Es en base a un estudio del Instituto Argentino de Análisis Fiscal. Mendoza es una de las plazas donde más subió la presión tributaria para el rubro, lo que afecta más a las empresas chicas.
Mendoza, junto con la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y la provincia de Buenos Aires, es una de las tres jurisdicciones que más carga tributaria aplicó en el impuesto a los Ingresos Brutos sobre restaurantes y hoteles, entre 2004 y 2014, pasando la alícuota en los tres casos de un 3% a un 5%.
El incremento fue del 33% para empresas chicas y del 67% en las grandes, así lo indica un informe realizado por el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf) realizado en base a la normativa tributaria vigente al 2014, y su comparación con la de años anteriores, compuesta por los códigos tributarios y las leyes impositivas de cada una de las 23 jurisdicciones provinciales y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
En promedio, para las 24 jurisdicciones provinciales, entre los años 2004 y 2014, la carga tributaria ejercida por el impuesto a los Ingresos Brutos sobre el sector de restaurantes y hoteles se incrementó un 21%, pasando de un 2,83% hasta un 3,43%, señala el informe del Iaraf.
En comparación con otros sectores económicos, la carga tributaria sobre el sector de restaurantes y hoteles se encuentra en un nivel medio- alto, por debajo de sectores como la intermediación financiera y los servicios públicos y por encima de la carga tributaria sobre los servicios empresariales, el comercio, la industria y el agro, dice el informe.
Grandes y chicos
El trabajo clasifica las empresas en grandes ($ 75 millones de facturación anual), medianas ($ 19 millones de facturación anual), pequeñas ($ 5 millones de facturación anual) y micro ($ 500 mil pesos de facturación anual) y establece 4 rankings, uno por cada tipo de empresa, en función de la carga tributaria aplicada.
En el caso de las empresas grandes, Buenos Aires, Ciudad Autónoma, Mendoza y Córdoba, son las jurisdicciones que ejercen la mayor carga tributaria sobre los restaurantes y hoteles, aplicando todas ellas un 5% sobre las ventas totales netas de IVA.
En los tamaños mediano y pequeño, es Córdoba la que lidera el ranking, con el 5 y el 4,2%, respectivamente, seguida por Buenos Aires y Mendoza; mientras que si se considera una empresa micro, Mendoza retoma el primer puesto con mayor carga tributaria sobre el sector con un 4% sobre las ventas.
Diagnóstico y propuesta
Fernando Barbera, presidente de la Asociación de Empresarios Hoteleros, Gastronómicos y Afines de Mendoza (Aehga), explicó que lo complicado de la alta presión impositiva es que “en estos momentos en donde la actividad económica está complicada, los Ingresos Brutos se aplican sobre la venta.
Entonces, si la facturación aumenta, el impuesto también pero cuando baja la facturación y los costos suben, cae la rentabilidad. El impuesto es distorsivo y le pega más al empresario chico”.
El empresario señaló que en gastronomía y hotelería, por cada 100 pesos facturados, 35 pesos se van en personal. “Cuando facturás $ 80 porque tenés armado tu negocio para facturar $ 100, esos 35 pesos los pagas y aguantás y tampoco despedís gente porque formar un mozo o un cocinero te lleva un año y medio”.
Barbera considera que el Gobierno tiene dos herramientas para “descomprimir” la situación impositiva del sector gastronómico. Una es que los empresarios puedan recibir los beneficios del Programa de Recuperación Productiva (Repro).
Estos fueron implementados en el 2009 cuando las el país y la provincia entraban en recesión debido al impacto de la crisis financiera internacional.
A través de los mismos el Estado les pagaba una parte de los sueldos a las empresas que reunían los requisitos fijados. La gastronomía los recibió cuando la Gripe A (H1N1) hizo que cayera el movimiento turístico, situación que impactó, entre otras, en hoteles y comercios gastronómicos.
Hoy, los Repro están siendo utilizados por la metalmecánica y el sector productivo, por eso es que los gastronómicos tratarán de ser incluidos dentro de los beneficiados.
Otra alternativa que manejan, es que se baje la alícuota del impuesto a los Ingresos Brutos para poder mantener el personal.
“De esta crisis se va a salir, no nos conviene despedir gente porque tienen experiencia y, además, también necesitan el trabajo, por eso es que estamos trabajando en estas dos medidas para el sector”, manifestó Barbera.
Distorsivo, ineficiente y procíclico
El informe deja en claro lo distorsivo e ineficiente que resulta en la economía la existencia de tributos con las características del impuesto a los Ingresos Brutos.
Este impuesto se cobra en las provincias como un porcentaje de la facturación total (neta de IVA), no permitiéndose deducir los impuestos pagados en eslabones anteriores del ciclo económico.
En consecuencia, genera efectos distintos efectos. Este impuesto tiene la particularidad de ser altamente procíclico. Es decir, aumenta su recaudación de manera automática en períodos de bonanza económica y se reduce cuando el ciclo económico entra en fase recesiva.
De este modo, estructuras de recaudación concentradas en este tributo conllevan el riesgo de que la recaudación propia de los gobiernos subnacionales termine atada a los vaivenes de la economía, indican desde el Iaraf.
Las consecuencias
-Efecto “cascada” y “piramidación”, implicando una acumulación final de la carga tributaria que termina superando a lo generado en términos de recaudación.
- Modificación de los precios relativos, al introducir una “cuña” entre los precios del productor y consumidor, de manera no uniforme entre sectores.
- Incentivos a la integración vertical de los procesos productivos.
- Discriminación a los bienes de capital, cuando el impuesto recae sobre insumos relacionados, incentivando la utilización de técnicas de producción trabajo-intensivas.
- La invisibilidad de la carga tributaria, termina generando el denominado efecto de “ilusión fiscal”, es decir, al no percibirse claramente el impuesto pagado, no se realiza un verdadero control de los actos de gobierno por parte de los contribuyentes.
- Implican una verdadera “aduana interna”, que altera las decisiones de radicación de la producción manufacturera.
- Afectan la competitividad de los bienes de exportación, ya que no se puede determinar con exactitud la incidencia del impuesto en las partes componentes del bien como en el proceso de producción del mismo.
- En lo que a bienes importados se refiere, el impuesto recae sobre la última parte del proceso productivo, lo que implica una ventaja en relación a los bienes producidos internamente, generando así un mayor estímulo a la importación.
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