Inflación: lo único que se mide es el costo político

Hernán de Goñi

La reformulación de las mediciones de precios no depende del consejo técnico del FMI, sino de una decisión política del Gobierno. Está claro que al oficialismo no le molesta convivir con la inflación. Porque mientras tenga caja para compensar parte de sus efectos nocivos, prefiere conservar el poder de dar un beneficio discrecional -herramienta clave para alinear intereses políticos- antes que librar un combate que desactive un riesgo general para toda la economía y en consecuencia le quite valor a sus acciones moderadoras.

El asesoramiento del FMI fue convenido, en parte, para descomprimir la relación con los accionistas del Club de París (los mismos que controlan el Fondo). Y también para mostrar que pueden introducir un cambio racional frente a los proyectos de la oposición que buscan darle un nuevo encuadramiento institucional al Indec.

Si se hilvanan algunas señales emanadas en este trimestre (moderación del gasto público, mayor contracción de la emisión monetaria y el 24% de aumento salarial testigo pactado con Moyano) se puede apreciar que el objetivo en el tema inflación no es bajarla sino mantenerla en un nivel administrable, definido como aquel en el que el costo político no supere el beneficio de recaudar. Eso es hoy lo único que está en juego.

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