Un interrogante que entra en el marco de las probabilidades: ¿Y si Aída patea el tablero?

Un interrogante que entra en el marco de las probabilidades: ¿Y si Aída patea el tablero?

De que los radicales, todos, quieren ganar -sean de primera, segunda o tercera línea- no parecieran quedar dudas. 

 Se duda sí y mucho de las actitudes cambiantes asumidas -en los últimos tiempos- por el senador Angel Rozas, aunque luego acompañadas por un paso al costado y por una declaración pública no ha tenido un correlato en el ámbito de la línea Convergencia Social, cuyos hijos maneja cual un hábil titiritero que -tras bambalinas- conserva el poder suficiente sobre muchos de los convencionales que buscan juntar voluntades para quebrar, en el ámbito de la próxima reunión, la línea impuesta por quien es aún, por sobre los radicales, la candidata que representa al sector y a un amplio abanico de voluntades que se ha congregado en torno a su figura y que, si algo le pide a la candidata, es la templanza y la decisión como para mostrar, a los chaqueños, que ella es capaz de protagonizar un nuevo tiempo en la vida política de una provincia que, en los últimos tiempos, pasó de todo, desde los aprietes de Rozas hasta los desvaríos de Bacileff, estilos que chocan contra la idiosincrasia, las esperanzas y el modelo que los comprovincianos esperan para el futuro.

Tres sondeos de opinión que están sobre el escritorio de la jefa comunal de Resistencia le indican, con muy poco margen de error que, y que quienes la acompañan en sus habituales salidas dan testimonio, es el condicionamiento que la propia gente parece imponerle cuando le pide, sin medias tintas, que redoble el esfuerzo para imponerse a los viejos vicios de una política que, a través de las prácticas ya instaladas, busca prevalecer sobre la frescura que pueda representar una candidata que pareciera luchar denodadamente entre lo viejo y lo nuevo.

Hasta ahora la decisión de Aída no está tomada. Hay sí una Convención que asoma a la vista, y que ofrece un escenario que hace recordar aquellos conciliábulos que rodeaban a la elección del Papa en los tiempos de la elección de César Borgia.

Es, en definitiva, la lucha entre lo viejo y lo nuevo. Es la lucha entre dos estilos, en una coyuntura, que demanda definiciones que, aunque traumáticas, terminen de marcar el sello propio y la impronta que le puede dar, a la hoy favorita en todas las encuestas, ese plus que representa la decisión de romper con los viejos moldes.

En este marco, la Convención está a la vista. Lo que no está claro es si Aída jugará en ese terreno, o buscará ella misma marcar la cancha con las reglas con las que se desenvolverá de acá en más, reglas que no supone, ni muchos menos, la exclusión de la primera línea del viejo tronco radical pero sí el ejercicio del liderazgo como para plantearse, con la autoridad que le otorga el reconocimiento de la gente, y con la sabia virtud de dar a cada uno lo suyo desde un poder que a esta altura no admite discusión y que,  en términos de política, no se comparte.

El mensaje en este sentido parece ser claro: Aída puede o patear el tablero antes de la Convención, o llegar a esta sólo para homologar los acuerdos que ella misma geste como actora fundamental y excluyente del tiempo que se viene. Si se diera esta última circunstancia su presencia sería sólo el broche de oro en un escenario donde ya no haya espacio para la discusión y de la cual sólo pueda salir más fortalecida de lo que llegó.

Pensar lo contrario sería poner en duda su capacidad de análisis, acaso como si estuviera dispuesta a retroceder -como en el juego de la OCA, sobre los varios casilleros ganados.

Lo suyo es la gente, radical y no radical. El voto independiente, el macrismo, el massismo, el resto de los aliados, y un sector del peronismo que no se siente contenido por la disputa que hace tiempo ha dejado de ser sórdida entre los Bacileff, Coqui y el resto de un justicialismo sin conducción.

Y, al hablar de los radicales, las encuestas son reveladoras y dan la clara división que hace entre los militantes radicales, incluso los dirigentes de segunda, tercera y aún primera línea que del reducido espectro de las cúpulas que quedaron reducidas a expresión de las prácticas que hoy la gente busca dejar atrás.

En este contexto la cuenta regresiva se abre no sólo para los justicialistas que tienen por delante tiempos más que difíciles a partir del retorno, quizás tardío, como inminente de Coqui.

También para los radicales que con Aída, para muchos La Dama de Hierro, deben resolver como es para ella misma ante la Convención de modo de no quedar en una posición desventajosa ni tener que producir luego de una eventual derrota un quiebre que ya no tendría la misma simbología.

Dos opciones a la vista: una que es precisamente una de las reglas de Tzun Tzu que en su célebre libro «El Arte de la Guerra» dice:

«Obtener cien victorias en cien batallas no es el colmo de la habilidad. Someter al enemigo sin necesidad de librar el combate es, sí, el colmo de la habilidad». Así los que son hábiles en la guerra someten al enemigo sin necesidad de librar la batalla. Al decir de Li Chuan, otro maestro oriental, conquistan mediante la estrategia que, en el caso que nos ocupa, supone saber elegir el terreno, el ámbito para dirimir disputas que ya están dirimidas en el campo de la opinión pública, y a las que cabe sólo darle la formalidad; por derecho si se cuadran al nuevo orden, por izquierda si hay que tomar el bastón de mariscal y desde la posición de fuerza que otorga el reconocimiento de la gente convocar al conjunto del radicalismo a sumarse al Frente que pretende gobernar a los chaqueños.

Las partidos, como tales, han quedando en el tiempo. Nunca se recuperaron de la crisis de 2001 y llevará mucho tiempo para que vuelvan a tener el rol que supieron tener.

El PJ y la UCR son sólo parte de frentes electorales. Ya no son el ombligo del mundo, y así parece entenderlo La Dama de Hierro a quien no le temblaría el pulso para matar la Convención antes que la misma se realice si no ve algo más que gestos claros tendientes a conjugar un proyecto de poder que entusiasme al millón de chaqueños y no a un conjunto de convencionales que intentan condicionar su gobierno, algo que en términos de opinión pública tiene un alto costo.

La Dama de Hierro se ubica en el centro del ring

Aída Ayala deshoja la margarita respecto a cómo actuar frente a la Convención. Está convencida de que su proyecto excede en mucho a los radicales, y que en la Convención no está genuinamente representada la voluntad de un radicalismo que quiere recuperar el gobierno. No se descarta que, antes de esta, termine por patear el tablero. Si va, va a ser para dar el broche de oro a acuerdos que entren dentro de la lógica que pide la realidad del Chaco.

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