El sábado comenzó el tradicional desentierro en los mojones de cada comparsa a partir de las 18, momento en que también la lluvia desde hace más de un mes no cesa por su intensidad, tampoco quiso estar ausente, por lo que se sumó al emotivo y alegre festejo, el que se produjo, tanto en las zonas urbanas y rurales.
Y la comunidad de Pukara, recién el domingo tuvo su desentierro, un día después del acontecimiento general que se vive en todas las zonas urbanas. “Y lo hacemos para darles tiempo para que lleguen los familiares y también para no chocar con las comunidades vecinas. Ahora comenzamos y vamos a ser los primeros en enterrar al diablo, el próximo miércoles. Tenemos cuatro días de festejo continuo y nada más.
Si queremos seguir nos vamos a los pueblos vecinos”, comentaba un pukareño, muy entusiasmado con los preparativos de la gran celebración carnetolendas. Talco, serpentina, flores, albahaca y mucha espuma, son los elementos de la divetida convocatoria en la que los niños son los principales actores por el abierto espacio campestre.
Don Silvano Mamaní, presidente de la comparsa Los Corazones Alegres de Pukara, junto a su esposa, sus hijos y sobrinos, fueron los anfitriones en su domicilio donde recibió a todos los presentes con un sabroso asado de cordero, mote hervido con queso y papas andinas como plato principal, de segundo plato, sopa de cabeza, hervida. Y para regar el exquisito plato, abundante chicha mukeada, la que circulaba de jarra en jarra. A partir de las 14, se sacaron a relucir las banderas de los años anteriores y las mismas fueron a ornamentar el salón bailable, donde en horas de la noche y tras las invitaciones, los carnavaleros y carnavaleras darán rienda suelta a su alegría, hasta las seis del amanecer siguiente.
En el mojón, el primer paso es la challada del mismo a cargo de las autoridades de la comparsa y luego los padrinos y madrinas de los demás servicios con que se colabora para brillante edición del mismo. Mucha bebida, papel picado, talco y serpentina se colocan a todos los que rinden homenaje al momo, responsable de desatar la diversión a raudales. Mientras esto acontecía en el predio de festejo en los alrededores comenzaron a tocar las bandas de música contratadas especialmente para la ocasión y los copleros y copleras con algún erkencho y anata, dispuestos a hacer bailar el “chulla patita” a todos los convocados.
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