El plantel se entrenó en el Libertadores de América, con 60 policías para resguardar a los jugadores. Nadie quiso hablar. Pero las caras de los protagonistas contaban lo que al Rey de Copas le pasa: está demasiado golpeado y a la deriva.
Independiente está en zona de descenso y la matemática le cuenta que salvarse mucho se parece a un milagro que depende más de tropiezos ajenos de que reacciones propias. Parecen creerlo todos. Los que perdieron frente a Rafaela, los que fueron excluidos por el nuevo técnico Miguel Brindisi, los dirigentes, todos. Apenas hay una rara excepción en el mediodía que se hace tarde: las chicas del colegio del club esperan a los jugadores con un entusiasmo y una alegría que parece ajena al momento traumático. Ellas, con prudencia, les dan apoyo, les piden fotos y autógrafos. Y por lo bajo, en calma, les ruegan triunfos.
No es una práctica más la que acaba de suceder en el estadio. Es un síntoma: se iba a desarrollar en Villa Dominico, tal como en la noche de Rafaela oficialmente se había anunciado. Hubo cambios de último momento por cuestiones de seguridad. Temían que hubiera visitas violentas al predio Santo Domingo. En el Libertadores de América -dicen- el control es más sencillo. Esta vez, para evitar dificultades, hubo 60 efectivos de la Departamental de Avellaneda.
El ambiente mucho se parecía a lo que Brindisi señaló tras su debut sin felicidad: "Hay un bloqueo anímico". Sí, eso es lo que parece. También por eso, el entrenador se reunió ayer con tres de los futbolistas más representativos del plantel: primero, un rato largo con Daniel Montenegro; luego se sumaron Eduardo Tuzzio y Santana. Queda una impresión, al margen de ese encuentro: hay muchas cosas por hablar y por resolver y muy poco tiempo.
Para mañana y para el miércoles, el cuerpo técnico resolvió que habrá dos días de doble turno, en el campo de entrenamiento de Ezeiza. Los dirigentes, que saben de qué se trata y no encuentran respuestas, también tomaron una decisión: habrá custodia reforzada. Será para garantizar la seguridad. Resulta también el retrato de una angustia.

Comentá la nota