Una mujer que con tesón supo colocar primero las necesidades de todos sus compañeros y peleó con convicciones firmes y con la esperanza de lograr una mejor calidad de vida para las trabajadoras de Renacer.
Las mujeres de Renacer tuvieron una lucha incesante por sus condiciones laborales en la historia de la industria fueguina y se las respeta mucho por ello. En tal sentido, consideró que “la lucha por la recuperación del trabajo y la de los desocupados van de la mano”.
Por tal motivo, Acosta explicó a EDFM que generaron condiciones más justas, porque cuando trabajaron con un patrón “éramos las primera variable de ajuste, eran las mujeres las primeras en ser despedidas, no podíamos ver a nuestros hijos en los actos escolares, la embarazadas no tenían acceso al baño, más que dos veces por día. Eran condiciones muy rigurosas, era acatar o acatar”.
“Las injusticias laborales nos pegaron muy fuerte y fueron un detonante clave, para ver quién se plantaba primero después del cierre de la fábrica y por eso, el papel de la mujer en Renacer fue muy relevante”. Consideró que fueron años de sufrimiento y “haber sentido impotencia y allí radica la firmeza”. Las mujeres no abandonaron nunca la lucha sino que por el contrario se sumaron sus hijas, que ahora se incorporaron a la fábrica.
Acosta que comenzó como delegada, luego formó parte de la Comisión de Lucha, fue presidenta de la Comisión y ahora encargada del Depósito de Abastecimiento de Materiales y reconoce que la lucha se hizo junto a los varones que acompañaron.
En la Cooperativa se piensa primero en la gente, en ser obreros muy bien constituido y en respetar las edades. Hay mujeres que tienen 70 años de edad que se jubilaron y no quisieron desvincularse y se les buscó un lugar, donde se sientan útiles y transmiten sus experiencias a los más jóvenes. “Es un proceso que no excluye a nadie y nos contempla a todos y todavía nos falta mucho”, puntualizó Acosta.
En Renacer recién hace ocho meses que tienen un salario, que se asemeja a la del resto de los metalúrgicos, pero todavía sueñan con una obra social, contar con tecnología, jardín maternal.
Muy contenta por los logros, después de una larga lucha, contó que “logramos una producción propia –con préstamos y subsidios– y va de la mano de todo un contexto general, de acuerdo a situaciones políticas que se den en nuestro país y depende de una gran capacidad, más allá de las diferencias que podamos tener en lo político e ideológico, hemos sabido pelear para todos y no para buscar las salidas individuales y todo eso, entra a jugar en una evaluación”
“Fue un desafío”
Durante el proceso de la Cooperativa, Acosta fue la fue al frente y fue la figura pública de la Comisión, ella reconoce que siempre tuvo “el respaldo de mis compañeros, a no perder el valor y poner metas importantes”. Fue un desafío y ella sabe que la frase que muchos la repiten y no pueden practicarla, de “sentir la injusticia ajena como propia, todo eso, lo aprendí de mis compañeros a la par de una ideología”.
Su proyecto político fue encolumnarse y pelear a través del clasismo, “por los intereses de mi clase y buscar la unidad de todos los sectores que luchan junto al pueblo y principalmente la obrera”. La lucha incesante de los trabajadores de Renacer tuvo varios obstáculos, en distintas instancias y diferentes proyectos políticos, que para Acosta no significa que han cambiado, “hubo que remar con una política muy fuerte de desindustrialización en todo el país, en Tierra del Fuego el proyecto de Ushuaia meramente turística y en Río Grande industrial y eso agigantaba la pelea”.
La particularidad de una Comisión de Lucha, conformada por fuera de cualquier estructura sindical, que pudieran controlar de alguna manera “fue un contexto desfavorable para la pelea, eso lo vivimos”.
Algunos contaban con un plan social de 150 pesos y los desocupados con volantes iban a los supermercados a pedir un alimento, “fueron momentos duros” y “algunos compañeros sentían vergüenza. El enemigo tenía calado nuestras debilidades y sabían como golpearte”.
También contó que algunas compañeras “tenían sus maridos que trabajan en el Estado y recibían presión y eran recriminaciones constantes. Cuando la compañera venía a la carpa y hasta amenazaban con despedir al otro que tenía trabajo”, recordó.
En conflicto en casa
Las mujeres tenían en claro la lucha y el conflicto se trasladaba también a la casa y “era severo”, ellas tenían la convicción de pelearla hasta el final y hasta “hubo casos de compañeras que su marido no comprendía y hasta le levantó la mano y teníamos que intervenir y velar la integridad de nuestros compañeros”.
Pasaba el tiempo y los resultados no se percibían, los sueldos no estaban, pero “no perdimos la esperanzas y la no claudicación de las ideas. Hubiéramos sido derrotados cuando (el ex gobernador) Colazo dijo: ‘si ustedes están dispuestos a cerrar la fábrica les ofrezco categoría 10, a todos, en la administración pública’, y allí se hubiera terminado todo, hubiéramos conseguido la estabilidad que era por lo que peleábamos, era estratégico para nosotros y nuestros hijos”.
La esperanza y las firmes convicciones estuvieron siempre, era un desafío y actualmente cuarenta jóvenes, hijos de los trabajadores de Renacer, se sumaron a la producción de la Cooperativa.
EDFM ¿Cuál fue el mayor obstáculo?
Mónica Acosta: Fueron varios. Lo despiadado de las políticas de Estado, de abandono y desidia son fundamentales. Más de quince años de no tener una obra social, un aporte, más allá de las condiciones generadas a nivel local. La falta de políticas concretas teniendo todo, pero nadie era tonto para darse cuenta que primero primaban los negocios importantes de los de arriba, y los de abajo sino generábamos nuestras propias condiciones y tomábamos muchas cosas de las manos no se iban a resolver nunca.
También parte de una indiferencia producto de la saturación, confusión y la mala información, en algunos casos, que venía al pelo, para tratar de negar que había obreros estafados y una fuerte corrupción, delito, que involucraba a los más altos funcionarios del poder Provincial y Nacional. Muchos veían, hasta relajados, qué importa si se cierren las fábricas y al ver esa situación no sólo fue generalizada (…).
Acosta también denunció la precariedad y violencia laboral que hubo en muchas de sus compañeras, porque no las hacían rotar en su lugar de trabajo, “esas compañeras que se exigieron quedaron mal con problemas de muñecas, lumbares, de tendones y se sufrió físicamente. El empresario sólo veía lo que iba a ganar por encima de la salud”. También dijo que hubo sufrimiento psicológico que “todavía sigue siendo esa sociedad machista”.
La integrante de la Corriente Clasista y Combativa (CCC) destacó el acompañamiento de sus compañeros varones para mejorar las condiciones laborales en Renacer. Hoy se trabaja seis horas, en tres turnos, no hay patrones ni supervisores. Existen los coordinadores que trabajan a la par y todos van rotando en la producción y administración para que conozcan a fondo los temas.
Acosta tiene dos hijos, Santino (5) y Angelo (2) y se siente feliz porque después de tantas idas y venidas hoy puede disfrutar de su familia, de lograr una mejora calidad de vida para todos los de Renacer y que ella disfruta con los suyos. También aclaró que su marido Gerardo la acompaña siempre en todo. Todavía restan algunos proyectos a concretar, porque cada día es un desafío para las trabajadoras de Renacer, que todo lo hacen a pulmón.
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