Las 90 hectáreas de finca La Ciénaga que el gobierno de Juan Carlos Romero compró en 1998 por 1.100.00 dólares para el programa "Familia Propietaria", terminaron, en 2009, en manos de la empresa "Estancia El Carmen", de propiedad de la familia Romero, sólo por cien mil pesos. En el recorrido inmobiliario actuaron, como escribanos particulares, quienes hicieron de escribanos de Gobierno de Romero: Víctor Brizuela, y Laura Inés Wayar.
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"Déjase establecido que el inmueble que se incorpora al patrimonio del Estado Provincial como consecuencia de la presente operación, será destinado al programa Familia Propietaria", dice el decreto 1297 del cinco de junio de 1998, firmado por el gobernador interino, Fernando Zamar, y la entonces Secretaria general de la gobernación, Sonia Escudero.
Y aunque el decreto no aclara a qué tipo de familia se refería, la cédula parcelaria 129.196 parece deja en claro que el inmueble tenía como fin la familia Romero: la empresa Estancia El Carmen de su propiedad, termina comprando esas hectáreas en 1998 por cien mil pesos.
Frente a ese inmueble, un centenar de simpatizantes del movimiento Libres del Sur hizo el jueves pasado un escrache, para denunciar cómo unos pocos con contactos con el poder pueden acceder a las tierras, y muchas familias viven hacinadas. El diputado Carlos Morello adelantó que pedirá informes al gobierno a través de la Cámara.
La historia de La Ciénaga deja al desnudo cómo, durante la gestión de Romero, los mejores negocios se realizaron mediante vinculaciones políticas pero, sobre todo, familiares.
La finca fue comprada por el gobierno de Romero a la firma Import S.R.L. que había quedado en deuda con el privatizado Banco Provincial de Salta por 550.000 pesos. Como la finca es valuada en 1.100.000 pesos -dólares en ese momento- la provincia puso otros 550.000.
Algunos memoriosos recuerdan que en los años 90 Import era una firma que se dedicaba a la importación de artículos del hogar, y que tenía notorias vinculaciones con los Romero, aunque estaba a nombre de Domingo Martín.
De allí las sospechas de que, cuando el inmueble fue comprado por el gobierno de Romero, su precio fue "inflado": de esa manera, Import no sólo habría podido licuar su deuda con el Banco Provincial sino también, de paso, embolsar medio millón de dólares.
Que el inmueble valía mucho menos en ese momento parece confirmarlo una venta posterior -en 2004- por sólo un cien mil pesos, según indica la cédula parcelaria. La nueva propietaria es la escribana María Cecilia de la Fuente, integrante de la misma escribanía que Víctor Manuel Brizuela y Laura Inés Wayar.
No iba a ser la única operación inmobiliaria que vinculó a De la Fuente con los Romero. Dos años después constituyó junto a Gustavo Cinosi la sociedad Loma Balcón que compró inmediatamente un valioso terreno en Castellanos: el mismo en el que Romero construyó su mansión, tal como Nuevo Diario reveló en diciembre pasado, el mismo día en que el senador la inauguró.
Para esa fecha Pérez de la Fuente ya había constituido la Sociedad Prados de Atocha S.A. dedicada a negocios inmobiliarios y agropecuarios, una firma que figura como la penúltima propietaria de la Finca.
Prados de Atocha inauguró su actividad con un verdadero fracaso: vendió las 90 hectáreas de La Ciénaga sólo por cien mil pesos -¡el mismo precio en que Pérez de la Fuente lo había comprado cinco años antes!- pese a que ya los valores inmobiliarios de la zona se habían disparado gracias a la autopista oeste de circunvalación. Que había mandado construir Romero.
Pero si Pérez de la Fuente perdió, los que ganaron fueron los Romero. Con esa operación las 90 hectáreas terminaron en propiedad de Estancia El Carmen, una sociedad anónima de la que participa Jucaro S.A.. De propiedad de Juan Carlos Romero y su esposa, Lucía del Carmen Marcuzzi.
Laura Inés Wayar y Victor Brizuela dieron fe pública de las últimas dos operaciones.
Tal vez previendo el final de la historia, Romero evitó firmar el decreto 1297. En ¨sus considerandos, había dicho que las 90 hectáreas que el gobierno compraba en 1998, eran ventajosas "para los intereses y necesidades provinciales atento a la urgente necesidad de reubicar familias que actualmente se encuentran viviendo en condiciones que representan un peligro para la salud y la integridad de las personas".
Estancia El Carmen tomó nota de los loables objetivos de ese decreto romerista. Poco antes de quedarse con La Ciénaga modificó sus estatutos para ampliar sus objetivos: entre ellos se incluyó la construcción y administración de clubes de campo.


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