Jésica Pérez: "Me iba a pegar y me tenía que defender de alguna manera"

Jésica Pérez:

La joven acusada por el crimen de Matadero, rompió el silencio y contó la violencia a la que era sometida por su exnovio. Dijo que lo "lastimó" con el cuchillo cuando le fue a reclamar un televisor que le había robado pero no se dio cuenta de que lo había matado.

 

Jésica Pérez, la joven acusada del homicidio de su exnovio, Juan Emilio Cisneros, este jueves, antes de los alegatos que se escucharán la semana próxima, habló y dijo su verdad. Dijo que había ido a buscar un televisor que le había robado y que llevó el cuchillo porque él le “iba a pegar” y se “tenía que defender de alguna manera”.

La joven, de 24 años, relató ante los jueces una odisea de violencia, maltrato y abandono en su vida. Y aseguró que ese día pensó que lo había “lastimado” pero no que lo había matado. El martes próximo escuchará los alegatos en los que la fiscala Cecilia Martini puede pedirle una pena mínima de 8 años de prisión y la defensora oficial, Cristina Albornoz, argumentará que actuó bajo emoción violenta, sin control de sus actos.

Pérez permanece con arresto domiciliario desde marzo de 2012 junto a sus dos hijos, de 6 y 9 años. Este jueves pidió hablar en la indagatoria y le contó a los jueces que cuando se levantó aquel domingo un hermano le avisó que le habían robado el televisor y ella se fue a buscar a “Emilio” a Matadero porque la había amenazado con robarle las cosas.

“Fui a lo de la madre y no lo encontré. No sé cómo llegué donde estaba. Golpié (sic) y me dijo que me vaya porque me iba a cagar a tiros. Cuando sale, le doy con el cuchillo. Ahí lo lastimé y me fui”, relató.

“Llevaba el cuchillo como protección, porque me golpeaba donde me veía. Hacia poco, a la vuelta de mi casa, iba con mis dos hijos, me había pegado una piña y se dio a la fuga. Quedé tirada”, recordó. “Era la única manera de defenderme. Me seguía a todos lados. Y cuando le mostraba el cuchillo se hacía para atrás”, confió.

-¿Por qué tenías ese cuchillo? –le preguntó la defensora.

-Siempre lo llevaba conmigo porque sabía que me tenía que enfrentar a él. Tenía que ir prevenida porque me metía en Matadero. Otra, me iba a pegar y me tenía que defender. De alguna manera.

Calvario

Pérez narró un calvario de amenazas y violencia por parte de su pareja. “La primera vez me desacomodó todos los dientes de la piña que me pegó”, dijo. En otra ocasión le dio piñas en la espalda y estuvo una semana con problemas para respirar. Contó que no lo denunciaba porque en los códigos barriales se hubiese convertido en una “vigilante”. También dijo que una vez Cisneros le pegó a su hija con un cuchillo en la cabeza y le produjo un corte por el cual la tuvo que llevar al hospital.

La relación duró cuatro años. Durante ese tiempo, él nunca trabajó y ella traía el dinero a la casa. “Se rascaba. Y la plata que le daba la madre nunca llegaba. La gastaba toda en merca”, manifestó. “Cuando no teníamos para comer, ponía mi cuerpo. Había personas grandes que me ayudaban… a cambio de sexo”, confesó entre sollozos

Después, además del ingreso de la tarjeta alimentaria, comenzó a percibir dinero en un taller de panadería con chicas en riesgo del cual participó y fue líder durante más de dos años . “Me gustaba, me sentía bien. Me di cuenta ahí de que tenía otras posibilidades, además de poner mi cuerpo. Él no quería que fuera, decía que era perder el tiempo, que no servía para nada”, contó.

“Yo estaba enamorada de él. Me decía que iba a cambiar. Pero era cada vez peor. Me decía que yo era la mujer de su vida y yo le creía”, prosiguió. Según contó, no la dejaba ponerse ropa ajustada y pintarse porque eso era “de puta” y la aislaba de otras personas: le prohibió que fuera al velorio de su mejor amiga, otra adolescente que había caído en la prostitución y murió cuando un camionero la arrojó del vehículo en la ruta 35.

Cansada de los maltratos y la violencia, tres meses antes del desenlace, Yésica planteó la separación. “Él no quería irse de casa. Yo no quería saber más nada de él. Se empezó a cortar, la última vez se cortó el cuello y fue a parar al hospital”, mencionó.

El corte de la relación agravó el hostigamiento: “Me seguía a todos lados dónde iba. Se aparecía en cualquier lugar. Me decía que no me iba a querer nadie porque yo estaba enferma”.

Con la plata del taller le había comprado una moto a Emilio. Luego de la separación, lo primero que hizo fue comprarse el televisor. Cuando se lo robaron, dijo, sintió “bronca”. “Me la hizo, pensé. Lo voy a ir a buscar y me lo va a tener que devolver”.

-¿Dónde compró el televisor? –le preguntó la fiscal Cecilia Martini.

-Tengo todas las boletas del televisor.

-¿Alguna vez usted le pegó a él?

-Una sola vez. Él se cruzaba de brazos y me decía que le gustaba, que me ponía más linda. Se reía.

-¿Qué le decía cuando le mostraba el cuchillo para que no la molestara?

-Vos te me acercás y te pincho. Él me había dicho que me iba a robar todo.

Abandono y abusos

Jésica Pérez, a instancias de su defensora, también contó delante de los jueces los padecimientos que sufrió desde pequeña. Sus padres “se cagaban a palos” todo el tiempo y “repartieron” los hijos cuando se separaron. A ella la abandonaron en una escuela hogar. Se escapó y vivió en situación de calle con sus hermanos, sin ningún adulto responsable. A los doce años pedían en la calle para poder comer. “Ahí tuve los primeros abusos. Me decían ‘vení que te doy una masita’ y me tocaban toda”, lagrimeó.

A los 12 años una mujer la inició en las adicciones y la prostitución, pero se quedaba con la plata que cobraba. “Era mi fiola”, dijo. Se escapó a Castex y estuvo un tiempo en lo de su abuela materna. Pero “molestaba” y volvió pronto a Santa Rosa.

A los 14 quedó embarazada. No se había dado cuenta –“sentía algo raro en el cuerpo, pero nunca nadie me había hablado”- y cuando ya estaba avanzada una tía la arrimó a la posta sanitaria.

Estando embarazada, se inició la relación con Emilio. “Él sabía que la nena no era de él. Todo el mundo lo sabía. No sé por qué la madre de él dijo eso”, dijo en el juicio.

La violencia que padeció en la vida y en la pareja, finalmente, la transformó de víctima en victimario.

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