Los investigadores señalan una escasa cantidad de personal para trasladar gran número de presos de suma peligrosidad. También advierten la nula ayuda del personal de Ejército.
La cinematográfica evasión de los represores Jorge Olivera y Gustavo De Marchi, que ha generado cruces entre funcionarios judiciales y el Servicio Penitenciario Federal comienza a conocerse a través de las primeras versiones de los hechos, señalando que los dos militares salieron de San Juan como otras tantas veces, con la intención de reencontrarse con sus familiares en Buenos Aires, y a la vez, hacerse atender en el Hospital Militar Central Cosme Argerich de Palermo.
Aquel jueves, Olivera y De Marchi eran llevados por segunda vez, desde que estaban en Buenos Aires, al nosocomio para ser atendidos por los facultativos que le habían otorgados los respectivos turnos médicos. Fueron en una combi del Servicio Penitenciario junto a otros 14 presos y solamente tres custodios, por los problemas de logística que tiene el Penal de Marcos Paz debido a que en función de su población, debe trasladar a una importante cantidad de internos a distintos juzgados y a otros para atención médica simultáneamente.
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