Jujuy: la costumbre de homenajear a los fieles difuntos

Puesto de venta de ofrendas de pan en las calles que rodean a la terminal.

Jujuy – Una de las costumbres más arraigadas en el mundo andino, y que se traduce en la cultura urbana, es el homenaje a los Fieles Difuntos, los familiares que ya no están, los amigos, que nos han abandonado con su presencia física y el 2 de noviembre retornarán para disfrutar de las cosas que les gustaba en este mundo.

Aquí en Jujuy el 1 de noviembre, Día de las Almas, comienzan los preparativos para agasajar a los seres queridos, que nos visitarán el día siguiente, materializando el recuerdo en un altar familiar, donde luego de rezar, se podrá seguir con una fiesta.

El lunes se prepararán las ofrendas para el o los difuntos en la familia. Las ofrendas son panes con formas de cruces, ángeles, escaleras (para llegar al cielo), palomas, imágenes antropomorfas, de adultos y pequeños, roscas.

Todas estas figuras se colocan en la mesa de ofrendas, en las que tampoco faltan los platos de comidas y las bebidas que le gustaban a los seres queridos ya muertos, y que en la noche entre el 1 y 2 de noviembre, vienen de visita a los hogares y comen lo que les dejaron, a manera de agasajo.

Para esa noche la familia creyente acuesta temprano a los chicos y los mayores terminan con la preparación de la mesa con las ofrendas.

El Día de los Fieles Difuntos, luego de visitar a sus seres queridos en el cementerio y ponerles flores, la familia retorna al hogar y comienzan a levantar las ofrendas, al medio día, y también se espera la llegada de los amigos o amigas, para comer lo que le gustaba a los difuntos.

Desde hoy, y hasta el lunes por la mañana, en la calle Santiago del Estero, frente al mercado de abasto, y posterior a la terminal, se instaló la feria donde se puede comprar las ofrendas a los más variados precios.

Una docena de ofrendas realizadas en pan cuesta 15 pesos, pero comprándolas por unidad se las consigue a 2 pesos. Las coronas de flores de plástico oscilan entre los 3 y los 15 pesos, de acuerdo al tamaño.

Alejandra Morales, joven y dueña de uno de los puestos de venta, quien vive en barrio Punta de Diamante, dijo a Télam que lo que más se vende son las ofrendas en forma de escaleras y ángeles, al igual que las cruces.

“Nuestra familia tiene una tradición para hacer ofrendas, hacemos figuras de pan, también confituras, dulces, golosinas, pochocho y chicha de maíz y de maní”, comentó en un alto de su tarea.

En la feria no faltan los puestos de floristas; la mayoría de las variedades cultivadas en pequeñas parcelas en pueblos de la Quebrada de Humahuaca.

Hay lágrimas de la Virgen, claveles, bocas de conejo, margaritas y la tradicional Itatí, más conocidas como flores secas, que soportan expuestas al aire libre más tiempo, y compiten con las de plástico o papel crepé.

Para Roberto Vilte, en el norte de la provincia es donde más se celebra el Día de los Fieles Difuntos. Cuenta que “en cada casa se arman las mesas de ofrendas y los familiares, vecinos y amigos, se visitan el lunes y de cada lugar se llevan una ofrenda; en la ciudad también se hace, pero menos” comentó.

Hoy, más que nunca, se instalaron sobre la calle Santiago del Estero en la misma zona, vendedoras de carne de llama y cordero, que engrosarán los platos con los que se van a agasajar a los muertos queridos, y a los que no les va a faltar como bebidas el vino, cerveza, la chicha, considerada la bebida sagrada de los Incas.

Estofados de cordero o llama, asados, picantes de panza, lengua o pollo, provenientes de la gastronomía boliviana ya incorporados, quesillo con miel de caña y dulces caseros van a ser los postres, a los que le seguirán la música criolla o andina , al gusto del ser recordado.

En el Museo Provincial de Arqueología se inauguró anoche una muestra fotográfica documental titulada “Mesa de ofrendas y fiestas de los difuntos”, a cargo de la profesora Carmen Patricia Chauque y Patricia N. Sayes, ambas oriundas de Humahuaca y estudiosas del tema.

Se trata de nueve obras realizadas con técnica digital, a la que consideran un “testimonio visual de 10 años de investigación sobre Mitos, Ritos y Simbología ancestral de estas celebraciones que han pervivido en comunidades originarias”.

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