En la ciudad, ya son 1.200 los vecinos que cuentan con este sistema. Viven en 15 cuadras de seis barrios diferentes. Las alarmas están conectadas al Centro de Monitoreo Municipal y sirven para crear corredores seguros y proteger de robos y asaltos callejeros.
Están ubicadas en seis barrios: Los Ángeles; Barranquitas; Siete Jefes; Candioti Norte; Mariano Comas y barrio Sur. El pionero fue un ingeniero de calle Zuviría y Costanera, quien conoció la experiencia en Buenos Aires y decidió implementarla con sus vecinos. Cuando llegó a oídos de la Municipalidad, la misma Subsecretaría de Prevención y Seguridad Ciudadana comenzó a proponerla en reuniones de seguridad de diferentes vecinales. “Estamos satisfechos porque tiene un gran efecto preventivo”, sostuvo Sebastián Montenotte, a cargo de la repartición.
Cómo funcionan
Si bien las alarmas cuentan con diferentes propiedades tecnológicas conforme el mercado perfecciona los instrumentos, desde su nombre indican su característica principal: están controladas desde el Centro de Monitoreo (CM) ubicado en la planta baja del Palacio Municipal, donde detectan quién pide ayuda. La alarma se activa mediante un botón de pánico que llevan consigo los vecinos, que están registrados con sus datos personales en el CM. Al accionarlo, se conecta mediante tecnología GPRS (señal celular) e inicia un protocolo de dos acciones paralelas en la sala de monitoreo. Por un lado, un agente de análisis criminal llama al 911, graba la comunicación y registra el tiempo de llegada del móvil policial. Por otro, un operador se comunica con quien apretó el botón de pánico o con los teléfonos de contacto de emergencia que registró a su nombre, y recaba detalles de la situación. Si el botón de pánico quedó en casa o no está al alcance de la mano al momento de generar el alerta, puede hacerse también con un código de activación a través del celular.
Como el alcance de las alarmas es de 120 metros a la redonda, proponen ubicarlas en las esquinas cada 200 metros, o donde los vecinos prefieran crear “corredores seguros” en el barrio. Por cada alarma, pueden instalarse entre 40 y 60 botones de pánico.
Objetivos
“Esto no es para seguridad de domicilios, sino para seguridad en la calle”. Así aclaró a los vecinos Marcelo Gura, asesor técnico de la subsecretaría, cuando presentó los sistemas de alarmas monitoreadas en las reuniones de seguridad que se realizaron en Fomento 9 de Julio y nuevos sectores de barrio Candioti y Mariano Comas. En esas reuniones, es la propia Municipalidad la que propone la instalación de las alarmas comunitarias monitoreadas a los vecinos.
La dinámica es la misma: Gura es quien explica los pormenores de las alarmas y se encarga de la instalación de los dispositivos. En las reuniones, ofrece enviar por mail un instructivo con todos los detalles, para que la gente se reúna y decida si va a instalarlas o no. El paso es fundamental: los vecinos deben comprar la alarma y los botones de pánico, y cambiar su batería -unos $200 al año- y las luminarias de los reflectores cuando se rompan -son de 500 vatios-. El proveedor es una agencia privada de Santa Fe que presupuesta y entrega el equipo a los vecinos. La Municipalidad se encarga de la activación y el monitoreo, lo que libera de cargos mensuales a los usuarios.
Las alarmas comunitarias persiguen un doble fin. Si bien generan la detección y atención inmediata en situaciones de crisis o hechos delictivos, su objetivo principal es la prevención. “Buscamos modificarle el contexto al delincuente y prevenir el delito”, agregó Sebastián Montenotte.
En los barrios monitoreados, cada vez que un vecino detecta una situación de peligro potencial aprieta el botón y enciende la sirena, enciende las luces y da un alerta. “Eso produce un efecto inmediato en el cambio de contexto que genera que se disuadan muchos hechos”, agregó el funcionario.
Todo indica que las experiencias en los barrios que instalaron este tipo de alarma son positivas en la disuación: los vecinos coinciden en que son buenas para alertar. Sin embargo, las diferentes voces coinciden en que demora en llegar la policía (ver “Con voz propia”). En la reunión que se realizó el martes en la vecinal Mariano Comas para analizar la instalación de más alarmas, una vecina comentó su experiencia. “Como medida preventiva es buena -dijo-. Somos unos 30 vecinos que contamos con alarma. El único punto flaco es la respuesta del 911”.
Si bien la implementación conlleva un período de adaptación de unos 30 días para evitar falsos disparos, existe un margen de error que se prevé en el Centro de Monitoreo.
“Tenemos casos, como en Pedro Díaz Colodrero y Antonia Godoy, donde hace varios meses que no la activan en esa cuadra y la gente nos dice que no lo hacen porque no lo ven necesario. Lo mismo sucede en Pasaje Quiroga, una cuadra que era conflictiva y ya no lo es”, comentó el funcionario.
Proyección
El Centro de Monitoreo recibe los disparos de las 15 alarmas comunitarias monitoreadas, de las alarmas colocadas en 60 escuelas, y de los 25 botones de pánico entregados a las mujeres víctimas de violencia, además de las imágenes de todas las cámaras instaladas en la calle.
Todos generan un promedio general de 10 disparos diarios. Así informó Eduardo Caraza, jefe del Centro de Monitoreo municipal, quien evaluó que “no son muchos, son manejables” y estimó que el tiempo que requiere la implementación de nuevas alarmas comunitarias permite un desarrollo de estructura paralelo. “Hemos tenido un crecimiento racional, lógico, de la mano de una situación de experimentación permanente”, sostuvo Caraza.
“Hemos ido regulando la carga de trabajo para no colapsar ni en lo tecnológico ni en el trabajo de quienes monitorean las alarmas” explicó Montenotte y se dijo satisfecho: “Las alarmas comunitarias monitoreadas tienen un gran efecto preventivo. En donde están instaladas logramos reducir los delitos”.
Con voz propia
Es un buen sistema para prevenir a los vecinos sobre algún hecho delictivo potencial o en curso. Genera un llamado de atención para estar más precavidos. Sin embargo, los episodios continúan”.
Melisa Ikkert,
vecina de Candioti Norte.
Instalamos la alarma comunitaria hace dos o tres meses. Sirve para alertar a los vecinos pero los hechos siguen sucediendo, la policía demora en llegar cuando la llamamos”.
Mercedes Araujo,
vecinalista de Siete Jefes.
En el barrio, hay una cuadra que tiene la alarma y vemos que funciona bastante bien, queremos extenderla a otros sectores del barrio”.
Marcelo López,
vecinalista de Mariano Comas.
Un grupo de vecinos está averiguando, buscando precios. Desde la vecinal los apoyamos pero comprendemos el bolsillo de cada uno. Hay gente que no tiene para pagarlo”.
Manuel Schroder,
vecinalista de Fomento 9 de Julio.
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