El senador provincial cree, además, que él está en su mejor momento para conducir al radicalismo otra vez a la Gobernación.
Es un hombre cercano al poder en los últimos diez años. Fue ministro de Gobierno de Roberto Iglesias, vicegobernador y actual senador provincial. Fue presidente del radicalismo en dos oportunidades y titular de Consenso Federal (Confe), el partido que Cobos creó cuando se fue del radicalismo y se quedó fuera del proyecto concertador del kirchnerismo por su voto no positivo.
Esa presencia en los círculos áulicos mendocinos no lo ha transformado en un personaje oscuro. Por el contrario, es reconocido por propios y extraños como parte de una estirpe de políticos de buen diálogo y mucha muñeca. Mucho antes, allá por el retorno de la democracia, fue parte del directorio del Instituto Provincial de la Vivienda, durante el gobierno de Santiago Felipe Llaver, “la gestión que más viviendas hizo en la historia del IPV”, dice con orgullo y picardía, para apuntar las carencias en ese sentido de la actual gestión.
- Usted es un tipo muy reconocido en el ambiente, como un político con códigos…
- Uno de mis grandes orgullos, cuando dejé la Vicegobernación, fueron las expresiones de toda la Cámara de Senadores y, más aún, de aquellos que eran fuertes opositores, como Jorge Tanús. Incluso con quienes tuvimos dificultades por la ruptura del radicalismo. Con los bloques radicales mantuve una muy buena relación, que nunca terminaron de afectar la gobernabilidad ni el funcionamiento de la Cámara.
El secreto está en ponerse en la posición del otro. Cuando uno se sienta frente a un adversario, hay que comprenderlo desde el lugar donde él está.
En algunos temas hay que conocer la situación en la que está el otro y saber cómo actuaría uno.
- ¿Por qué quiere ser gobernador?
- Creo que estoy en el mejor momento, por mi edad y mi experiencia. Ser gobernador es una ambición y un logro que me permitiría terminar mi carrera política de la mejor manera. No tengo más ambición que ésa. Pero tampoco son ambiciones desmedidas. Soy consciente de que el radicalismo tiene muy buenos candidatos. Muchos y buenos. Todos con legítimas aspiraciones.
El radicalismo tiene cuadros políticos y de gestión que registran pocos antecedentes en la historia de Mendoza. El radicalismo estaría en condiciones de gobernar a las 24 horas que nos digan que lo hagamos, porque tenemos equipo para hacerlo.
- Hay muchos dirigentes y muchos candidatos, pero están distanciados…
- El radicalismo viene de un proceso muy complicado. De hecho se quebró. Ahora logramos volver y en esa integración se han dado reacomodamientos. Volvió el Confe y retomamos relaciones entre los dirigentes.
Yo le decía a Julio (Cobos): No sólo estamos todos juntos de nuevo; estamos tan fusionados que estamos todos mezclados. Hay grupos que tienen una historia en común y siguen transitando ese camino. El tiempo va a ir reacomodando esa situación.
- ¿Hace falta una interna?
- Hace falta una interna que fije el liderazgo. Pero tenemos que aprender de nuestros errores. Asumo los errores que cometí y los que cometió gente que ha estado al lado mío. Creo que por esos errores, que nos llevaron a la división de la UCR, privamos a los mendocinos de tener otro gobierno radical, que fuera la continuación de las gestiones de Julio Cobos y Roberto Iglesias. Mendoza se hubiera ahorrado muchos de los problemas que tiene, provocados por la actual administración.
Después de este proceso interno inevitable y necesario, debemos estar juntos para gobernar. Cualquiera de los sectores que gane esa interna necesita gente del otro para gobernar, porque en todos los sectores hay hombres de probada capacidad en la gestión pública.
- ¿Cómo evalúa al gobierno de Jaque?
- Creo que hay un problema de gestión que viene, primero, del propio liderazgo del gobernador. El problema de gestión de este gobierno es que no tiene gestión.
Quien gana una elección, tiene que tener el gabinete al otro día. Jaque nombró su gabinete el día anterior a que asumiera. La primera reunión de la transición la tuve yo, que estaba a cargo de la Gobernación, con Alejandro Cazabán 36 horas antes de la asunción. Otro tema es la relación Nación-Provincia.
Es paradójico, pero era mucho mejor con Cobos y con el mismo Iglesias, que tuvo tres presidentes en sus cuatro años de gobierno: De la Rúa, Duhalde y Kirchner; con los tres tuvo una buena relación.

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