales del 21 de diciembre del ’81 y del 3 de enero del ’82 en las páginas de Los Andes. De esa unión, nacieron cuatro hijos: Guillermo, Ignacio, Francisco y Milagros.

La historia de los Juliá tiene un irrefutable lazo con Mendoza. Como suele pasar con los relatos más extraordinarios, su desarrollo está repleto de sucesos comunes, cotidianos e imperceptibles hasta que una conmoción los saca a la luz. Tal vez para completar el pasado, o simplemente para explicar el presente

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