Daniel MuchnikEnsayista
Los ansiolíticos son unos de los remedios más vendidos en la Argentina.
La ansiedad, en la consideración médica nacional, es generada por la tensión laboral o la falta de trabajo, o las dificultades de pareja o la enfermedad de un ser querido o la imprevisibilidad. La ansiedad está unida a la imprevisibilidad; es una patología de una parte considerable de la sociedad.
¿Pero estas cargas de angustia pueden ser frenadas?. Sí, consideran los expertos, siempre y cuando se tomen los recaudos suficientes. ¿Es un mal de estos tiempos o ya viene de arrastre? La historia nacional demuestra que la imprevisibilidad, es constante y los salvavidas que se usaron no sirvieron.
El reciente fin de año pasado fue una muestra de lo que nos preocupa. No hubo nafta. Largas colas, pocas explicaciones de las empresas de combustibles, protestas, importantes titulares en diarios y en noticieros. Sólo se alcanzó a decir que había mucha demanda. Es cierto, el parque automotor ha crecido muchísimo en los últimos años y en el 2010 mucho más. ¿Pero no se pudo haber previsto ese incremento del pedido de los automovilistas? La protesta de la gente no fue suficiente: se agregó el deseo compulsivo de muchos de tener siempre el tanque de nafta lleno, esperar una hora para cargar 10 litros.
En el reino de la imprevisibilidad de lo que no se habló es que el país tiene la misma cantidad de destilerías de hace 20 años. Pero una cantidad de vehículos varias veces mayor que la que se registraba en 1990.
Las destilerías no dieron abasto. ¿Pero por qué no se tomaron previsiones? ¿En los últimos veinte años las inversiones en destilerías fueron escasas? La lógica consecuencia es que en un momento en el que finalizan las clases y comienzan las vacaciones los vehículos reclamarían combustible. ¿Por qué no intervino oportunamente el Estado, por qué no se protegió, oficialmente, la canalización de recursos privados para ampliar equipos e instalaciones? Rumores y sospechas tiñeron de especulación la ausencia de combustibles: se dijo que las empresas abastecedoras presionaban para conseguir nuevos y renovados incrementos en los precios. Pero lo único cierto en ésta oportunidad, lo único que importó fue el achicamiento de la infraestructura de provisión.
El Estado tiene que tomar partido en ese negocio, que para estacioneros y alguna que otra empresa ha dejado de serlo. Las compañías deben tener márgenes de ganancia fijados con participación oficial y coherente con la realidad del mercado.
Otro ejemplo de imprevisibilidad: los cortes de luz. Hubo barrios sin energía varios días, con todo tipo imaginable de perjuicios. Ahora el gobierno amenaza a las distribuidoras con altas multas y a Edesur, compañía en manos italianas, con quitarle la concesión. La única verdad es que la infraestructura de abastecimiento es frágil y no hubo inversiones que ampliaran su capacidad y fortaleza. Una ola de calor más la negligencia de las empresas o de sus ejecutivos trajo la oscuridad y un grave sofocón a gran parte de la ciudad. ¿Pero el Estado no tomó precauciones? Los especialistas argumentan que durante años el descuido fue grande y el congelamiento de las tarifas potenció los problemas ya históricos. ¿Quién pagó las consecuencias? El ciudadano.
Si un gobierno no genera certezas, la imprevisibilidad gana todas las batallas.
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