La invención de la realidad

Por Ricardo Kirschbaum

En enero, el INDEC ha superado sus propias marcas y quebró una regla que repetía, casi prolijamente, todos los meses: la suba de precios no fue ni siquiera la mitad de la que calcularon los institutos privados. Donde los consultores estimaron 1,7 y 2,1 %, el organismo oficial vio sólo 0,7%.

Increíble e irreal es que informe que el costo de los alimentos subió un 0,2 %, o sea, nada . Y si los alimentos no se mueven, tampoco lo hace el costo de la canasta que mide la tasa de la indigencia. Así resulta fácil decir que el número de pobres e indigentes baja .

Habrá que reconocerle que encontró que la lechuga subió un 30 %. Pero no demasiado: las organizaciones de defensa del consumidor señalan que el incremento fue del 76 %.

Con semejantes dibujos, hasta es posible que el índice de los últimos doce meses arroje un número menor al del año pasado: 10,6 contra 10,9 por ciento . Entonces, ni hace falta hablar de dispersión y distorsión de precios , como dijo la Presidenta siguiendo con el artilugio semántico que había utilizado Boudou. Podría haber dicho, lisa y llanamente, que la inflación bajó .

Claro que nadie creería algo semejante, aunque la credibilidad es una materia que muchos funcionarios no han cursado. Y en esta materia han dado clases de lo contrario.

Nadie conoce, al fin, la realidad de los precios mejor que los propios consumidores. O los mismos sindicalistas, que han abjurado del INDEC y andan reclamando aumentos salariales que llegan hasta el 35 %.

Está visto, entonces, que así pida informes a las facultades de Ciencias Económicas o al mismísimo FMI, el Gobierno seguirá adelante con estas estadísticas. Un método para inventar la realidad .

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