El asesinato mafioso del abogado Marcos Alonso reveló una cara siniestra del poder judicial de la que todo el mundo habla pero nadie denuncia. Jueces acusados de arreglar causas por plata. En marzo podría definirse si destituyen o no al juez de garantías Antonio Saladino.
La víctima se llamaba Marcos Alonso, y el motivo aparente de semejante crimen mafioso fue que le había prometido la libertad a un cliente a cambio de dinero. El detenido había puesto la plata, y la excarcelación no se había logrado.
El razonamiento que seguía era obvio. “Si había promesa de dinero a cambio de libertad, es porque había un juez para ‘tocar’ ”.
Y en el medio, una declaración clave: La viuda de la víctima aportaba datos trascendentes.
Ella misma fue testigo de cómo su esposo le había llevado plata al juez de garantías Antonio Saladino.
Fabiana, por entonces embarazada, no sólo vio, tuvo la valentía de declarar. Su relato le dio valor jurídico y público a lo que muchos sabían, pero preferían callar. Su relato, al fin de cuentas, es hoy una luz de esperanza.
La historia oficial reseña que Walter Gallastegui estaba acusado de pegarle 11 tiros a Fabricio Armendano a la salida de un boliche: tentativa de homicidio.
También se resume que estando prófugo, y Alonso mediante, Gallastegui, negocia entregarse a cambio de conseguir una rápida excarcelación por la vía del dinero sucio. El dinero, siempre, según la acusación, le llega al juez Saladino. Se habla de 15 mil pesos, o de 23 mil. De ser cierto, el monto es lo de menos, es plata. También hay un correo electrónico como indicio. Ahí el juez Saladino le habría explicado al abogado Alonso como tenía que redactar el pedido de excarcelación para que el plan fuera completo. Ilegalidad que asusta. Para que Gallastegui consiguiera la libertad, el juez debía bajar la acusación de tentativa de homicidio a lesiones graves.
Pero finalmente, a Gallastegui no lo excarcelaron. Una explicación posible: la causa tenía un juez original: Carlos Villamarín que estaba de licencia. Su secretaría se habría enterado de la posible maniobra, y alertó a tiempo a su jefe. Siempre según esta versión, Villamarín encaró a Saladino y lo hizo dar marcha atrás con su dictamen. Por eso, Gallastegui quedó preso.
Una hipótesis de que pasó después: en una pequeña comisaría rural, Gallastegui, despechado planificó vengar lo que suponía una traición de Alonso –pensó que se había quedado con la plata- y lo mandó a matar. Y para que quede claro el por qué, los criminales, le dejaron a Alonso un dólar en la boca, como diciéndole: “con la plata no se jode”. El cuerpo apareció adentro de su auto con cinco balazos: 25 de enero, 2 de la mañana.
La historia oficial también dice que la policía detuvo a dos sospechosos por la autoría material del crimen del abogado. Estos dos acusados, también habían sido clientes del abogado penalista.
Que quede claro, la única víctima de esta historia fue Alonso. A él lo mataron, él no la cuenta. Los demás, en la cárcel o desplazados de sus cargos, respiran, piensan, viven.
Estallado el escándalo, la Corte le dio a Saladino una licencia obligatoria. Ahora el juicio contra el juez entró en su etapa final. Lo acusan de mal desempeño y de cohecho agravado. En diciembre vence su plazo para defenderse ante el jury de enjuiciamiento.
Si prospera el pedido de la acusación, primero el juez sería separado del cargo y le embargarían su sueldo. Después, se estima en marzo, si las pruebas son concluyentes, Saladino podría ser destituido.
Y en el medio, ahora, casi diez meses después rige más que nunca la frase que Alonso le dijo a su mujer cuando ya presentía su suerte: “si a mí me pasa algo ya sabés donde apuntar”.
Comentá la nota