En los pasillos de la jefatura policial en calle 2 de la Capital Provincial todos saben que es solo cuestión de tiempo para un cambio en la conducción política del ministerio de seguridad. Es que el crédito de Cristian Ritondo al frente de la cartera parece haberse agotado luego del fracasado intento de descomprimir la tensión con las fuerzas policiales por el reclamo salarial.
“Lo sacan por inútil” afirman en estricto off the record fuentes cercanas a la cúpula policial, mientras que desde el Sindicato de Policías (SIPOBA) lo tildan abiertamente de “mentiroso”, por haber prometido una equiparación salarial con la metropolitana que no pudo cumplir.
Ritondo no pudo sostener las políticas de Alejandro Granados que había elogiado al comienzo de su gestión como los CPC, la descentralización y la policía municipal y debió dar marcha atrás sobre sus pasos antes de ser desautorizado por María Eugenia Vidal.
Como si esto fuera poco, los anuncios salariales para los efectivos de la fuerza fueron un verdadero papelón y llegaron de apuro para evitar una protesta con retención de tareas que había sido convocado a través de las redes sociales y que afectaría incluso al servicio del 911.
Además el funcionario se vio envuelto en líos de polleras cuando fue mencionado como uno de los culpables de la separación de la gobernadora Vidal, lo cual debilitó aún más la imagen ante sus pares, dejando al ministro al borde del abismo.
Según fuentes confiables de la gobernación, el plan de salida ya está en agenda, pero por el momento no hay nombre para reemplazar a Ritondo, que pasaría a ocupar un lugar como “asesor, porque la gobernadora no quiere tenerlo lejos” dicen con ironía en casa de gobierno.
Es que según las malas lenguas, lo único que sostiene al ministro, más allá de la falta de candidatos para hacerse cargo del “hierro caliente” que significa la cartera de seguridad, serían los “favores” que el más peronista de los dirigentes del PRO le dispensa a la recientemente separada mandataria bonaerense.



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