"Que algún maestro enseñe la verdad, para que la gente tome conciencia de lo que pasó con nuestros ancestros"
EL DATO:
"El año pasado estuve en Aluminé y encontré descendientes de azuleños, uno es una mujer sobrina de Cipriano Catriel, llamada Sheypukiñ, ya fallecida y que tuvo 11 hijos; también se ubicó a descendientes de aborígenes de Azul en la Cordillera chilena a la altura de Copahue, Junín", dijo Lucero y explicó que "se trata de gente que escapó en épocas de la Conquista del Desierto".
El médico odontólogo Juan Carlos Lucero tiene 65 años y es jubilado de la Policía de la Provincia de Buenos Aires. Es amante de la pesca, hobby que lo ha llevado por distintos lugares del país, por zonas donde los Pueblos Originarios pelean palmo a palmo -aunque en forma desigual- con la "civilización" para recuperar sus tierras, o al menos poder mantenerse en ellas. Esas tierras de las cuales el aborigen fue amo y señor y que ahora ve cómo, de a poco, se va quedando sin nada, empujado por el mal llamado "progreso" que lo lleva a un desarraigo que, por ahora, parece inexorable.
"Mi vocación por ayudar a los aborígenes nació gracias al doctor Alberto Sarramone, porque a través de alguno de sus libros que leí, aprendí de adulto, cuando estaba ya en Azul, el tema indígena", comenzó contando a este diario el odontólogo. Para redondear el concepto, explicó que antes "lo relacionado con los aborígenes lo ignoraba totalmente. Tenía una noción por lo que sabía de Julio Argentino Roca con su expedición al desierto y veía a los indios como algo malo, tenía una visión de que el indígena era el malo, tenía la visión del malón, de las cautivas, nada bueno". El causante de toda esa mirada él lo liga a "lo que nos enseñaban en la escuela, desgraciadamente".
Ampliando sobre su acercamiento a la cuestión indigenista, Lucero contó que "empecé a leer los libros de Sarramone y me apasioné por el tema. Recuerdo uno de ellos sobre Cipriano Catriel, otro sobre los inmigrantes del Volga y algunos más que despertaron mi interés por estos temas".
"Junto con la década del'90 comenzó mi experiencia indigenista y mi primer acercamiento fue ver la realidad de los indígenas que habitan esta ciudad, los Catriel y sus descendientes. Ellos viven algo aislados, es como que están 'en un costadito' y observándolos percibí que están completamente desarraigados y, lo más importante, es que no tienen su tierra, que por una razón u otra se la sacaron", continuó Lucero.
Sobre sus otros contactos con aborígenes, refirió que "tuve oportunidad de estar en el Norte con los wichis, en Malargüe (Mendoza) con descendientes de Huarpes, lo que me permitió conocer la realidad de cada lugar". "Cuando voy al Sur, a Neuquén, trato de concentrarme en la problemática de esa gente, ya que soy habitué de esos lugares", nos cuenta este odontólogo y amante de la pesca, que se apasiona hablando del tema y al que se le ilumina el rostro cuando se refiere a los aborígenes.
Retomando el tema de los wichis, Lucero contó que la aproximación con esta etnia "fue ocasional, porque me invitaron a pescar al Río Pilcomayo. Fuimos a un lugar conocido como la 'Triple Frontera' -allí confluyen los territorios paraguayo, boliviano y argentino-, un lugar en pleno Chaco Salteño llamado Santa María Este, de donde es oriundo el 'Chaqueño' Palavecino, el folclorista". A esa zona "me tocó ir en una época muy especial, en pleno julio, y hacía una temperatura de verano. Ver el polvaredal, la sequía, todo eso permite notar que la vida en esos lugares es muy dura. Ahí estuvimos pescando un día entero rodeados de 30 o 40 wichis que simplemente nos miraban en silencio". Después "entablamos amistad con ellos, les regalamos anzuelos y otras cosas. Yo había hecho una colecta porque en esos años hubo un conflicto muy grande en unas refinerías salteñas, por la ruta 34, y había conseguido a través de Diario El Tiempo -porque, es justo decirlo, el diario siempre me acompañó y apoyó- útiles escolares para esa gente del Norte. Pero cuando llegamos estaba la Gendarmería cerrando toda la ruta, era como una zona de guerra, no se podía ingresar a los pueblos".
Ante esa situación, "seguimos hacia el Pilcomayo y cuando llegamos, fuimos a un lugar donde había unas monjas francesas a quienes les dejamos todos los útiles escolares para que se los entreguen a los wichis". Sobre este acontecimiento, Lucero pensó que "siempre está la mano de Dios en todo esto, porque yo nunca creí que los útiles escolares juntados mediante la solidaridad de la comunidad de Azul y a través de El Tiempo iban a ir a parar a los wichis".
Otro tramo de su apasionado relato lo llevó a Malargüe, Mendoza, donde "la queja de los indios es siempre la misma: la tierra. Ellos quieren recobrar, no digo todo, pero una parte de su tierra. Ese es el clamor de todos los aborígenes de América". Afín con este tema, el odontólogo relató que "en todas partes, como es el caso de los Matacos, directamente quieren desalojarlos, porque en esa zona hay grandes intereses sojeros. Entonces quieren sacarlos, desmontar y sembrar soja. Eso es lo que están haciendo en muchos lugares".
El devenir de la conversación envalentonó a Lucero a contar que "la comunidad con la que yo más me trato es la Mapuche, a quienes veo seguido porque voy a pescar a Neuquén y a Junín de Los Andes todos los años, y ellos ya me conocen". Además, "cuando voy cargo la lancha y la combi con cosas para ellos, y aunque a veces paro en distintos lugares, son todos de la misma comunidad, son todos mapuches".
De esa comunidad, Lucero rescató la figura de Francisco Cañicul, "un anciano indígena de la comunidad Mapuche al que yo llamo cariñosamente 'cacique honorario'. Este hombre recorre los montes de la zona y dice -por ejemplo- cuál árbol se puede cortar y cuál no, lo que da una idea de cómo observan todos los detalles para no alterar la ecología".
Consultado sobre cómo se maneja en las colectas, dijo que "yo empecé solo a recolectar cosas para los indígenas, siempre contando con la colaboración de El Tiempo, porque cuando yo pongo que estoy juntando cosas para llevar a los aborígenes, la gente me colma de paquetes con distintos artículos. Puedo asegurar que mi consultorio está repleto y el garaje de mi casa también está atestado de cosas que todavía no pude llevar, porque no tengo tanta capacidad para transportarlas".
Sobre el destino que tendrán los elementos estibados, manifestó que si no los puede llevar él en algún próximo viaje, "se los mando a los huarpes, en San Juan, a través del maestro Francisco "Pancho" Ramos, que es quien los educa y recibe con toda alegría lo que nosotros le entregamos para sus 'changuitos', como le gusta llamarlos".
"Lo mío es un granito de arena, teniendo en cuenta las necesidades de los aborígenes y me asombra la respuesta maravillosa de la gente de Azul y me alegra muchísimo saber que existe tanta solidaridad en la comunidad", expresó más adelante.
Interpelado sobre qué elementos recolecta, respondió que "llevo útiles escolares, ropas, elementos para agua para los chicos. Ese es el verdadero objetivo, los chicos y la educación".
En otro tramo de la nota reflexionó acerca del futuro de los Pueblos Originarios: "Me daría pena que continúe el desarraigo de esta gente y que termine en una villa del conurbano, robando o drogándose. Yo estoy viajando a esos lugares desde el 91 y cada vez noto que los van desplazando un poco, los van corriendo de sus tierras, los arrinconan y en ese ámbito que antes se conservaba natural, ahora cada vez más se observan costosas construcciones". Por eso, "la única solución es que esta gente, alguna vez consiga el título de sus tierras; también es primordial la educación, para que puedan conocer sus derechos y hacerlos valer". Con respecto a si esta situación se puede revertir, consideró que "todo depende de las generaciones futuras y de que haya argentinos bien nacidos que digan: 'a esta gente hay que darles las tierras que se merecen'".
Para finalizar la nota, Lucero sostuvo que, "aunque a algunos les disguste, los grandes exterminadores de indígenas fueron Urrutia en Chile y Roca en Argentina", y consideró, a modo de corolario, que: "Pido que algún maestro enseñe la verdad, para que la gente tome conciencia de lo que pasó con nuestros ancestros; que se enseñe la realidad del problema indígena. De la misma forma en que se insiste con los temas de la memoria, que haya memoria para nuestros ancestros. Ojalá que algún profesor le diga la verdad a sus alumnos".
"Junto con la década del'90 comenzó mi experiencia indigenista y mi primer acercamiento fue ver la realidad de los indígenas que habitan esta ciudad, los Catriel y sus descendientes", dijo a este diario Juan Carlos Lucero.
Lucero con el Lonko Francisco Cañicul. El odontólogo contó que este "cacique honorario", como le gusta llamarlo, recorre los montes de la zona y decide cuál planta se debe cortar y cual no "para no alterar la ecología".
LA SABIDURÍA DEL ABORIGEN
"Voy a contar una anécdota relacionada con la pesca en el Río Pilcomayo. Nosotros estuvimos todo un día pescando con unos equipos muy buenos, pensando que íbamos a sacar el Dorado de nuestras vidas. En eso llegó un indio con una vieja bicicleta y una pequeña red, que no tendría más de un metro de diámetro. Se metió en el agua y se fue al medio del río de aguas turbias, como si fuera el Río de la Plata. Ahí se ubicó y con su mediomundo, en media hora habrá sacado seis dorados, solamente seis: los sacrificaba en el acto y los guardaba en un bolsito. Después guardó sus cosas y se fue, dejándonos con la boca abierta.
Eso nos muestra su sabiduría, su sentido de lo que es la naturaleza. El fue a buscar su alimento, sacrificó lo justo y necesario, no se llevó 60 dorados, solamente lo que necesitaba para alimentar a su familia. Los indios son muy sabios, ellos toman de la naturaleza lo que necesitan para sobrevivir".
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