Advierten que el nivel de radiactividad en algunos productos es más alto de lo que se creía; podría haber desabastecimiento en Tokio
TOKIO.- Kanako Nagata revisa al detalle las descripciones en los envoltorios cerrados de lechugas y repollos. En un mercado del barrio de Ginza, de esta capital, busca con paciencia el origen de las verduras. "Para estar tranquilo. Nada que venga de Fukushima, Miyagi o Ibaraki. Eso nos comunicó el gobierno", dice, con una sonrisa, en referencia a las prefecturas de la costa nordeste donde se detectaron alimentos contaminados.
Los continuos avances en la pelea para evitar un desastre mayor cerca de la dañada planta nuclear de Fukushima I, que han ayudado a calmar la ansiedad en esta ciudad, están siendo empañados por la detección de altos niveles de radiactividad en ciertos alimentos, así como en el agua potable y marina. Esto se convirtió en la mayor preocupación de los japoneses, especialmente después de que las autoridades advirtieron que es "más grave" de lo que se pensaba en un principio.
Como miles de tokiotas, Nagata parece seguir al pie de la letra las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que se mostró sensiblemente alarmada. "La gente en Japón tiene que ser cautelosa con lo que come y lo que bebe -señaló su vocero para la región, Peter Cordingley-. El gobierno debe tomar decisiones rápidas al respecto."
También el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) confirmó que la radiación en algunas muestras de leche, agua y vegetales era "significativamente superior" a los niveles que el país aprueba para consumo, en tanto que las autoridades analizaban hoy un estricto plan para limitar la distribución de alimentos provenientes de las áreas afectadas.
Hasta hace unos días, cuando el Ministerio de Salud las redactó apurado por la crisis nuclear, no existían en Japón normas claras para los niveles de radiación en los alimentos, lo que provocó protestas públicas de muchos ciudadanos, que se sienten desprotegidos por el gobierno.
Según los expertos, los niveles de yodo 131 caen rápidamente y no generan un temor de largo plazo, pero otro elemento radiactivo, el cesio 137, "puede permanecer en la tierra por un período largo de tiempo" y podría ser potencialmente absorbido por las plantas, elevando los riesgos.
Los científicos creen que el hecho de que la Unión Soviética no impidiera que los chicos que vivían alrededor de la planta de Chernobyl bebieran leche después de la explosión del reactor, en 1986, provocó miles de casos de cáncer de tiroides.
Después del fin de semana largo (ayer fue feriado por el día de la primavera), miles de japoneses le pondrán punto final al exilio forzado por el temor a la radiación. La llegada masiva de gente a Tokio podría agudizar un problema que genera aquí mucha preocupación: el abastecimiento de verduras y agua embotellada, que ayer, según pudo comprobar La Nacion, escaseaba en distintos mercados.
"La gente está confiada porque se superará la crisis [en Fukushima I]. Varios ya habían empezado a volver, pero la mayoría seguramente llegará a partir de hoy. La gente vuelve por el trabajo y porque está perdiendo el temor", señaló Hiroshi Hishama, un empleado tokiota que prefirió resistir la crisis en su ciudad.
La incertidumbre por el abastecimiento fue también el principal tema en las portadas de hoy de los diarios de la capital. Cientos de familias japonesas que regresaban ayer en tren bala a Tokio procedentes de Osaka, Kyoto y Kobe, unos 500 kilómetros al Sudoeste, tomaron precauciones: en sus equipajes no faltaban, casi sin excepción, botellas de agua.
Muchos también llevaban bolsas con frutas. "Son para nosotros y para los amigos en Tokio que nos pidieron que les llevemos" provisiones, comentó a La Nacion, en pleno viaje, Yomiuri Shimbun.
La contaminación se había extendido ayer al agua marina cerca de la central nuclear, donde se detectaron niveles "excepcionalmente altos" de sustancias radiactivas, informó la empresa que opera la planta, Tokyo Electric Power (Tepco). El nivel de yodo y el de cesio fueron respectivamente 126 y 25 veces superiores a las normas fijadas por el gobierno.
En tanto, otra alarma ayer hizo revivir viejos fantasmas en Fukushima I, cuando dos nubes de humo gris que se elevaron sobre los reactores número 2 y 3 volvieron a dominar el paisaje de la central, horas después de que Tepco anunciara que estaba cerca de conectar el suministro eléctrico en los seis reactores y cuando el propio primer ministro japonés, Naoto Kan, había asegurado que la situación mejoraba "poco a poco".
El incidente obligó a evacuar a parte del personal que lucha para contener la fuga radiactiva que tiene en vilo a Japón. Más tarde, la compañía llevó tranquilidad al informar que la nube de humo del reactor 2 sólo era vapor.
Para la tranquilidad de este país y del mundo, el incidente no frenó el moderado optimismo del OIEA: la situación sigue siendo "muy grave", dijo, pero agregó que no tiene "ninguna duda" de que la crisis "será superada con éxito".
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