El veterano Pier Luigi Bersani, recientemente ganador de la interna del Partido Demócrata, deberá optar por recostarse en las fuerzas progresistas o aliarse a las de centro
LAURA TÉRMINE Buenos Aires
Pier Luigi Bersani tiene amplias chances de convertirse en el próximo primer ministro italiano en las elecciones de marzo o abril, tras ganar las internas del Partido Demócrata (PD), que reúne a ex comunistas, socialistas y democristianos, y cuenta con el respaldo del 35,6% de la opinión pública del país, sumergido en una aguda crisis económica.
Bersani, de 61 años, dirigente del ala de la izquierda tradicional, se impuso el domingo al joven Matteo Renzi (37 años), alcalde de Florencia, un católico que proponía la renovación del PD, con el apartamiento de los dirigentes que mantienen el control de la fuerza desde hace dos décadas.
Tras saltar el primer obstáculo, Bersani, que dio su apoyo a las políticas de ajuste del premier Mario Monti, desde hace más de un año al frente de un gobierno de técnicos que desencantó a los italianos, deberá ahora construir alianzas en torno a un programa que impulse la reactivación y atienda las urgencias en un país donde el desempleo trepó al record de 11,1%, con 2,87 millones de ciudadanos desocupados.
Secretario general del PD desde 2009, y ex ministro de los gobiernos encabezados por el ex comunista Massimo DAlema y el centrista católico Romano Prodi, Bersani se enfrenta a la encrucijada de recostarse sobre las fuerzas más progresistas, como el partido Izquierda, Ecología y Libertad (SEL), encabezado por Nichi Vendola, que alcanzó el 15,6% de los votos en la primera ronda de las internas del PD, o aceptar un eventual gobierno de coalición con fuerzas de centro, que puede incluir al movimiento creado por el empresario Luca Di Montezemelo, responsable de Ferrari.
Por ahora, Montezemelo intenta seducir a Monti a lanzarse a la carrera política para continuar en el gobierno, aunque el prestigioso académico, desgastado por los recortes y acorralado por una economía en recesión, duda en aceptar el desafío, a pesar de ser el preferido de los mercados.
Según números divulgados la semana pasada por la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), la economía italiana se contraerá 2,2% este año y 1% en 2013, contra las bajas de 1,7% y 0,4% que había estimado en mayo pasado. De confirmarse esas previsiones, la organización indicó que Italia necesitaría otro ajuste presupuestario en 2014 para sostener la reducción de la deuda, que concluiría este año en una cifra equivalente al 126% del PBI. Por otro lado, una caída de Italia al precipicio financiero arrastrará al resto de la eurozona, amenazada también por la situación de España y Grecia.
En ese frágil equilibrio en el que deberá encontrar su camino el PD, Silvio Berlusconi, el mandamás de la política italiana durante dos décadas, quedó relegado a un papel secundario. Días atrás dejó trascender que volverá al ruedo con una candidatura por su agrupación Fuerza Italia, que tiene un respaldo del 14% en las encuestas. Habrá que ver hacia donde va el voto de derecha, con su otrora socio la Liga Norte con un exiguo 6% en los sondeos, y sus dirigentes agobiados por escándalos de corrupción. El propio Berlusconi fue condenado en primera instancia en octubre a cuatro años de prisión y de tres a cinco años de inhabilitación por fraude fiscal, y arrastra más de 30 procesos abiertos en su contra.
La otra piedra en el zapato de Bersani es el Movimiento Cinco Estrellas (M5E) del cómico Beppe Grillo, un fenómeno antisistema que surgió por fuera de los partidos tradicionales y recibió el impulso de las redes sociales, actualmente la segunda fuerza política con entre 16% y 20% de apoyo, que rechaza sumarse a cualquier gobierno y centra sus críticas contra la corrupción.

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