El casco céntrico estuvo desértico, mientras que la zona de la Terminal y los barrios fueron los lugares más concurridos. Autos, camionetas, motos y locales comerciales fueron algunos de los objetos chayados en la víspera.
“Ahora el Carnaval es historia y no hay tiempo para otra cosa que no sea la veneración a nuestro Señor”, decía a viva voz una puestera de años instalada sobre la calle Santiago del Estero.
Es que el Martes de Chaya es la antesala del comienzo de la festividad religiosa más importante del catolicismo, que es la Semana Santa. Hoy ya es Miércoles de Cenizas y con él se inicia el tiempo de Cuaresma, toda una simbología para el cristianismo. Pero el adentrarse en esta nueva “época” del año, implica para muchos cumplir con el impostergable ritual de la chaya, donde se bendicen todas las cosas que la Madre Naturaleza proporciona.
En la mayoría de los casos se chayan las últimas adquisiciones que se lograron, para que la suerte futura no sea esquiva. Esta celebración cobra importancia en cada una de las comparsas carnestolendas, pero no exclusiva de esas agrupaciones, sino que es una tradición que crece año tras año en el núcleo de muchas familias jujeñas. Es una manifestación ancestral que ayer tuvo a las corridas a muchas personas quienes se aprovisionan de alimentos y bebidas para la “invitación” a las personas que comparten esta fecha.
Una de las caras que mejor refleja esta dedicación se vio ayer en los alrededores de la Terminal, donde, presurosos, hombres y mujeres realizaban las compras para pasar la jornada de chaya, e incluso la de los días subsiguientes, donde las humitas se convierten en el plato principal de las mesas jujeñas.
Las calles Santiago del Estero, Dorrego, Zegada e Iguazú estuvieron desbordadas de vendedores y puestos ambulantes de comidas, choclos y especias, requeridos por el incesante público que se renovaba a cada instante.
La contracara de la jornada fue el casco céntrico, donde sólo los supermercados concitaron el principal movimiento de gente. Algunos pocos negocios, entre ellos algunos kioscos y librerías, abrieron sus puertas, pero el comportamiento del público fue tibio. El segundo día de feriado mostró una inactividad propia del Carnaval.
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