Indignación y protestas en Siria tras otro discurso de Al-Assad

El presidente prometió reformas, pero habló de "saboteadores"; críticas de la UE y EE.UU.

DAMASCO.- Dispuesto a aferrarse con uñas y dientes al poder, el presidente de Siria, Bashar al-Assad, provocó ayer una nueva ola de protestas contra el régimen y la indignación de los grupos opositores al volver a prometer reformas políticas y sociales que, tras meses de convulsión social y una violenta represión, aún parecen lejos de concretarse.

En un discurso de 70 minutos desde la Universidad de Damasco, el tercero desde que comenzaron las manifestaciones prodemocráticas en marzo, Al-Assad volvió a reconocer como legítimas las demandas populares de reformas, pero dijo que hay "saboteadores" que se han aprovechado de la situación.

Con más de 10 años en el ejercicio del poder, el hijo del fallecido Hafez, patriarca del clan Al-Assad, convocó a un "diálogo nacional", pero advirtió que será intransigente con los grupos armados: "No hay una solución política con quienes portan armas y matan".

"No puede haber desarrollo sin estabilidad y no se pueden lograr reformas a través del vandalismo. Queremos que la gente respalde las reformas, pero debemos aislar a los verdaderos reformadores de los saboteadores", advirtió Al-Assad en su discurso, televisado a todo el país.

Frente a sus partidarios, el mandatario anunció que el diálogo nacional comenzará en breve y que está en pleno proceso de formación un comité que estudiará enmiendas constitucionales, entre ellas una que abriría el camino a la formación de partidos políticos distintos del Baath, en el poder desde 1963. El paquete de reformas, que ya había sido prometido en abril pasado, estaría listo en septiembre, y las elecciones parlamentarias, previstas para agosto, podrían posponerse si el comité de reformas decidiera aplazarlas, advirtió Al-Assad.

El discurso volvió a dejar en evidencia la intención de Al-Assad de intentar salir airoso de la ola de protestas, así como su determinación férrea de mantener en el poder tanto a su familia como a miembros del Baath, cuando atizó el temor de que su salida podría marcar el principio de un caos. "El mayor peligro que enfrentamos en el próximo período es la debilidad o el colapso de la economía siria", dijo Al-Assad, palabras con las encolumnó a sus simpatizantes en la comunidad empresarial y entre las clases de mercaderes prósperos.

La oposición rechazó el discurso del mandatario al denunciar, como en las anteriores ocasiones, la falta de una señal clara de transición a una democracia verdadera. Miles de personas salieron a las calles en varias ciudades para protestar, lo que aumentó la presión en Hama, Latakia y Homs para poner fin a 40 años de gobierno autoritario de la familia Al-Assad.

La comunidad internacional también criticó las palabras del mandatario. Estados Unidos recibió con escepticismo las promesas de Al-Assad y recordó que el régimen tiene que demostrar con hechos su voluntad de implementar cambios. La jefa de la diplomacia de la Unión Europea (UE), Catherine Ashton, en tanto, calificó de "decepcionante" la alocución de Al-Assad y lo instó a iniciar un "diálogo creíble".

Desde que comenzó el levantamiento, el gobierno sirio ha dicho que estas manifestaciones son impulsadas por hombres armados con apoyo extranjero, que no buscan reformas verdaderas.

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