Del júbilo a la furia en Egipto: Mubarak sigue en el poder

Negó las fuertes versiones de que iba a renunciar
EL CAIRO.- Del júbilo a la furia. En una de las jornadas más dramáticas de los últimos días en Egipto, en la que primero pareció que los militares habían dado un golpe y un país entero creyó que, finalmente, después de 17 días de masivas protestas, el presidente egipcio iba a renunciar, Hosni Mubarak volvió a reiterar que seguirá en su sillón presidencial hasta septiembre, aunque delegará algunos poderes en el vicepresidente, Omar Suleiman.

En lo que fue considerado un insulto para los cientos de miles de egipcios que desde el 25 de enero reclaman pacíficamente el fin de la autocracia del "Faraón" en multitudinarias manifestaciones en la plaza Tahrir así como en el resto del país, Mubarak, de 82 años y tres décadas en el poder, no dio ningún paso al costado, como habían anticipado algunos voceros de su partido, sino todo lo contrario.

"Delego mis poderes en el vicepresidente en base a lo previsto en la Constitución hasta las nuevas elecciones, que tendrán lugar en septiembre, en las que no seré candidato", dijo Mubarak, en un discurso que fue transmitido por la televisión estatal. El embajador egipcio en Washington, Sameh Shoukri, aseguró anoche que Suleiman es el nuevo jefe de Estado "de hecho" del país, pero la Casa Blanca, que siguió con confusión los hechos de ayer (ver Pág. 4), dijo que "no está claro" que la transmisión de poder es "significativa o suficiente".

En su discurso, el mandatario también desafió a la comunidad internacional al asegurar que no va a aceptar "órdenes de afuera", en alusión a los pedidos de una inmediata transición de Estados Unidos y la Unión Europea. Se comprometió a poner en marcha las reformas ya prometidas los días pasados, incluso la abolición de la ley de emergencia vigente desde 1981, que le permitió reprimir a las voces disidentes.

Los manifestantes que exigen la renuncia del mandatario se mantienen movilizados en la plaza Tahrir de El Cairo - Foto: Reuters

Los manifestantes que exigen la renuncia del mandatario se mantienen movilizados en la plaza Tahrir de El Cairo - Foto: AFP

Los manifestantes que exigen la renuncia del mandatario se mantienen movilizados en la plaza Tahrir de El Cairo - Foto: AFP

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Mubarak admitió incluso "errores" y pidió perdón a las familias de las víctimas de las últimas semanas de la revuelta -en la que se registraron 300 muertos y más de 4000 heridos-, que le hacían "llorar el corazón".

En su tercer discurso desde que estalló la rebelión -todo el mundo pensaba que iba a ser el último-, Mubarak se mostró como una persona totalmente ajena a la realidad. De hecho, mientras hablaba, las miles de personas que volvieron a copar la plaza Tahrir y que horas antes habían festejado con bombos, banderas y bailes lo que se creía iba a ser su discurso de despedida, lo silbaron, abuchearon y humillaron mostrando zapatos y su pulgar hacia abajo. "¡ Erhal ! ¡Erhal !", "¡Andate! ¡Andate!", gritaba la multitud en la plaza Tahrir, furiosa y consternada por el discurso del rais .

Ignorando las señales de que el pueblo egipcio está harto de él y de su régimen -como demostraron las multitudinarias e históricas manifestaciones, a las que se sumaron sindicatos y profesionales de todos los sectores-, el rais hasta tuvo el coraje de decir que hablaba "con un discurso del corazón, con un discurso de padre a hijo".

En lo que fue visto como una cachetada a los protagonistas de la revolución que está inflamando a Medio Oriente, Mubarak dijo estar "orgulloso de ustedes [por los manifestantes], que quieren un cambio".

Como había hecho en su último discurso, evocó su pasado militar, sus días como combatiente en la guerra de 1973, y reiteró que iba a morir en su tierra, lo que enfureció aún más a los manifestantes (ver Pág. 4).

Video: Mubarak no renuncia (C5N)

El discurso de Mubarak llegó al final de una jornada de máxima tensión, en la que resultaba imposible saber qué pasaba realmente. En un momento, de hecho, pareció que había tenido lugar un golpe militar. No sólo por la multiplicación de la presencia de uniformados y tanques en la calle, sino porque un vocero militar hizo saber que "las demandas de los jóvenes iban a ser satisfechas".

Se había reunido con urgencia el Consejo Superior de las Fuerzas Armadas para analizar la crisis. Y la televisión estatal mostró imágenes de una reunión de militares, liderada por el ministro de Defensa, Mohammad Tantawi, en la que saltaba a la vista la ausencia de Mubarak, comandante en jefe de las fuerzas armadas, dato más que significativo. Más tarde, un "Comunicado número 1" que parecía confirmar que los militares habían tomado el poder anunció que las fuerzas armadas egipcias se estaban movilizando para cuidar el país y las aspiraciones del pueblo.

De ahí comenzaron a correr todo tipo de rumores. Que Mubarak se había ido a su residencia de Sharm el-Sheikh, que un avión lo había llevado a los Emiratos Arabes, que estaba por hablar para anunciar que renunciaba por el bien de Egipto.

No por nada en la plaza Tahrir desde el atardecer comenzaron los festejos por lo que se consideraba una victoria popular. El mayor general Hassan Roweny, de hecho, había declarado previamente a los manifestantes: "Todo lo que quieren se cumplirá". La ducha fría, o la triste realidad de un régimen que parece cada vez más en su fase terminal, llegó entrada la noche, cuando habló Mubarak.

Luego, en las pantallas apareció su mano derecha, Suleiman, también una figura deslegitimada después de sus amenazas de golpe de anteayer. En lo que pareció una última advertencia, llamó a los miles de egipcios de la "revolución" a volver a sus casas. "Ustedes son parte de un pueblo de héroes, unamos nuestras manos por amor a la patria", exhortó Suleiman. Pero también el ex jefe de Inteligencia del régimen, de 75 años, fue abucheado por la multitud.

"El no les habló a los egipcios, él los amenazó", dijo a La Nacion Yasser Salama, uno de los activistas de la plaza. Más allá de la furia por el "doble insulto", los manifestantes, que en los últimos días redoblaron su apuesta y acamparon frente al Parlamento y otros ministerios, no bajaron los brazos. Para hoy, día sagrado para los musulmanes, se espera una masiva e histórica manifestación, en la que la consigna es lograr sacar a la calle a 20 millones de personas. Pero el temor es que todo termine en un baño de sangre.

La rebelión: día 17

* No dimite. Pese a los intensos rumores de renuncia que circularon durante todo el día de ayer, el presidente Hosni Mubarak anunció en un discurso televisivo que continuará en el cargo hasta las elecciones de septiembre y que delegará poderes en el vicepresidente Omar Suleiman.

* Furia. Los miles de manifestantes reunidos en la plaza Tahrir, en un principio jubilosos ante los rumores de renuncia, se mostraron enfurecidos luego del discurso de Mubarak. "¡Vete, Vete!", "¡Te vamos a enterrar!", clamaron.

* Golpe de Estado . Antes del discurso, las fuerzas armadas habían anunciado en un comunicado que estaban movilizándose para cuidar al país y las aspiraciones del pueblo. Algunos pensaron que podía ser un golpe de Estado.

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