Dos extremistas palestinos atacaron un templo de un barrio ultraortodoxo durante el rezo y mataron a cuatro fieles, además de a un policía que los enfrentó; Netanyahu prometió "mano de hierro"
ingún lugar es sagrado para la escalada de violencia en esta ciudad venerada por tres religiones, que después de varios meses de tensiones ayer vivió elatentado con más muertes registrado en los últimos años: el asesinato de cuatro judíos en una sinagoga por dos palestinos fuertemente armados que atacaron a discreción, y de un policía que los enfrentó.
El atentado tuvo lugar a las siete de la mañana, mientras una veintena de fieles rezaban en un templo del barrio ultraortodoxo de Jar Nof, del oeste de la ciudad. Las víctimas fueron tres norteamericanos y un británico que emigraron a Israel y tenían doble nacionalidad; en tanto que los atacantes fueron identificados como Uday y Ghasan Abu Jamal, dos primos del barrio de Jabel Mukaber, del otro lado de la ciudad. Cargaban armas blancas y una pistola con las que sembraron la muerte en una jornada que dejó otros ocho heridos y que se atribuyó el Frente Popular para la Liberación de Palestina. Ambos fueron abatidos al enfrentarse con la policía, que perdió un agente.
Las imágenes difundidas por el ejército israelí mostraban a un hombre muerto con un chal de oración judío, un cuchillo de carnicero ensangrentado en el suelo y varias mesas de oración volcadas y cubiertas de sangre. "Oí disparos. Todos los fieles se tiraron al piso y entonces vi entrar a dos terroristas. Uno tenía un arma. Los dos se pusieron a correr a la gente con hachas", dijo Yizhak Hesh, que sobrevivió al ataque.
"Miré y vi a alguien disparando a la gente a quemarropa. Después alguien llegó con lo que parecía un cuchillo de carnicero y se volvió loco", dijo otro testigo, Yosef Posternak.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, advirtió que su gobierno reaccionará "con mano de hierro a este asesinato de judíos" y ordenó que las casas de los asaltantes sean destruidas.
La muerte en un lugar de culto echó más leña al fuego en una ciudad donde, desde julio pasado, se registra una fuerte tensión entre árabes e israelíes, en particular por el acceso y uso de la Explanada de las Mezquitas, el tercer lugar más sagrado del islam, llamado también Monte del Templo por la tradición judía y situado en la Ciudad Vieja.
También en julio, extremistas judíos quemaron vivo a un adolescente palestino para vengar la muerte de tres jóvenes israelíes. Desde entonces se registran enfrentamientos nocturnos cotidianos en la parte oriental y de mayoría palestina de la ciudad, donde los jóvenes se enfrentan con piedras a los policías.
La escalada franqueó una nueva etapa el mes pasado, cuando un palestino embistió con su coche una estación de tranvía y causó la muerte de un bebe de tres meses. Otros dos extremistas palestinos siguieron su ejemplo con ataques en Jerusalén y Cisjordania. También en Cisjordania, colonos israelíes le prendieron fuego a una mezquita en un acto vandálico que no dejó víctimas.
"Hay quien nos quieren echar de nuestro país y de nuestra capital, no lo van a conseguir. Estamos en un combate por Jerusalén, nuestra capital eterna", dijo ayer Netanyahu. Israel considera Jerusalén su capital "eterna e indivisible", a pesar de que la comunidad internacional no la reconoce y de que los palestinos reclaman al menos el sector oriental como capital de su futuro país.
En la Franja de Gaza, escenario de la guerra que dejó más de 2000 muertos a mediados de año, el ataque fue saludado como un "acto heroico" por el movimiento islamista Hamas. El vocero Mushir al-Masri dijo que se trataba de una "reacción natural" en venganza por la muerte de un chofer palestino que apareció el domingo colgado dentro de su colectivo. Y como suele suceder en esta espiral inagotable, hubo dos explicaciones del mismo hecho: para los israelíes, fue un suicidio, y para los palestinos, un asesinato.
Netanyahu dijo que el atentado fue el "resultado directo de la incitación" encabezada por Hamas y el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas. Sin embargo, Joram Cohen, jefe de los servicios secretos israelíes, el Shin Bet, negó que Abbas siguiera una retórica incendiaria. "No le interesa el terrorismo y no está incitando a la violencia, aunque una parte de la opinión pública entienda así sus declaraciones", señaló.
El propio Abbas condenó los asesinatos de la sinagoga, aunque culpó de la violencia a las redadas israelíes en mezquitas, a las provocaciones de los colonos y a la incitación de ministros israelíes de línea dura.

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