Intento para borrar la mala praxis presupuestaria

Hernán de Goñi

Los reiterados intentos del Congreso por establecer algún tipo de control sobre el gasto público han sido infructuosos. El Presupuesto 2011 es el ejemplo más extremo, ya que la pulseada por modificar varias de sus partidas (entre ellas la que contempla el pago de jubilaciones) terminó por bloquear el tratamiento parlamentario y le dio al Gobierno la excusa perfecta para acudir a un instrumento “ochentista”, que es la adecuación por decreto de la distribución de recursos del año anterior.

Lo que ahora trata de hacer la oposición es recuperar el terreno perdido: intentará habilitar el tratamiento legislativo del proyecto que envió originalmente el Poder Ejecutivo, para que al menos la existencia de la ley obligue al Gobierno a ceñirse a los mecanismos legales de ampliación, o en todo caso, dejarlo claramente en off side cada vez que recurre a un decreto.

Aunque la movida tiene intencionalidad política (como casi todo lo que sucede en un año electoral) es de esperar que tanto diputados como senadores se convenzan de que someterse a una regla que contribuye a transparentar la gestión, aún cuando eso implique algún costo político, será siempre más beneficioso que convalidar un mecanismo que legaliza la arbitrariedad.

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