—¿Qué es lo que se pone en juego en una elección que parece definida?—La amplitud de la mayoría del oficialismo en el Congreso y el carácter de esa mayoría, porque su homogeneidad será puesta a prueba. No tengo la menor duda de que se fragmentará durante el desenvolvimiento de la crisis.
—Pretendemos ampliar la base social que nos votó y, adicionalmente, ganar el voto de un sector de la base popular del kirchnerismo mediante el corte de boleta. Llamamos al electorado de izquierda a votar por la izquierda.
—¿La pelea por el segundo lugar es clave para la oposición?
—No. Concretamente, el binnerismo tiene posibilidades limitadas de repetir al Frente Amplio de Uruguay. Uno, porque carece de una base social equivalente y porque está en retroceso en su bastión santafesino, y porque no tiene programa frente a la crisis mundial. Sigue siendo una mini-mini-Alianza.
—¿Qué bloque de la oposición cree que le conviene al Gobierno que quede mejor parado?
—Es indiferente. No busca una coalición con la oposición sino su atomización o cooptación. Solamente el Frente de Izquierda reúne la homogeneidad que requiere una oposición política real.
—¿Qué escenario político se imagina a partir del 23 de octubre?
—Durante un tiempo, el bonapartismo presidencial parecerá fortalecido, pero el desenvolvimiento de la crisis minará la capacidad de arbitraje de la Presidencia y la homogeneidad del oficialismo, cuyas grietas ya se perciben.
—Si Cristina saca más de 50% y ninguno de la oposición supera el 20%, ¿cuánto tiempo le llevará a la oposición constituir una alternativa por si fracasa el oficialismo?
—Para los partidos de la oposición tradicional, quizás una eternidad. Para el Frente de Izquierda, ello estará vinculado al desarrollo que la crisis mundial ejerza en la conciencia política de las masas.
—¿Qué va a hacer después del 23 de octubre?
—Aprovecharé la visibilidad política que hemos alcanzado con el Frente de Izquierda para desarrollar un liderazgo político socialista.

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