Por: Jorge Oviedo.Si Cristina Kirchner piensa acordar una estrategia legislativa para hacer desaparecer la carga que representa el distorsivo impuesto al cheque sobre la economía argentina, podría estar tomando una de las más positivas iniciativas económicas de toda su gestión.
La gran pregunta es si puede la Presidenta derogar el impuesto. Es difícil encontrar argumentos legales a favor. Pero ocurre que la actual ley del cheque vence en diciembre de 2011, según recuerdan especialistas como Nadin Argañaraz, director del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf). Sin embargo, no parece sencillo deshacerse de un plumazo de un tributo que aporta dos puntos del PBI a las arcas oficiales.
Argañaraz, como otros economistas, cree que lo mejor sería que el tributo volviera a ser, como cuando nació, durante el gobierno de la Alianza, un pago a cuenta del impuesto a las ganancias. Para los que estaban en blanco, el efecto era cero. La idea era capturar parte de la economía en negro. Argañaraz, como otros, propone volver a un sistema similar.
Parece difícil hacerlo de un solo golpe. Lo ideal sería que gradualmente fuera haciéndose descontable de Ganancias. Argañaraz propone que sea en cinco años.
De este modo, la discusión política sobre la ley sería sobre la distribución del gravamen y de la gradual transformación en algo que no sería estrictamente una imposición, sino un modo de capturar parte de lo que mueve la economía informal.
Estrategia antievasión
¿Podría ser exitosa una medida así? Para la economía formal sería un gran alivio de costos. Y, en teoría, casi todo lo que se dejara de recaudar por la imposición a los créditos y débitos en cuenta corriente se podría obtener por el impuesto a las ganancias. Claro que lo primero que ocurriría sería una caída de la recaudación, que debería financiarse con otros ingresos, o con deuda o reducciones de gastos.
Para que sea una medida antievasión eficiente, habría que hacer también algunos ajustes. Argañaraz recuerda que luego de una situación dura tanto tiempo, aunque sea distorsiva, los actores económicos se adecuan a ella. Es lo que los economistas llaman histéresis, tomando prestado un término de la física.
Es evidente que una porción no despreciable de la economía informal se acostumbró en los nueve años que lleva en vigor el impuesto a moverse en efectivo para burlarlo. Conseguir el blanqueo para compensar la desaparición de la imposición efectiva sería una tarea adicional y necesaria.
Mucho mejor todavía sería que la discusión fuera el puntapié inicial para una reforma fiscal integral, que no sólo tuviera en la mira el reparto de los actuales tributos, muchos de los cuales son bastante dañinos, por naturaleza o por nivel de presión.
Menos feliz sería, por supuesto, que el actual gobierno amenazara con no apoyar la renovación del tributo en 2011, simplemente como una estrategia para desalentar a quienes quieren quitar a la Nación parte de lo que hoy obtiene para entregarlo a las provincias.

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