Intento de asalto, tiroteo y un ladrón baleado en un gimnasio

El delincuente entró y disparó dos veces. Entre los clientes había un policía Por lo menos dos estruendos retumbaron en el galpón donde funciona un gimnasio de la zona de la Terminal.
Un minuto después se agregaron varios estampidos más. Algunos vecinos que viven a una cuadra creyeron que eran jóvenes en moto haciendo “cortes”, pero no: fue un tiroteo dentro del local que se desencadenó cuando un policía evitó un asalto, dejando herido de un disparo a un ladrón. El agente estaba de civil. Fue a las 17.20. Todavía era temprano para que al local de 39 entre 2 y 3 arribara la mayor cantidad de clientes. Los que sí llegaron fueron dos delincuentes, uno de los cuales entró. Ni bien puso un pie dentro del gimnasio, no apeló a gestos ni palabras. Apuntó directo al techo y pegó dos tiros que no hirieron a nadie, pero pusieron a la gente en alerta. O, para ser más precisos, en estado de shock. “¡Todos para atrás!”, ordenó el asaltante, de 18 años. Los clientes obedecieron y abandonaron las máquinas en las que hacían ejercicio, para dirigirse al fondo. Lo que el adolescente no sabía era que entre los clientes había un subteniente de la Policía corriendo en una cinta. “El hombre subió al vestuario a buscar su arma, que tenía en el bolso”, contó Marcelo Cacace, uno de los dueños del negocio. Al parecer, el ladrón no se percató de la maniobra del agente de 37 años, quien calculaba sus próximos pasos mientras el asaltante le sacaba a la registradora el dinero y a las nueve víctimas los celulares. Manoteó, incluso, una notebook, pero hasta ahí llegó su buena fortuna. Antes de que pudiera reunirse con su compinche en la vereda, escuchó que alguien le gritaba la voz de “alto policía”, relataron varios testigos. Lejos de retractarse, el delincuente le apuntó al policía y disparó. Así se desencadenó una balacera que terminó sin heridos, aunque bien pudo resultar cruenta. “Fueron un montón de tiros, algo impresionante”, destacó Marcelo, en diálogo con EL DIA. En principio, los peritos levantaron cinco vainas desperdigadas entre las máquinas. Todas salieron de la pistola calibre 9 milímetros del efectivo, ya que el ladrón tenía un revólver 38 largo. En la Asesoría Pericial determinarán cuántos casquillos quedaron en el tambor. Una de esas balas fue a dar contra la parte externa de una rodilla del delincuente, cuando estaba a punto de salir a la calle. A raíz del tiroteo, la vidriera del frente (engalanada con los corazones por San Valentín), quedó reducida a un montón de cristales sobre la vereda. Para entonces, el apoyo que estaba en la vereda ya se había escapado, aparentemente corriendo y sin el botín, que quedó en manos de su amigo herido. Este cayó a 10 metros del gimnasio. En segundos desembarcaron varios patrullero, ya que el Distrito Centro está a unos 100 metros, apenas. Luego el ladrón fue trasladado -esposado y en ambulancia- al hospital Rossi. Según el informe médico sufrió “fractura de fémur” y quedó internado, fuera de peligro. “una locura” El fiscal Marcelo Romero, presente en el lugar del hecho, calificó lo ocurrido como “una locura” por la cantidad de gente que había. La misma frase salió de la boca de los encargados del gimnasio. La escena quedó resguardada por personal de la comisaría 2ª. En el semáforo de 39 y diagonal 74, un vendedor de flores que aprovechaba el Día de los Enamorados se quedó sin clientela: la Policía había cortado el tránsito una cuadra antes. El clima en el barrio se mantuvo enrarecido por un buen rato.

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