Cada día son más las máquinas tragamonedas a las que la gente tiene fácil acceso en cualquier tipo de comercio. También se reproducen los sitios de Internet para jugar online.
Dolores Álvarez
Cada mañana Rosa lleva a Sara en bicicleta al colegio. Minutos después de que su hija entra en la escuela, la mujer de 40 años pasa por el bar de Mauricio, que está pegado a la panadería de la que es propietaria junto con su familia. "Buen día. Cambio, por favor", dice e inicia su jornada, entre trabajo y tragamonedas.
Lejos de combatir la creciente adicción de sus ciudadanos por el juego de azar en tiempos de crisis, el Estado italiano –uno de los más endeudados del mundo con casi 2 billones de euros de deuda pública– otorgó 1000 nuevas concesiones a operadores del sector de las apuestas que, a partir del pasado 3 de diciembre, pueden ofrecer juegos de tragamonedas por dinero real en sus sitios de Internet.
Mientras en las últimas semanas el Ejecutivo discutía cómo "alejar el demonio" con la recolocación de las salas de bingo y slot machines para evitar que estén ubicadas cerca de escuelas, hospitales y lugares de culto, el juego llegó directo a la casa de los italianos: basta un click, un código fiscal (un número de CUIL en Argentina) y una tarjeta de crédito, para apostar cómodamente desde el sillón de casa en uno de los mil nuevos sitios de juego online.
El Estado –que posee el monopolio del sector– había decidido otorgar los nuevos permisos hace un par de años. La resolución pasó indemne por el período de crisis política que terminó con el gobierno de Silvio Berlusconi, en noviembre de 2011, y que ubicó al economista Mario Monti al mando del Ejecutivo.
Muchos analistas aseguran que el "guante de seda" con el cual las instituciones tratan el problema del juego se explica porque el negocio de las apuestas produce un rédito anual igual al 5% del PBI y los permisos a las empresas que manejan el juego dejan en las arcas públicas alrededor de 8000 millones de euros por año. El Estado ayuda poco a combatir la adicción de los ciudadanos y tapa el sol con una mano porque, según el subsecretario de Economía, Gianfranco Polillo, el juego de azar representa la 5ª industria del país.
Se empieza por el prendedor heredado de la abuela, un regalo de casamiento, después se pasa el auto, a la casa. Sara está por cerrar la panadería porque su familia "está llena de deudas". Hace 20 años que vinieron desde Apulia, al sur del país, e "Il Fornaio" tuvo sus tiempos de oro, pero "Italia ya no es lo que era" y Sara cree que con una moneda podría cambiar su futuro.
Para Biagio Simonetta, periodista de Economía de Il Sole 24 Ore, "hay una relación estrechísima entre crisis económica y juego de azar. La empresa del juego es una de las pocas en no sufrir la debacle financiera. Basta con dar una mirada ligera para darse cuenta. Las famosas salas de tragamonedas crecen como manchas de aceite, desde que Italia cayó en la pesadilla de la recesión. Hay una slot machine cada 150 habitantes". «
apuestan hasta los niños
En los primeros ocho meses de 2012, los ciudadanos de Milán gastaron casi 4000 millones de euros en las máquinas tragamonedas, gratta e vinci (raspá y ganá) y otros juegos de dinero fácil. Gracias a esta creciente tendencia, el Estado embolsó más de 1000 millones de euros.
"Antes de pedir ayuda, el milanés adicto es capaz de gastar el 90% de su sueldo", dice Roberto Macin, asistente del Observador de Dependencias de Lombardía, región al norte de Italia que detenta el récord por el número de apuestas.
Por su parte, Ricardo Gatti, guía del Servicio de Dependencia, asegura que el problema principal es la facilidad con la cual se puede acceder al juego. "La edad precoz con la que esto ocurre: el paciente más joven que tuvimos tiene sólo 8 años y en general la primera apuesta se realiza entre los 11 y los 13", afirma.
Según cifras oficiales, cada italiano gasta, en promedio, el 13,5% de sus ingresos anuales en apuestas y juegos de "dinero fácil". Conforme al boletín anual sobre el estado de la salud en Italia del Ministerio de Sanidad, 700 mil personas sufren problemas por su ludopatía (adicción al juego), un número destinado a aumentar si se considera el incremento de la oferta y creciente facilidad con la cual los ciudadanos pueden ingresar en el mundo de las apuestas.

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