Este martes comenzará la instancia de alegatos.
El primero de los testigos de apellido Monzón realizó el servicio militar en la Fuerza Aérea durante 1976. Correntino, 1,55 metros, introvertido y de frases cortas declaró que él llevaba los desayunos, almuerzos y cenas a los secuestrados durante dos semanas. 25 personas eran las que se encontraban detenidas de las cuales 5 eran mujeres entre las que se encontraban algunas embarazadas.
El trabajo de Monzón era darles de comer y llevarlos al baño. En ningún momento de la audiencia pudo precisar cómo eran los secuestrados y afirmó que nunca habló con ellos ni escuchó nada.
Miguel Ángel Nicosia, abogado, nacido en Lobería y con 61 años fue el segundo testigo. Él realizó el servicio militar en Buenos Aires pero una vez concluido lo citaron nuevamente y debió presentarse en la Base Aérea de la ciudad. Allí estuvo medio año realizando tareas administrativas.
Sin usar uniforme se sentaba en una silla y escribía a máquina las listas de los "detenidos a disposición del PEN". Mientras transcribía el listado observó el nombre de Luis Rafaghelli, un amigo nacido en Lobería.
Lamentablemente, no se acordaba del nombre de sus superiores ni a donde se dirigía la lista. Por su parte, Molina con chaleco anti bala, manos al bolsillo ya no miraba a la pared como de costumbre. El piso era su punto fijo.
A pesar de no poder recordar ningún nada sobre la lista, Nicosia dijo que pensó que Luis nunca estaba en riesgo y tampoco preguntó el porqué. "Me quedé helado porque estaba detenido, lo mismo que sucedería con un amigo que robe una gallina" comparó el abogado de Lobería.
El martes a las 9 y el miércoles se desarrollarán los alegatos de la Querella, la Fiscalía y el Colegio de Abogados. Por último, el jueves se dará lugar a la lectura de la defensa.
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