Por Hernán de GoñiEl combustible que moviliza el crecimiento de una economía es la inversión. Ese principio todavía no ha sido puesto en discusión. La fuente mayoritaria de esos recursos suele ser el ahorro interno (que se transmite a las empresas a través del mercado de capitales o bien bajo la forma de créditos). Pero también es relevante el ahorro externo, fondos que tanto compañías como inversores individuales deciden canalizar hacia un país
La Argentina padece hoy un círculo vicioso. La obsesión de la administración kirchnerista por absorber el ahorro interno (como sucedió con las AFJP) y direccionarlo a la obra pública le quitó atractivo a la economía, porque prácticamente concentró el crecimiento en las manos del Estado.
Un ranking de la Fundación Getulio Vargas que mide el clima económico en América latina tradujo este fenómeno con transparencia. Séptimo entre once (detrás incluso de Paraguay y Colombia), está claro que la Argentina no atrae recursos con esta receta. Pocos inversores se animan a atar su suerte a la de un Estado que se comporta como un "gran hermano".
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