La inflación recortó el esparcimiento

La inflación recortó el esparcimiento
El incremento constante de precios obligó a muchos a reducir sus gastos en ocio y entretenimiento. Salir a comer y al cine ya no es tan habitual, y las compras diarias de mercadería se hacen en grupo para ahorrar. Todo sea por ganarles la carrera a los precios.

Menos salidas, pero más aprovechadas. Vacaciones cortas, pero más intensas. Menos comidas afuera, pero más grupales y con motivos que realmente lo justifiquen.

La inflación y la recesión han incidido e, incluso, llevado a modificar ciertas costumbres (de consumo y no) de muchas personas. Y, ante las dificultades, el primer rubro al que se recurre para recortar gastos es el esparcimiento.

“La clase media tiene un patrón de consumo característico y, ante la inflación, es la que más se ve afectada. Entonces lo primero en lo que suele recortar es el entretenimiento. Idas al cine, paseos familiares... Antes era común que tuviesen un promedio de tres salidas por semana y ahora, con suerte, tienen una”, destacó el economista José Vargas.

Promociones, pagos en cuotas y cualquier descuento -en lo que sea- se han transformado en los mejores amigos y aliados de muchos a la hora de consumir algo. O, mejor dicho, al momento de imaginar un abanico de posibilidades.

“Ahora pienso más en qué voy a gastar. Salgo menos, pero lo hago más estratégicamente. Considero más en dónde voy a gastar, y si me paso mucho, a la siguiente salida aprieto un poco para no pasarme. Al cine voy, si es que lo hago, una vez por semana y porque aprovecho promociones con tarjeta. Las salidas a cenar son más restringidas. Sin dudas que en esparcimiento, a nivel general, es donde más he recortado”, destacó Marianela (38), madre de dos hijas.

Para llegar a fin de mes

Según especificó Vargas, la clase media es la más afectada por la inflación, pese a que golpea a todos por igual. Desde su óptica, el dilema se plantea en el momento en que este grupo decide no dejar de ser clase media, por lo que opta por cambiar su patrón de consumo.

“Lo primero que se ve afectado es el entretenimiento en general, aunque también deja los pagos al contado y empieza a inclinarse a las cuotas en cualquier compra que haga. El nivel de consumo también cambia y ya no va siempre al súper o al híper a hacer las compras, sino que comienza a inclinarse por las verdulerías o las carnicerías del barrio, o va a la feria. También si antes comía asado todos los fines de semana suele cambiarlo por uno bien completo el primer fin de semana después de cobrar”, ejemplificó el economista de la consultora Evaluecon.

“Nos hemos puesto de acuerdo con mi hermano y mi cuñada y, cada dos semanas, uno de nosotros va a la feria a comprar frutas y verduras. Ahorramos muchísimo y la mercadería que conseguimos es mil veces mejor que la de los supermercados. La fruta está fresca y no viene de frigoríficos”, aportó a su turno David, un godoicruceño de 31 años que también tuvo que redefinir sus hábitos de consumo.

En la misma sintonía que Vargas, Marta Rizzo (directora de Defensa del Consumidor de la Municipalidad de Luján) también consideró que esparcimiento es lo primero que se suprime o reduce en momentos así.

“La gente corta las idas al cine, las salidas a comer e incluso el pedir comida a domicilio. Deja de hacer todas esas cosas y prioriza los artículos de primera necesidad. Hasta en los artículos de hogar hay un cambio en el hábito de consumo. Con las marcas, por ejemplo, ocurre que van descubriendo otras que son más económicas y también son buenas. Se van abandonando las primeras marcas, que muchas veces se consumían por costumbre. Y todo lo hacen con la idea de llegar a fin de mes, porque los hábitos cambian de acuerdo a lo que dicta el bolsillo y los gastos extras se van acortando”, destacó Rizzo.

Las salas de cine de los distintos centros comerciales mendocinos, así como también los locales de juegos de videos y electrónicos (también ubicados en los shoppings), sienten con mucha fuerza este recorte.

“Es una fija. Cuando el bolsillo está ajustado, la gente deja de venir al cine. De 5.000 personas por día que venían al cine en los momentos buenos hoy estamos en 3.000”, indicaron desde una de las cadenas de multicines con sede en Mendoza.

“El fin de semana fui con mi hijo a los videos del Mendoza Plaza Shopping y, la verdad, estábamos casi solos. Habían muy pocos chicos. Cuando fui a comprar la tarjeta con crédito para que mi hijo pueda jugar, me dijeron que tenían promociones en las que no la cobraban. Se ve que están tratando de hacer promociones, pero igual hay poca gente”, contó Orlando a Los Andes.

Los deliverys son otro de los rubros de los que, según los especialistas consultados, la gente empieza a prescindir.

“Ha bajado un poco la cantidad de llamados y se están focalizando los fines de semana, pero tampoco es tan significativa la baja. Lo que sí nos está jugando muy en contra y nos tiene bastante complicados es el tema de los precios, porque la materia prima sube todos los días. Hace un tiempo mandé a hacer unos folletos y cuando los empezamos a repartir, ya estaba todo más caro y habían quedado desactualizados. Ahora estoy esperando otros de Buenos Aires, pero eso los mandé a hacer sin precios”, destacó Sebastián Luna, propietario del local de comida rápida De Boca en Boca.

“Es muy complicado mantener los precios. Uno trata de hacerlo, pero cuando vas a comprar la carne o la harina, todos los días tiene un precio diferente o directamente ni te la venden. Más que descuentos, nos manejamos mucho con promociones y eso es lo que la gente busca también. No han dejado de comprar, pero la falta de materia prima y de precios nos complica bastante”, indicó el comerciante.

Aprovechar las liquidaciones

Según Vargas, con la ropa ocurre un fenómeno bastante particular. “La gente no pasa a segundas marcas, sino que mantiene el status pero relega un poco el consumo. Espera ansiosa a las ofertas, las promociones y las liquidaciones de fin de temporada”, indicó el especialista.

A su turno, Rizzo también destacó que las cámaras y federaciones industriales y comerciales de Mendoza han anunciado la caída en las ventas en indumentaria.

“Las liquidaciones de verano se adelantan a febrero, por ejemplo, porque los comerciantes también quieren venderlas y que no queden fuera de estación. El consumidor ha aprendido a aprovechar las liquidaciones y también compra prendas clásicas, priorizándolas por sobre las de moda. Porque tienen la idea de usarlas dos o tres temporadas y no renovar tanto”.

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