Una plataforma manual, varias adaptaciones en el interior y un sistema de seguridad de excelencia transformaron a la Partner modelo 2007 en un transporte ideal para personas con movilidad reducida. El ideario de este sistema es Javier Bulant, quien patentó su diseño. Ahora busca que su invento sea modelo en el resto del país.
A simple vista la Peugeot Partner gris modelo 2007 parece una camioneta completamente normal, como cualquier otra. Sin embargo, tiene mucho de especial por dentro.
Una plataforma manual, varias adaptaciones en su interior y un sistema de seguridad de excelencia transformaron el vehículo en un transporte ideal para personas con movilidad reducida, temporaria o permanente. El novedoso sistema ya fue patentado y su creador pretende que se lo tome como modelo en todo el país.
Su iniciativa, de hecho, ya fue evaluada por distintas empresas de salud, ya que permitiría brindar un servicio extra a aquellos afiliados que lo necesiten. También llamó la atención de funcionarios municipales y hasta al propio Intendente, que el año pasado, cuando Javier recababa información sobre cómo habilitar su invento, quedó sorprendido con la propuesta. El transporte también fue visto con buenos ojos desde el Consejo de Discapacidad de Olavarría.
La idea tuvo sus raíces en la propia personalidad de Javier Bulant. "Soy un tipo inquieto", se autodefine. "Me dedico a varias cosas a la vez", explica el técnico electromecánico recibido en la vieja Escuela Industrial y actual jefe de automotores de Coopelectric.
Con un trabajo estable y una familia formada, a sus 50 años este olavarriense no se conformó y decidió hacerse camino en un proyecto que tenía en mente hacía tiempo. Autodidacta e inquieto, Javier Bulant asume que sus estudios en la secundaria fueron la base de su propuesta, mientras muestra entusiasmado cada detalle de su invento frente a la cámara fotográfica de EL POPULAR.
Todo nació hace unos años, cuando el propio Bulant debía llevar a su esposa a Tandil por un tratamiento para su columna vertebral. Tres meses fueron los que duraron esos viajes constantes entre una ciudad y la otra. "Y a mí me gusta inventar, investigar y observar...", explica.
Esos tres pilares fueron los que se impusieron por sobre todo para que Javier empezara a trabajar en una idea novedosa y -por qué no- también solidaria.
"Estando en la puerta de esa clínica donde la llevaba a mi esposa, en Tandil, observaba cómo bajaban a las personas de las ambulancias para hacerse estudios o tratamientos en ese lugar. Cuando llegué acá observé que pasaba lo mismo, y las situaciones se repetían en otras localidades".
¿Su sensación? "Veía a esas personas que no podían movilizarse por sus propios medios como un objeto y no como un ser humano. Eran bajadas entre dos enfermeros y el traslado en ambulancia hacía que los pacientes viajaran oscuros y encerrados".
La realidad no le simpatizaba, entonces pensó en ofrecer un servicio nuevo a través del cual "la gente tuviera oportunidad de sentirse mejor".
Sensaciones e investigaciones
¿Qué sentirá esa persona que no puede valerse por sí misma? ¿Le dará pudor o vergüenza verse en esas situaciones en las que depende de gente desconocida? ¿Cómo serán sus vidas? ¿Se sentirán parte de la sociedad o sufrirán discriminación y exclusión? Para Javier Bulant estos interrogantes existieron antes de su emprendimiento y forjaron la necesidad de crear algo que los ayude.
"Lo primero que pensé era cómo podía ser que todavía nadie hubiera hecho un vehículo confortable que se adaptara a la gente con movilidad reducida. Existen las combis con plataforma, también las ambulancias, pero yo quise hacer algo individual, un transporte que sea familiar", cuenta ya con su sistema perfectamente acreditado y viable.
La intención, desde el comienzo de la iniciativa, "era ofrecer un servicio puerta a puerta donde las personas con este impedimento para moverse pudieran viajar con su familia a cualquier parte del país o hacer lo que les plazca: ir al teatro, ir a ver a sus hijos o ir a cenar".
El primer paso en este camino fue la investigación. "Me puse a charlar con gente que conoce de cerca la problemática de las personas en sillas de ruedas y muchos coincidían en que era todo un desafío poder trasladarlos fuera o dentro de la ciudad porque para muchos el único medio de movilidad era la ambulancia, un trasporte frío y también costoso".
A eso se suma una ciudad en las que las rampas todavía siguen siendo insuficientes, "yo he visto a gente en silla de ruedas golpeando un vidriera para que el vendedor salga del local y lo ayude a ingresar al negocio. La mayoría de las construcciones tienen escalones y se hace imposible el acceso para personas que tienen este problema", sentencia Javier.
E incluso, el segundo pasajero que tuvo la reformada Partner planteó haber sentido la discriminación en carne propia. "Es un chico de 37 años, con hijos en edad escolar. Vive en Tandil y está cuadripléjico. El me dijo que ni siquiera los remises lo iban a buscar a su casa porque ya conocían dónde vivía y cuando lo llamaban desde ese domicilio, directamente no acudían al llamado".
De ahí que Javier expone la importancia de que su sistema sea modelo a seguir en distintas partes de la provincia de Buenos Aires y del país. Es que su invento es adaptable a cualquier marca de furgón, "no es necesario que sea una Partner" y cumple con todas las medidas de seguridad exigidas.
La reforma del vehículo, que a simple vista es imperceptible, le llevó hace un año una inversión de 15.000 pesos. Ahora Javier piensa en vender una camioneta suya modelo 1999 y comprar otro vehículo similar a la Partner para hacerle lo mismo. Lo que sucede es que su transporte fue tan bien visto que "no quiero fallarle a nadie y cumplir con todos".
Hidráulica y mecánica
La reformada camioneta fue posible gracias a los conocimientos que Javier tenía de la hidráulica y la mecánica. "Lo primero que hice fue desarrollar un montón de plataformas para que funcionaran en un vehículo chico, de no más de cinco personas. Pero después de crear esas plataformas pensé en las personas que iban a manejar el vehículo en estas situaciones y me di cuenta de que un simple chofer no tiene por qué conocer de hidráulica y mecánica ante algún imprevisto, así que tiré todas las plataformas que había hecho y pensé en un sistema más simple", explica.
Así fue que ideó "una plataforma manual con un cajón en donde se deposita la silla de ruedas, más dos asientos atrás que acompañan a esta persona permanentemente. De esta manera, la persona en silla de ruedas puede ir compartiendo un viaje o una salida con su familia y puede ir mirando por las ventanas a su alrededor, lo que hace que disfrute del paseo", cuenta Javier.
Además, el vehículo ofrece "tomas para conectar una computadora portátil" y también tiene una pantalla de TV "por si quieren ir mirando alguna película".
En cuanto a seguridad, dispone de todas las medidas. Tiene cinturones fijos para sostener la silla de ruedas en caso de un accidente y también un cinturón inercial que se destina a la persona que viaja sobre esa silla. "Todo está aprobado por ingenieros del Colegio de la Provincia de Buenos Aires", sostiene.
Para lograr todo este dispositivo, Javier tuvo que consultar y trabajar a la par de ingenieros, porque "tuve que hacer cálculos de torsión, estudiar qué sucedería cuando el vehículo doblara o cuando volcara". También se estudió el comportamiento del caño de escape y del sistema de frenos, ambas cosas amoldadas a lo que sería la nueva realidad de la furgoneta gris. Y hacer un estudio exhaustivo en cuanto a peso y medidas.
Con todo, "puedo asegurar que tiene una seguridad de excelencia. Es imposible que le suceda algo a la persona que viaja en esa silla", sostiene. Así, no sólo logró la aprobación del Colegio de Ingenieros a nivel Provincia, sino también todos los permisos necesarios otorgados por la Secretaría Nacional del Transporte, trámites que le llevaron largo tiempo.
La tarea no fue sencilla, pero ahora comienza a dar sus frutos. "La cuestión humana es lo que me interesó desde un comienzo. "Ver a una persona sentada en silla de ruedas en mi camioneta por primera vez es una satisfacción", describe Javier.
También detalla: "Mi vehículo tiene eso, puedo subir a un pasajero en dos minutos casi sin tocarlo y con todas las medidas de seguridad. Cuando me subo adelante, hago dos cuadras y miro por el espejo retrovisor la alegría que tiene ese pasajero, no lo puedo creer. Ese es el mejor regalo que puedo recibir".
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