A 40 años del golpe cívico militar, Nicolás “Quino” Luna repasó aspectos de la militancia de los 70 de la que formó parte. Además de analizar el accionar represivo, se refirió a la concepción que guió al sector que detentó el poder político local.
Nicolás "Quino" Luna fue militante en la década del 70. Víctima de la represión que comenzó a desplegarse incluso previo al golpe de Estado, con el retorno de la democracia se sumó a la lucha de organismos de derechos humanos locales y acompaña, desde un trabajo de investigación sobre lo ocurrido especialmente en la zona oeste, distintas causas judiciales abiertas. En diálogo con este medio, repasó aspectos de la militancia y consideraciones vinculadas al plan de secuestros y desapariciones orquestado por el Regimiento 6 de Mercedes. También se refirió al poder político local de aquellos años.
-¿Cómo caracterizaría a la militancia popular de los 70 en Luján?
-Los 60 fue el momento de las juventudes, por distintas razones. En Europa eran los hijos de los muertos en la guerra y veían que querían hacer un mundo distinto al anterior. En América eso tenía otro sentido. La Iglesia también participaba de eso, donde se discutía si se pretendía continuar la Iglesia del poder o una Iglesia de los pobres. Eran cosas muy fuertes para esa época. La militancia en Luján no fue ni tan numerosa ni tan jacobina, pero sí fue un emergente de todo eso. Fue expresión de una búsqueda de sintetizar esa necesidad de cambio, incluso desde lo micro, desde las relaciones. Yo empecé a salir al centro de saco y corbata, y casi dos años después andábamos de jeans y remeras. Queríamos cambiar ese tipo de relaciones, esas autoridades paternas, esas autoridades escolares o eclesiásticas. La militancia era un emergente de todo eso, era hija de una época. Había una idea de cambio.
-¿Cuál era el perfil de esos militantes?
-El perfil era diverso. Era una militancia pública, gente que nos conocíamos de distintos ámbitos. Lo común era el compromiso con la época. Si era una época de cambio, sentíamos que éramos nosotros los que teníamos que hacer el cambio. Esa era la vocación. Se hacían acciones de propaganda y presencia territorial. Se trabajaba en sociedades de fomento, generando consensos.
DICTADURA Y CIVILES
-¿Qué análisis hace de lo ocurrido en el nivel político local una vez consumado el golpe? ¿Cuál fue la situación del entonces intendente Humberto De Lucía que continuó en el cargo algunas semanas más?
-Conversé con mucha gente de eso. De Lucía era una persona de bien, seria, responsable. Se sabía que no tenía ningún compromiso político con sectores que eran objetivos de los militares. Creo que muchas fuerzas vivas opinaban a favor de De Lucía. Por eso no consideraban necesario sacarlo inmediatamente. Algunos sectores de la sociedad civil, en cambio, pensaron que era mejor reemplazar a De Lucía porque era peronista. Y había gente que tenía ambiciones de poder, esa derecha "iluminada" que siempre pensó que nacieron para mandar, tener buenas ideas y hacer el bien. La historia los terminó dejando pegados a la dictadura porque eligieron mal.
-En esa referencia última que hace a la Unión Vecinal, ¿cree que además de "elegir mal" existían coincidencias ideológicas con el proceso abierto por los militares?
-Ese sector tenía una extracción desarrollista. La coincidencia ideológica era el autoritarismo y ese "iluminismo". La opción política que jugaron fue recuperar el control del Municipio. Ellos planteaban que la gestión de De Lucía había sido desordenada porque participaban jóvenes, se trabajaba con los barrios, tenía otros códigos de funcionamiento basados en el compañerismo y no en el autoritarismo. Creo que sabían lo que estaban eligiendo y les pareció que no iba a tener reproche social.
-¿Esa elección los convierte en qué?
-En cadáveres políticos. Pero lo que sigue permanente es la ideología. Lo vemos en funcionarios de "veintipico" de años que siguen con actitudes de la dictadura, maltratando al personal, considerándose superiores al personal, desde una condición angelical de que ellos no son políticos y que además son buenos, y que está bien porque ellos vienen a renovar, a disciplinar. Ese es un mensaje autoritario. Se cambian los actores políticos, pero sigue la ideología. Estos pibes son más para la década del 60, con Onganía, que para ahora, porque lo que antes no se notaba, ahora sí.
-¿Usted se refiere a funcionarios actuales de la gestión municipal?
-Me refiero a funcionarios actuales, puntualmente al subdirector de Juventud (Juan Pablo Merea), un tipo que se anima a ir a tapar un mural de las Madres y a decir que nadie le pone límites. Está fuera de época, y tendría que estar fuera del gobierno. Decir que la Unión Vecinal de aquella época es lo mismo que la actual, es incorrecto, aunque tiene muchas cosas iguales. La ideología que la sustenta es la misma, aunque cambien algunos modales y se atenúen aspectos. La estructura es la misma.
-¿Considera correcto el calificativo de "colaboracionistas" que muchos le otorgan a la Unión Vecinal por su accionar durante la dictadura?
-Es el término correcto. Eran actores de reparto en el proceso ideológico y político, pero actores necesarios. Eran los que, de alguna manera, gestionaban el consenso social. Y eso fue una colaboración.
-¿Cómo se aplicó el terrorismo de Estado en Luján a cargo del Regimiento 6 de Mercedes?
-Está claro que se trató de un mecanismo de tortura y delación sistemático. Por eso no importaba hacer 40 operativos y torturar a 40 tipos para agarrar a uno más o menos importante. La caída de la Juventud Guevarista en Luján está enhebrada con 40 casos que empezaron con gente en Moreno y terminó en el partido de San Martín con la caída de una imprenta. Todo en el transcurso de un mes, durante junio y julio de 1976. Esto fue un plan sistemático. El grupo de la Juventud Peronista cayó unos meses después.
-¿Qué situaciones locales están en proceso judicial?
-Lo que hay judicializado vinculado a Luján es la causa de la Juventud Guevarista, que abarca la zona oeste. Se avanzó. Por empezar se pudo reconstruir la historia de todos esos secuestros. Fue una sucesión de secuestros, con 48 horas de diferencia en algunos casos. Cuando llegan a la imprenta de San Martín, al único que había sobrevivido lo mataron en la calle. Ahí se cortó la sucesión de secuestros. Se avanzó porque se juntó mucha información, con muchos testigos y familiares. Eso involucra al Regimiento 6. De los operativos de secuestros participaban militares y colimbas. Incluso el testimonio de colimbas resulta muy importante.
-¿Qué pasaba con el vecindario ante los allanamientos y secuestros?
-Había algunas muestras de solidaridad. Gente amiga o familiares que iban a la Comisaría a preguntar por personas desaparecidas. Pero muchas veces implicaba amenazas. En general había tanto miedo que no se quería ni hablar. La dictadura funcionó integralmente en la sociedad y costó mucho trabajo revertir la situación, hasta donde se pudo revertir.
-Por tratarse de un poeta que no militaba orgánicamente en ninguna organización política, ¿cree que el caso de Dardo Dorronzoro resulta emblemático en esto de pensar que el accionar militar fue mucho más allá del intento de destruir tal o cual organización política?
-Al igual que Isidoro González, Dardo era un tipo pensante. Y pensaban en contra de un statu quo. Había una sociedad muy conservadora, y expresarte en contra de eso te convertía, por lo menos, en alguien para no frecuentar. Isidoro y Dardo eran personas inteligentes y pensantes, por eso aparecían como sujetos peligrosos. Y si a ese conservadurismo de la sociedad le sumás el miedo, te encontrás con maestros que 30 años después no querían hablar del tema en las escuelas por temor a lo que pudieran decir los padres, aunque en realidad tampoco querían hacerlo. No hay que olvidarse de que hoy algunos comparten que a los "negros" hay que tratarlos de otra forma. Se sigue reproduciendo esa matriz autoritaria.
-¿Cuál es el balance que dejan décadas de reclamo por Memoria, Verdad y Justicia?
-Los organismos de derechos humanos, luego con más apoyo popular, fueron terminando con el miedo, con esta idea del "no te metás". Los mismos gobiernos que vinieron después tuvieron que tomar esa lucha. Alfonsín tuvo que hacer los juicios porque no podía sostener, con criterio democrático, dejar impune todo lo que se cometió. Lo hizo hasta donde pudo. Menem eliminó esas amenazas de golpes dándoles todo en bandeja mediante los indultos. Pero aún así no pudo indultar el robo de bebés. Creo que el costo fue muy alto, pero la resistencia y el trabajo de los organismos fue monumental. Por eso creo que hoy Macri no va a poder hacer retroceder tanto las cosas. Puede desmantelar equipos institucionales de investigación, pero no puede parar los juicios porque el pueblo tiene un capital político propio y distintivo a nivel internacional. Se pueden demorar los juicios, pero ya es un capital político de la sociedad. Me parece que hay una toma de conciencia, especialmente en los más jóvenes, que han tomado muy en serio la política de derechos humanos. Todas las actividades que se hacen cuentan con público. Por eso creo que se ha progresado mucho y no se va a poder revertir.
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