El sacerdote acusado de haber abusado sexualmente de menores en el Seminario de Paraná habló por primera vez del caso. Lo hizo ante el diario Perfil y por correo electrónico. Afirmó que las víctimas armaron “un complot” en su contra y que tienen “intereses económicos”.
En una entrevista que concedió vía correo electrónico al diario Perfil, Ilarraz dijo que es “inocente”, redujo el accionar de los siete seminaristas que lo acusaron en los tribunales entrerrianos a “un complot” en su contra con fines “económicos” y los acusó de haber creado “la figura de un monstruo”, figuró.
“Cuando se realiza una acusación, puede haber una multiplicidad de facetas o intereses para realizarla. Puede moverlos el odio, la venganza o los intereses económicos, entre otros”, dijo el cura que asegura estar en Tucumán, su lugar de residencia desde 1997, adonde recaló después de que el entonces arzobispo Estanislao Karlic le impusiera una prohibición de regresar a Paraná, tras la investigación interna que hizo la Iglesia por los abusos denunciados por un grupo de seminaristas.
Intermediario. La entrevista fue realizada por la periodista Nadia Galan, quien explicó que el sacerdote respondió una serie de preguntas pero no todas las que se le enviaron a la casilla de correo de su abogado defensor, Jorge Muñoz, luego de varios meses de gestión. Lo que sigue son las preguntas y respuestas de Ilarraz.
–¿Se siente responsable de algo?
–Es tremendo lo que armaron estos tipos. Desde que el seminario era un campo de concentración, que comían comida en mal estado, que no tenían libertad, que había todo tipo de práctica personal y comunitaria de abusos repetidos y corrupción a cielo abierto. Es impensable que alguien pueda creer en algo de todo esto, y que haya habido tanta impunidad. Fui reconocido y apreciado por muchísimos seminaristas en los años vividos en el seminario como en los posteriores a mi partida del mismo. El perfil de un pedófilo, dice la ciencia, se lo reconoce en sus hechos y perdura en el tiempo. O sea, no se cura.
–¿Qué piensa del abuso sexual a menores en manos de un sacerdote?
–Cualquier tipo de abuso es una aberración. Pero mucho más cuando hablamos de menores y más aún cuando nos referimos a un educador o a un religioso. Ninguno, en sus cabales normales, podrá decir una cosa contraria. Es un delito aberrante.
–¿Los seminaristas, cuando estaban bajo su supervisión, acostumbraban ingresar a su cuarto?
–Todos los sacerdotes del seminario teníamos dos habitaciones, un escritorio y un dormitorio. Eso quedó muy claro en el testimonio de todos los que pasaron. O sea que el sitio adonde ellos iban era al escritorio donde se hacían reuniones organizativas, lugar donde encontraban al sacerdote para cualquier tipo de consulta. Los denunciantes sitúan tanto este espacio como los dormitorios donde dormían los 50 seminaristas y también la batería de baños al final del pabellón. Hasta dijeron que me paseaba desnudo por dichos pabellones comunitarios. En el expediente quedó claro que ninguno de los 30 testigos me vio ni desnudo, ni en ropa interior, ni en ninguna situación extraña. Es una falacia decir todo esto y así querer crear la imagen de un monstruo, de un enfermo, que esperaba “los últimos cuatro o cinco que salían de la ducha para secarlos con la toallita”, como diría un denunciante.
–¿Es culpable o inocente?
–Me dijo una señora el año pasado: “Padre usted no tiene que defender su inocencia. Son sus obras y sus años de servicio sacerdotal que atestiguan por usted”. Esta frase me llenó de consuelo y fortaleza. Me conocen hace casi 20 años por esta provincia, siempre cercano a la gente. Pero para que quede muy claro: soy inocente. Además desde el principio mis abogados se encargaron de repetirlo desde el primer momento. Ni la Justicia ha tenido pruebas para incriminarme; ni siquiera los casi 30 testigos que pasaron por el juzgado dijeron algo desfavorable. Por donde me muevo la gente me saluda, me abraza y comparte mi dolor.
Un asunto pendiente
La Sala II de la Cámara del Crimen de Paraná resolverá después de la feria sobre la nulidad de la prescripción dispuesta por el Superior Tribunal de Justicia (STJ) en la causa contra Ilarraz por abusos a menores en el Seminario de Paraná.
A fines de noviembre, el alto cuerpo anuló la resolución que declaraba la prescripción de la acción penal por el paso del tiempo, por entender que fueron siete las denuncias que se le imputaron al sacerdote, pero la Sala I sólo emitió opinión sobre dos de ellas y evitó abrir juicio sobre las cinco restantes.
La Procuración y la querella sostuvieron que resultaba injusto que se cierre la causa Ilarraz por dos hechos sin investigar los cincos restantes y en ello coincidió la Sala Penal del STJ.
Ahora, los jueces Marcela Davite, Marcela Badano y Ricardo Bonazzola deberán expedirse nuevamente sobre esta cuestión.
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