Martín Lanatta, uno de los detenidos por el triple crimen de General Rodríguez, prestó declaración ayer en el juicio oral y público que se lleva adelante en los Tribunales penales de Quilmes por el asesinato de la adolescente Natalia Di Gallo, ocurrido hace 10 años atrás.
Lanatta llegó a la sala de debates esposado y fuertemente custodiado. Relató cómo conoció a Cristian Refichi en el año 1998. Afirmó que estuvo en la casa quinta de Florencio Varela (“Ensueños”) en los últimos días de diciembre de 2003 (cuando ya se buscaba a Natalia Di Gallo) para encontrarse con Refichi y que allí vio al enjuiciado Nicolás Gómez “charlando con Cristian en la puerta de la quinta”. Al mismo tiempo, el detenido manifestó que Refichi le dijo que Gómez le habría dicho que la Policía iba a allanar la quinta por lo que tenía que quemar algunas cosas que estaba cargando en un auto (un mazda 323 azul noche), propiedad de Andrés Meyer (dueño de un canto-bar), inquilino de la casa quinta (donde se supone que llevaron a la menor Di Gallo). Ante la requisitoria de que brindara detalles respecto a cuáles eran los elementos que Refichi iba a desechar, enumeró: “videos, ropas, frazadas, cuerdas”.
Según los dichos de Lanatta, durante unos meses no vio a Refichi porque había viajado junto a Meyer y la mujer de éste, Karina López, a Salta; pero que a mediados de 2004 regresó a visitarlo a su casa. Recordó que Refichi lloró y que le habría confesado: “Pasó lo peor en la (casa) quinta (de Varela) y yo tuve que sacar a la chica…”. Lanatta no ahorró comentarios respecto a Meyer y su esposa. Mencionó excesos de alcohol, drogas y prostitución. El locuaz testigo dijo además que Refichi “reclutaba chicas” y que le había confiado que el dueño del canto-bar habría pagado “80 mil dólares a la Policía” para librarse del hecho que se juzga. Contó al Tribunal qué acompañó a Meyer, Karina López y Refichi a declarar a la ciudad de La Plata por el asesinato de la adolescente porque, de acuerdo a sus expresiones, los mencionados habían tomado tantos tranquilizantes que ninguno podía manejar.
LA GLOCK 17
Martín Lanatta, condenado a prisión perpetua por el hecho ocurrido en 2008 que tuvo como víctimas a Sebastián Forza, Damián Ferrón y Leopoldo Bina, ante la pregunta de la defensora oficial Soledad López que le reclamó por qué había esperado tantos años para denunciar, se justificó en que tuvo detalles del crimen de Di Gallo a partir de su hermano y su cuñada que se relacionan con una prima de la víctima. Segundos después, no tuvo reparos en espetar frente a los jueces que “…me dio tanta bronca que yo lo hubiera arreglado con la Glock 17”.
“A MI ME GUSTA GANAR PLATA”
El verborrágico Lanatta expresó cuáles fueron los motivos que lo llevaron a tomar distancia de Refichi y de Meyer con quienes planeaban desarrollar un emprendimiento económico. Recordó que en la ciudad de General Lavalle descubrió que Meyer, la esposa de éste y Refichi presuntamente tenían a una jovencita cautiva. “Tenía esposas puestas y estaba toda golpeada”, rememoró e inmediatamente agregó que él se tomó a golpes de puño con Meyer, Karina López y Refichi; y que liberó a la chica. “Ella me dijo que la habían traído de un cabaret de Mar de Ajó, del cabaret La Paloma”, añadió. A partir de ahí, el hoy condenado cortó su relación con ellos: “A mi me gusta ganar plata, … no esto… les dije”.
OTROS TESTIMONIOS
Durante la jornada de ayer también prestó declaración un vecino del barrio San Juan de Florencio Varela, cuya casa se encuentra prácticamente frente a la casa quinta en cuestión. Declaró que hasta el 2 de enero de 2004, desde las 20 horas y hasta la mañana siguiente durante todos los días, en la casa quinta había música muy fuerte que provocaba que los vecinos llamaran a la Policía por los ruidos molestos. Narró que a la vivienda entraban vehículos de alta gama y chicos del barrio que se acercaban en bicicleta. Contó que “en el barrio se decía que allí adentro había chicas y que se vendían drogas”.
Se escucharon además, los testimonios de otro vecino, Héctor Romero y de Karina Dalmas, esposa del padre del imputado Nicolás Gómez. La mujer se mostró irascible en varias oportunidades obligando a que el presidente del Tribunal le llamara la atención. Primero arremetió contra el fiscal de Juicio, Claudio Pelayo; luego fue el turno del abogado de la familia de la víctima, Daniel Mazzochini; y antes de terminar su declaración mantuvo un áspero intercambio verbal con Juan Di Gallo, padre de Natalia.
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