Indumentaria buena, variada y barata

En avenida Avellaneda, 3.000 tiendas venden ropa a precios de ocasión.

En la Capital hay un lugar donde se pueden escuchar acentos y tonalidades de todas las provincias de la Argentina. No es Caminito ni Plaza de Mayo. Tampoco un estadio de fútbol u otro asterisco que aparezca en las guías turísticas de Buenos Aires. Se trata de diez o trece cuadras de la avenida Avellaneda, en el límite entre los barrios de Flores y Floresta. Lo que convoca multitudes es el precio de la ropa que se exhibe en más de 3.000 locales (algo así como diez shopping juntos), distribuidos en 35 galerías y en las calles laterales que se desprenden como ramas de ese gran tronco comercial que empieza en la avenida Nazca y termina en la plaza Vélez Sarsfield.

Alrededor de la avenida Avellaneda están estacionados los micros larga distancia que llegan de madrugada y parten a la noche, según la lógica de los "tour de compras" que traen gente desde distintos puntos del país.

"Vengo por el precio y la seguridad", dice Marta Cuello. A juzgar por la agilidad con que se mueve con dos bolsones de ropa, no aparenta los 59 años que dice tener. Desde las ocho de la mañana, Marta anda mirando vidrieras sin que le pesen las seis horas de viaje desde Paraná hasta Buenos Aires. "Algunos vienen todas las semanas. Yo trato de venir cada quince días, por eso ando tan cargada", dice apurada por ir a comparar precios en otros locales.

No importa que haga calor o frío, de lunes a viernes las veredas se llenan de compradores que avanzan con sus carros como si estuviesen jugando carreras. Si bien la venta es mayorista, muchos locales brindan ofertas a minoristas invitándolos a acceder con la compra de sólo tres prendas. De este modo, la avenida Avellaneda también es una alternativa para renovar el placard en el invierno que se aproxima, sin descuidar la billetera. A modo de señuelo basta con decir que se consiguen jeans a 45 pesos y camperas a 90 pesos. Por la calidad no hay que preocuparse. Según una vendedora: "es la misma ropa que está en los shopping del centro, tres veces más cara".

Las megaofertas no son lo único que llama la atención en las vidrieras. Es común que haya cartelitos donde se ofrece trabajo de vendedor, botonero o tejedor, entre otros. La precarización de los puestos laborales es el principal motivo del recambio de empleados; siendo este, paradójicamente, el punto flojo de este gran shopping popular a donde concurren trabajadores de todo el país.

El fluir de público viene aumentando desde que en los años 70 se instalaron cinco locales mayoristas de blanquería, que fueron pioneros en la zona. Luego siguió un boom de extensión en los 80 y otro en los 90, abarcando calles laterales como Cuenca y Helguera. El crecimiento se refleja en los costos de alquiler de los locales. "El mismo local que afuera del circuito comercial vale 2.500 pesos -dice Carlos Ordoño, agente inmobiliario-, en la avenida sale de 20.000 pesos para arriba."

El fenómeno de crecimiento no se detuvo ni siquiera en 2001. Sin embargo, la crisis también dejó sus marcas en la tipología del polo textil de Flores. Desde entonces hubo un auge de talleres que empezaron a producir lo que antes entraba por el agujero de la "apertura comercial". Al mismo tiempo, desde 2003 la comunidad coreana fue tomando el protagonismo de la zona en reemplazo de los fundadores, la comunidad judía.

En la avenida Avellaneda no importan las marcas ni los eslóganes de publicistas para atraer clientes. Como si fuese un acuerdo tácito entre los productores y comerciantes de las diferentes comunidades, todos se rigen por dos principios básicos del mercado: el producto debe ser bueno y barato. Y por lo visto, en Flores funciona.

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