La importancia de fortalecer lo previsible

La importancia de fortalecer lo previsible
Finalmente, Daniel Scioli cambió el discurso de rutina para afirmar algo que constituirá una base importante para su imagen y sus futuras acciones políticas. Explícitamente, y esto es lo importante, admitió la posibilidad de que la presidenta Cristina Fernández intente su reelección.
Sin embargo, paga cierto costo político. El gobernador fue el último en dar un respaldo político a esa posibilidad en recientes declaraciones públicas. Cuando la lealtad que tanto se declama no se practica en esos momentos claves, se reproducen las suspicacias.

Todo sugiere que acusó recibo de una presión que le obligaba a un pronunciamiento. Por un lado, el humor social de dirigentes partidarios que amenazaban con pintarse la cara e intimarlo a jugar una carta sobre la mesa.

Aparecían tal vez fórmulas de alquimia electoral, como la posibilidad de que en la Provincia aparecieran uno o varios sublemas del denominado "kirchnerismo puro", que podían restarle a Scioli pero sumarle a la formula nacional encabezada por Cristina. En un principio se había hablado del diputado nacional Martín Sabattela y de alguien más cercano como el intendente de Quilmes, Francisco Gutiérrez.

Desde la denominada "opinión pública" hay una marea favorable para que Scioli repita su perfomance en la Provincia. Pero la duda permanente también juega en contra. Aparece en el horizonte del fantasma de lo ocurrido con Francisco De Narváez y su terreno perdido a causa de su coqueteo entre la candidatura a gobernador y la presidencial. Eso le costó entre 10 y 15 puntos de intención de voto.

Las confirmaciones de la apuesta por la reelección surgieron tras una reunión reservada entre Presidenta y gobernador, en la cual Cristina supuestamente le anticipó a Scioli una intención por un período presidencial adicional que será anunciado en marzo.

¿Se despejarán así viejas dudas sobre un supuesto doble juego de Scioli? Por lo pronto, un sector del kirchnerismo desliza en más de una conversación que seguirán vigilando muy de cerca los pasos del gobernador, ante la posibilidad de nuevas señales que impliquen un cambio de timón en este recorrido.

Ese sector parece competir con aquella energía que dejó el ex presidente allá por octubre del año pasado. Intenta armarle algunos libretos de gestión, pero no avanzan con sus objetivos. Fue muy fuerte el comentario en las últimas semanas de un intento para forzar al gobernador a cambiar el rumbo en materia de Seguridad, modificando estructuras y nombres en esa cartera, pero todo resultó fallido.

Scioli, no se sabe si intencional o naturalmente, empezó a jugar aquél "despegue" que le había sido bloqueado alguna vez desde la Casa Rosada.

Pero, a diferencia del intento de 2009, esta nueva versión apunta a mostrar un matiz fortalecido de kirchnerismo para convertir a Scioli en el principal lugarteniente del proyecto nacional.

Tal vez el rol de lugarteniente ya haya virado al de una suerte de director asociado el proyecto, aunque no sea justamente él un padre de la criatura. En todo caso fue un huésped privilegiado en un ambiente que se forjó por obra de otros protagonistas.

En este contexto, será importante ver en las próximas semanas si Cristina le comunicó esta decisión a Scioli por una razón de decoro o en el marco de una negociación que podría tener otras aristas.

En ese caso, todo se podrá percibir a partir de cómo se eligen las fórmulas a nivel nacional y provincial. En este último caso, habrá que observar si Cristina puede o no ejercer poder de veto sobre algún candidato a vice que no sea de su agrado.

También la conformación de listas para cargos legislativos dejarán traslucir si finalmente el sciolismo puede incorporar una mayor proporción de leales puros, categoría en la cual se anotan, por el momento, funcionarios provinciales, como es lógico, y un puñado de representantes parlamentarios.

En principio, se viene un horizonte donde Scioli tiene más para ganar que para perder. Esto es porque, por más importante que sea el cargo que ostenta, no tiene una sólida base territorial. Y muchos dirigentes, funcionarios e intendentes empiezan a ver la variante de ser kirchneristas vía el sciolismo, lo cual no es un dato menor.

Si se da esta hipótesis de crecimiento interno, último requisito del examen para el sciolismo, esto puede generar un nuevo cuadro del denominado proyecto nacional. Una verdadera puja de intereses entre ortodoxos y heterodoxos o seguidores de Scioli que, a su vez, provocará un estado de encorsetamiento. Esto es una fuerte contención de una salvaje disputa por espacios de poder por debajo de los principales referentes.

El tema pasa porque la sangre no llegue al río. Tanto Cristina y Scioli, que ya perciben el triunfo aún a varios meses de los comicios, no van a permitir que un excesivo clima deliberativo tenga sus ecos de resonancia fuera de los espacios partidarios.

Será ese un esquema que podría percibirse a partir de marzo, cuando se blanqueen las intenciones electorales. Y comience la campaña a pleno.

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