Las intenciones verdaderas

Por Ricardo Kirschbaum

Formalmente, Hugo Moyano rendirá homenaje a los mártires de Chicago y celebrará el Día del Trabajador. También, se ha anunciado, ratificará su declamado apoyo a Cristina Kirchner, cuya candidatura presumiblemente respaldará.

Detrás de esos propósitos, existen otros verdaderos que han sido el motor del acto y que han servido de combustible a la abundante pirotecnia verbal previa: la necesidad de Moyano de mostrar poder . De hecho, la convocatoria de hoy en la 9 de Julio es algo que se había previsto semanas antes pero frente a la Casa Rosada. Fue la visceral respuesta sindical al exhorto de la justicia suiza. Ese planteo f ue dirigido, primero, contra el Gobierno , sospechado de estar esperando el momento para afectar a Moyano en la causa de los medicamentos truchos. Luego hubo marcha atrás y acusaciones de una conspiración global en la que, prácticamente, la diplomacia y la justicia suiza eran manejadas por botonera desde Buenos Aires.

No se lo creyeron ni los más entusiastas propagandistas de esa versión, pero Moyano se sintió arropado por el calor oficial . Sin embargo, el sindicalista sigue recelando de la verdadera intención de la nueva guardia que hoy talla en la Rosada desde la muerte de Néstor Kirchner. La concentración, más allá de las consignas formales, servirá para mostrar que el sindicalismo de Moyano quiere ser tenido en cuenta en las decisiones políticas . La insistencia en “reventar” la 9 de Julio, que “quedará chica” por las cantidad de manifestantes, es una clásica fraseología que revela la necesidad de demostrarles a Cristina y a Zannini que el sindicalismo no quiere ser un convidado de piedra en el reparto político. Perón, recuerda hoy Julio Bárbaro en Opinión, definió a los sindicatos como la columna vertebral del peronismo pero nunca les dejó la conducción del movimiento. Ya lo intentó antes Vandor, y esa experiencia del neoperonismo fue una “traición” que terminó con el asesinato del metalúrgico por los protomontoneros.

Moyano quiere hacer valer su poder ahora para ponerse a salvo y fijar(se) un horizonte político personal al que lo lleva su ambición .

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