Es que en agosto del año pasado, el intendente Raúl Jalil rubricó el decreto 831, que prohíbe la venta de bebidas alcohólica en todo el ámbito de la capital por parte de kioscos, drugstors, supermercados y despensas en el horario de 0 a 8.
También surge entre los comerciantes afectados la bronca de ver cómo esto beneficia a comercios cuyo titulares son el mismo intendente y algunos de sus funcionarios. Por citar algunos ejemplos, varios oyentes del programa “En la mira”, que se emite por La Isla FM, citaron el caso de Soul, un boliche ubicado sobre avenida Ocampo propiedad de Cristian Guillou, secretario de Cultura, Turismo y Deporte de la capital, o los bares y pubs que se encuentran en un centro comercial de la zona alta de la capital, propiedad del intendente Raúl Jalil.
A todas luces, al margen de los etílicos agentes que envía a la calle el lord de los catamarqueños, el decreto 831 fue hecho a su medida y la de sus amigos, aunque los catamarqueños ya hace tiempo comenzaron a pensar en manos de quién dejaron la administración de la mayor comuna de Catamarca.
Es que, al parecer, o Jalil no tiene gente que lo aconseje como conducir la comuna o bien sus consejeros son los mismos que se benefician con lo que la gente aborrece y espera las urnas para hacer sentir el mismo escarmiento que sufrieron sus antecesores, que tras 20 años perdieron ante el electorado que se cansó de advertirles que nadie quiere ser mártir de ordenanzas y decretos, sobre todo en este caso, ya que al no tener mayoría en el Concejo Deliberante, Jalil no envía casi proyectos para que sean tratados en el cuerpo colegiado de la municipalidad y gobierna por Decreto.

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