La increíble fuga de una policía de México

La increíble fuga de una policía de México
Con 20 años, dirigía las fuerzas de un pueblo fronterizo; por temor, pidió asilo en EE.UU.

CIUDAD DE MEXICO.- El sueño de Marisol Valles García duró apenas cuatro meses. Las amenazas y la violencia de grupos del narcotráfico, que secuestran, torturan y matan sin piedad, pudieron más que el proyecto de la joven jefa policial mexicana de pacificar su pueblo a través del diálogo.

Las autoridades locales le habían dado permiso para ausentarse de sus funciones por cinco días con el fin de viajar a Estados Unidos y atender asuntos personales. Pero jamás regresó. Valles fue despedida el lunes por abandono del cargo.

Su partida sigilosa junto con su esposo, su hijo y sus padres para pedir asilo obligó esta semana a un aterrizaje forzoso con una realidad que dejó más de 15.000 muertos en México en el último año.

La prensa había celebrado en octubre cuando Valles, una estudiante de criminología de 20 años, tomó las riendas del pequeño cuerpo policial de Praxedis Guerrero, un municipio vecino de Ciudad Juárez, donde los carteles de Juárez y Sinaloa se disputan una lucrativa ruta de la droga hacia Estados Unidos. El predecesor de Valles había sido secuestrado, asesinado y decapitado en 2009.

En ese momento, hubo una mezcla de incredulidad, admiración y fantasía sobre la valiente mujer que pretendía apostar por la prevención, con los nueve agentes a su cargo, en una jungla de fusiles AK-47 y decapitados.

Ahí estaba ella, la joven madre con anteojos de intelectual y poca experiencia, lista para cambiar el rostro de su pueblo. Su caso tuvo tanto impacto que la revista Newsweek la incluyó esta semana en su lista inicial de 150 mujeres que sacudieron el mundo.

Valles dijo de entrada que sentir miedo era "natural". Sin embargo, descartó meterse con el crimen organizado porque ésa no era su función como simple encargada policial del pueblo.

La joven pretendía reconstituir el tejido social, devolver a la gente la tranquilidad de salir a las calles. "Vamos a prevenir -dijo cuando fue nombrada-. Es un equipo de trabajo. No es Marisol contra el mundo."

Pero una cosa son los buenos propósitos y otra, la realidad. Que ella quisiera ignorar a los grupos criminales no quería decir que ellos fueran a ignorarla a ella.

"Los carteles le deben de haber planteado que ellos no aceptan la neutralidad. Quieren que las autoridades y la policía estén con ellos", dijo el ombudsman del estado de Chihuahua, Gustavo de la Rosa.

Valles está alojada en un centro de detención de El Paso, Texas, mientras se resuelve su pedido de asilo. Tan rápido abandonó México, el jueves pasado, que tanto en su casa como en la de sus padres las luces quedaron prendidas.

Pero Valles no es la única mujer con funciones policiales que la pasó mal. En 2010, la secretaria de Seguridad Pública del estado de Michoacán, Minerva Bautista, sobrevivió de milagro a un atentado con granadas y tiros contra su vehículo. Cuatro personas murieron y tres meses después ella renunció.

Según datos del último censo, muchas localidades golpeadas por la violencia narco se están convirtiendo en pueblos fantasma. En Praxedis, de las 1000 viviendas del pueblo más de la mitad estaban deshabitadas. Ahora son más: la casa de Marisol también está vacía.

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