Se le impuso el nombre de Francisco Alabart a la sala de secretaría del Comité Radical

Se le impuso el nombre de Francisco Alabart a la sala de secretaría del Comité Radical

El pasado sábado, en el marco de un encuentro seccional que realizó la Juventud Radical local, se homenajeó a Francisco Alabart dándole su nombre a la sala de secretaría del Comité.

En primera instancia la secretaria del Ateneo Umberto Illia, Liliana González, encargada de la lectura de las glosas del acto, se refirió a los inicios de la Unión Cívica Radical y marcó que "nació como un espacio para la juventud, cuyo líder emergente del movimiento fue nuestro fundador don Leandro N. Alem".

Luego González se dirigió a los integrantes de la Juventud Radical presentes en el Comité y agradeció su compromiso por el trabajo de acondicionar la "Casa Radical" con la iniciativa de que el color rojo, símbolo ideológico de la agrupación, quede plasmado en sus paredes.

"Tenemos un partido lleno de grandes hombres, nuestros héroes nacionales que dejaron su vida por la causa, y lleno de nuestros héroes domésticos que le dieron la vida a la UCR a cambio de nada. Dentro de un marco de reconocimientos merecidos y haciendo honor a nuestro pasado, la actual conducción del Comité de Bolívar ha programado una serie de actos de gratitud y recuerdo a figuras de relevancia", siguió la secretaria.

De esta manera, se anunció que se restituirá la placa al doctor Illia que fue destruida y el sábado 15 de agosto se impondrá el nombre de Juan Carlos Bellomo a la sala de reuniones.

"Hoy comenzaremos con la imposición del nombre de don Francisco Alabart a la sala de secretaría, el hombre que siempre pedía que pusiéramos la marcha radical bien fuerte", destacó Gonzalez.

Así, el presidente del Comité, Alfredo Carretero, Julio Ruiz, la esposa de Alabart "Chichi" Sarlo y sus hijos Jorge y José María, descubrieron la placa que perpetuará el nombre de Francisco.

Acto seguido se invitó a quien lo desee a referir unas palabras y Carretero fue el primero en recordar a Alabart.

"Yo soy el gallego y Francisco era el catalán porfiado, porque nos sacábamos chispas en el municipio del doctor Ravasi, llegábamos a discusiones límites pero nunca lo pasábamos. Las discusiones eran por razones de trabajo tan intensas que nos hizo tener un profundo respeto mutuo y consideración", fueron las primeras palabras de Alfredo.

Más adelante Carretero consideró ser "un tipo de suerte" ya que tuvo a su lado "gente realmente espectacular como Francisco Alabart, Héctor Piccirillo, Armando Miguel, Alfredo Iroz, Alzuelta, muchos que nos marcaron cuando éramos muy jóvenes".

"Cuando volví del campo Francisco me dijo que yo iba a ser presidente del Comité y me pidió dos cosas: que abriera las puertas para que todos los que se habían ido volvieran al partido y que tratáramos de lograr la unidad. En eso estamos, hacemos el mayor esfuerzo para lograr la unidad del partido y si cumplimos esos dos cometidos será el mejor homenaje que yo le pueda hacer a Quico Alabart", terminó el Carretero.

Luego Julio Ruiz tomó la palabra, "con Quico tuve una relación prácticamente desde que llegué a Bolívar, éramos vecinos y cuando mi papá enfermó el primero que se acercó fue él. En su casa daba sensación de seguridad, de familia, de contención y hasta de pertenencia, y no era mi familia, es la que yo desde el cariño elegí. Quico fue uno de los que me formó en política y aprendí mucho de él", dijo.

Ruiz puso de manifiesto su gran admiración hacia Alabart, "a Quico no le conocí gestos de bronca o de venganza contra otros porque fueran peronistas, trató de ser ecuánime porque era un demócrata y aceptaba que la gente pensara distinto, el límite era no agredir al otro, respetarlo como persona, no transformar un tema político en uno personal. Eso da la magnitud de la grandeza de un tipo, a Quico se le deben cosas que hoy nadie se acuerda, pero él fue uno de los propulsores del paso de la Cooperativa Eléctrica a lo que es hoy, de la creación de una comisión vial municipal, fue el promotor del plan de pavimentación junto con el cura Francisco, Quico estaba en todas y además laburaba y mantenía a su familia.

Él no se daba el lujo de mostrar lo que no tenía porque tenía el don de la humildad y a eso le sumamos que durante toda su vida laburó como un burro y que no murió nadando en guita, porque no afanó un mango nunca. A mí me dejo las reglas básicas que me explicaron con el ejemplo lo que es ser radical, por eso este homenaje es más que merecido", agregó el profesor y se fundió en un abrazo con los hijos de Francisco, a quienes considera sus hermanos.

Por último Jorge fue quien, en nombre de la familia Alabart, agradeció la distinción de su padre. "Lo que rescato del viejo es su visión de qué cosa es hacer política, que lo puedo resumir como la actividad más noble del ser humano, la más importante. Cuando la política se hace bien, desde cualquier ideología que sea, se está entregando para los demás sin importar quiénes son y de dónde vienen. Esto es lo que aprendí de mi padre y ojalá de alguna manera puedan continuar por esta senda, porque es la única posibilidad de que la política pueda brindarnos la unidad que el viejo siempre nos pedía".

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