La Justicia Federal le dio el visto bueno a una riocuartense para que pueda ser donante, pese a no tener vínculo familiar con el receptor. Ahora, deberá hacerse los estudios de compatibilidad
El juez Carlos Ochoa resolvió el viernes pasado autorizar la ablación de un riñón para serle implantado a un joven de 27 años que padece nefropatía crónica y diariamente debe someterse a sesiones de diálisis.
La decisión judicial, una de las primeras que se conocen en el país, era una condición necesaria para que Celina Minetti pudiera hacerse los estudios médicos que le confirmarán si su órgano es apto o no para ser implantado en el hijo de su amiga.
La ley que regula la donación y el trasplante de órganos es estricta en cuanto a que sólo puede ser donante vivo un familiar de la persona a quien vaya destinado ese órgano. De esa manera, se busca evitar el tráfico o la venta de órganos.
Por eso, Minetti debió recurrir a la Justicia Federal para obtener una autorización expresa, algo que consiguió en forma expeditiva, pues se presentó con sus abogados el viernes 24 de mayo y una semana después ya tenía una resolución favorable.
La conmovedora noticia se expandió en los medios de toda la provincia y se tranformó en un gesto esperanzador frente a las estadísticas nacionales que indican una baja en la cantidad de donaciones de órganos.
Para llegar a esa decisión, el magistrado tuvo en cuenta la comprometida situación de salud en que se encuentra el receptor del órgano, un joven que ya en 1994 había sido trasplantado cuando su padre le donó uno de sus riñones.
Después de vivir 18 años sin demasiadas dificultades, la salud del joven se deterioró y aquel riñón ya no cumplió más su función, lo que lo obligó a ubicarse en la lista de espera del Incucai mientras otros integrantes de su familia se sometían a estudios para determinar si tenían aptitud para ser donantes.
Lamentablemente, esos estudios dieron negativos y en ese momento una amiga de su madre, Celina, se ofreció voluntariamente a ayudarles.
Frente a ese cuadro, la misión del Juzgado Federal fue descartar cualquier suspicacia y demostrar que el gesto de la mujer era absolutamente altruista y no perseguía ningún interés económico.
Quedó demostrado que entre Cecilia Minetti y Patricia -la madre del potencial receptor del riñón- existe una amistad que se remonta a 40 décadas. Una muestra de ese estrecho vínculo es que Celina es la testigo de la boda de su amiga y ambas son madrinas de uno de sus hijos.
“Se trata de una decisión absolutamente voluntaria y compartida por el futuro receptor y su familia. Esa determinación se funda en razones afectivas, sólo la motiva el afecto y el sincero deseo de que el joven pueda mejorar su estado de salud y llevar una vida normal”, concluyó el juez Ochoa en su fallo.
Con el espaldarazo judicial, ahora resta conocer si los estudios médicos le permitirán a Minetti concretar su voluntad de ayudar al hijo de su amiga.
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