SAENZ PEÑA (Agencia) - La industria metalúrgica en Sáenz Peña no pasa por su mejor momento, especialmente aquellas empresas que están directamente relacionadas con la actividad agrícola. De la capacidad instalada, son muy pocas las que están trabajando y su labor está enfocada hacia la construcción e instalación de tinglados.
En la mayoría de los galpones que albergan las pesadas maquinarias con las que se da forma al metal, casi no se escucha trabajar las maquinarias que “se encienden cuando algún cliente solicita el arreglo de alguna herramienta”. “Dejamos de ser fabricantes, ahora somos remenderos”, describió Horacio Ponce, encargado de una industria de esta ciudad, y que trabaja con una de las familias de metalúrgicos que tienen su historia en Sáenz Peña.
Otros empresarios del sector, que ahora también son los obreros de sus industrias, comparten esta definición, y en todos los casos visitados por NORTE, salvo alguna excepción, el pedido es el de no ser identificados, por la sencilla razón de que algunos siguen trabajando, son jefes y empleados pero ya no existen como empresa.
En la segunda ciudad del Chaco hubo apellidos reconocidos en la metalúrgica de la zona como Truscelo, Fabre, Nikitenko o Segovia y que tuvieron tanto trabajo que “en los galpones se amontonaba material comprado al por mayor para cubrir la demanda de trabajos que existía”. “Ahora se compra el material para el día y se le pide al cliente un anticipo para poder pagarlo”, dicen con resignación los que aún trabajan.
Siete establecimientos registrados
En el registro del área de Comercio del municipio de Sáenz Peña, en el 2011 oficialmente tienen registradas siete metalúrgicas. A ese registro se le agrega la actividad informal que, galpones adentro, desarrollan algunos utilizando mano de obra familiar.
En la actividad no asentada en los libros de la intendencia como establecimientos metalúrgicos, los mismos propietarios que también son obreros se definen como “herreros”, ya que “no se hacen más que arreglos y si se fabrica alguna herramienta es de manera muy artesanal, soldando hierros y chapas que fueron quedando en el rincón del galpón”. “No existe la industria en Sáenz Peña”, sentencia desde el barrio Lamadrid el hombre que trabaja con su soldadora en “un remiendo” y dice que “no entra trabajo”.
Sin garantía de trabajo
En la charla con esa gente que es jefe y empleado a la vez, surge inevitablemente el cuestionamiento a los equipos de máquinas con los que cuentan ya que quedaron obsoletos con al avance de la tecnología sobre todos los campos.
La respuesta no se hace esperar. “Para mejorar la tecnología de trabajo que tenemos necesitamos una inversión de más de doscientos mil pesos. Es mucho capital y no hay garantía de trabajo porque si al menos se respetara el compre chaqueño, muchos de los que hoy estamos desaparecidos como empresa podríamos regularizar nuestra situación. Pero el estado provincial no compra en el Chaco”, dice con crudeza esa persona que alguna vez le dio su apellido a una industria metalúrgica en Sáenz Peña.
Altos costos
Trabajando a puertas cerradas o con el mostrador habilitado para atender al cliente, todos los que están relacionados coinciden en que los costos de producción que tienen son muy altos.
Solamente en obreros, el costo diario de un trabajador en blanco “con todos los aportes y beneficios que se exigen”, llega a los trescientos pesos. Se suma “el alto valor de energía eléctrica y de los fletes, repercutiendo todo negativamente en la rentabilidad de la industria metalúrgica”.
Todos los que perdieron la posibilidad de seguir existiendo como empresas, remarcaron que “el principal verdugo fue el aporte previsional y los impuestos nacionales y provinciales”. “Las cargas por impuestos y aportes son muy elevadas en una economía que tiene que asumir además costos más elevados para producir”, explican.
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