Los "50 héroes", frontera entre la esperanza y la catástrofe

TOKIO.- Sin quererlo, la compañía eléctrica japonesa Tepco, que controla la planta nuclear de Fukushima, ungió como héroes de Japón a 50 ingenieros que, parados al borde del abismo nuclear, intentan contener la letal fuga radiactiva que liberaría un nuevo infierno atómico en la isla, como ocurrió con los bombardeos de agosto de 1945.

Luego de que fueran evacuados los 800 operarios de la planta de Fukushima, este reducido grupo de ingenieros se convirtió en la última brigada que emprenderá un desesperado intento de mantener los núcleos de los tres reactores comprometidos a un nivel de refrigeración adecuado mediante el constante bombeo de agua de mar.

La identidad de los trabajadores hasta ayer era un misterio. La Tokyo Electric Power Company se había negado a brindar detalles de los integrantes de ese grupo que hicieron honor a una de las tradiciones culturales de Japón, como lo es el autosacrificio.

Inmediatamente, y por asociación, los recuerdos vuelan a 1986, cuando los denominados "liquidadores" de Chernobyl pelearon durante semanas para apagar el incendio de uno de los reactores y varias más para limpiar los rastros radiactivos que había dejado la explosión del peor desastre nuclear de la historia. Entonces, por esa planta de Ucrania pasaron unas 800.000 personas. Miles de ellas murieron a causa de los efectos de la radiactividad.

Se cree que no será el caso de estos 50 japoneses que están mejor preparados y equipados respecto de los rudimentarios trajes soviéticos, inservibles al momento de impedir el paso de la radiación.

Además, estos trabajadores se encuentran altamente capacitados, ya que son expertos en el manejo de barras de uranio y plutonio y dentro de sus conocimientos se encuentran los protocolos por seguir durante el sellado de un reactor.

Se sabe también que entre esos hombres hay varios que una vez al año, protegidos con trajes especiales, ingresan en el reactor para hacer los chequeos rutinarios de seguridad durante un mes. Esos equipos les permiten acercarse a unos cinco metros del núcleo, que puede alcanzar temperaturas de 2000 grados.

Sin embargo, el riesgo para la salud de los trabajadores de Fukushima es mucho mayor, ya que habitualmente antes de ingresar en el reactor se deja que se enfríe. Entre las tareas que deberán realizar se encuentran inyectar agua a presión dentro de la vasija del reactor para refrigerar y cubrir todo lo posible el núcleo; refrigerar externamente la vasija del reactor; purgarlo cuando exceda la presión límite y vigilar la concentración de hidrógeno, y someterse a turnos para mantenerse dentro de los límites aceptables de exposición de cada uno de ellos.

Fukushima, donde esos anónimos héroes viven, era ayer una ciudad fantasma, sin agua corriente, combustible o ser humano alguno que recorriera sus calles. Los pocos que quedan permanecen en sus casas.

El resto de sus compatriotas se mantiene expectante ante el trabajo del grupo, la última línea de defensa ante otra catástrofe nuclear en Japón.

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