Muchos creen que la tragedia puede profundizar la crisis; otros, que será una oportunidad
"Nunca había visto algo igual en los 40 años que trabajo aquí", dice el señor Okuda.
En esta ciudad que aún lucha a brazo partido para superar la catástrofe, casi no se discute que el peor terremoto que azotó a Japón en su historia moderna marcó un punto de inflexión. Pero lo que nadie sabe es en qué dirección se disparará el impacto: si acentuará la crisis política y económica en la que está sumido el país desde hace años, o si podrá ponerse rápido de pie y marcar el comienzo de una nueva era, como cuando enfrentó otras tragedias.
Muchos japoneses no dudan y mantienen en alto la confianza. "Somos un pueblo de mente fuerte. Estoy seguro de que nos recuperaremos pronto", augura Okuda, antes de seguir a los gritos con su oferta de caballa española fresca.
"Después de la Segunda Guerra Mundial y las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki, nos levantamos. Igual que en otros desastres naturales, como en el terremoto de Kobe. Ahora, aunque lo que pasó tiene otra dimensión, volverá a pasar lo mismo", asegura a La Nacion Saduo Sacamoto, un joven ejecutivo de una firma financiera en Tokio, nacido en Hiroshima.
En su momento, la reconstrucción de Kobe, unos 500 kilómetros al sudoeste de Tokio, pocos años después de la devastación del sismo de 1995, generó asombro por su velocidad y eficiencia.
"Creo que en el corto plazo soportaremos algunos problemas, sobre todo económicos. Pero en el largo, Japón seguirá como potencia -agrega Sacamoto-. No tengo dudas de eso. Es cierto, mucha gente quedó atemorizada. Pero aquí ya todos sabemos de los temblores. Convivimos con eso. Nadie puede estar sorprendido."
Más allá va el economista Naohisa Takeda, de 36 años, que en el medio de la crisis vislumbra una oportunidad de crecimiento para el país. "Los últimos años no han sido buenos para Japón. Ha sufrido un estancamiento al que no estábamos acostumbrados. Pero éste es un quiebre, y como tal habrá que saber aprovecharlo para renacer más fuertes", dice a La Nacion.
Sin embargo, hay quienes son más cautos, y creen que el dolor que produjo el sismo podría volver con más intensidad en poco tiempo más. "El japonés es un pueblo acostumbrado a los grandes desafíos. Pero hay que estar atentos. Pasados los primeros meses de los trabajos de reconstrucción, cuando todo esto se asiente, y nos demos cuenta de la real gravedad de la situación, podría haber una recaída", advierte Kenji Sato, profesor de sociología de la Universidad de Tokio.
Capacidad de recuperación
El temor a un nuevo desastre es el sentimiento general que se ha apoderado de los miles de sobrevivientes que vieron cómo una pared de agua lo arrasaba todo: sus seres queridos y sus pueblos costeros, que fueron borrados del mapa por el tsunami.
"De todas formas, creo profundamente en la capacidad de recuperación de los japoneses, y en que se sostenga esta reacción ordenada y eficaz ante la crisis", señala, optimista, Sato. "El sufrimiento compartido y el orgullo por la capacidad para recuperarse de los desastres naturales siempre han sido un factor de unión para este país. Esta no será la excepción", añade, en diálogo telefónico con La Nacion.
Cuando Japón resucitó luego de otros desastres -como el terremoto de 1923, que destruyó Tokio, o el de 1995, en Kobe- y de la guerra que en 1945 terminó con la destrucción de Hiroshima y Nagasaki, era un país vigoroso, joven y en crecimiento.
Pero hoy la situación es muy distinta, recuerda el historiador Kazutoshi Hando. Existen muchos factores en contra de la reconocida capacidad japonesa para llevar adelante con éxito la reconstrucción que el país necesita: la falta de una dirigencia nacional fuerte, una fortaleza económica en franco descenso y la merma de jóvenes en la región más golpeada, la del Nordeste. Un problema, el del envejecimiento, que amenaza el futuro del archipiélago.
Para el gobierno del impopular premier Naoto Kan, el impacto del desastre podría ser demoledor. La dirigencia del Partido Demócrata de Japón -en el ojo de la tormenta desde hace meses por los recortes sociales, el estancamiento económico y los escándalos de corrupción- fue criticada por la población por su lenta reacción frente a la emergencia. El terremoto desnudó la falta de credibilidad en las autoridades, con Kan a la cabeza, en un país aún herido por la pérdida a manos de China, el año pasado, del segundo puesto entre las potencias económicas mundiales.
"El pueblo japonés ha sido puesto a prueba una vez más. No nos desanimemos. Afrontemos esta crisis juntos, con determinación, que una vez más reconstruiremos Japón", fue la arenga de Kan, que apeló a resaltar los rasgos de resistencia y perseverancia. Los mismos a los que apuestan los japoneses para superar la que ha sido la peor tragedia para el país en 65 años.
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